ESTAR TRISTE. Por Lina Zerón

Desgarro mi sombra para no llorar,
para no salir desnuda a las calles
a pintar de negro el arco iris,
o anudar las nubes en el muelle del olvido.

He atado los sentimientos con cuerda de violines,
y sustraído el reflejo que guarda la arena
para mirar las estrellas del engaño.

Los buitres del odio graznan
entre la niebla y la montaña.
Reclamo al amanecer este dolor,
extraigo la piedra de la locura.

Desfallecer gota a gota,
día a día,
presa de la angustia.

Estar triste,
estar triste,
es decir, Estar.

Romper el silencio,
ser el silencio.
   Esta soy yo.

Anochece sin él
y he perdido la mirada,
he perdido la palabra.
No sé volver.

Pienso en las noches de amor
espacio dónde cabía el mundo.
Espejismo
de lo que no era,
lo que no se entiende,
doloroso reflejo de la nada
que sujeta el alma y la domina,
que ensombrece la vida y la disturba,
que trastoca y la vuelve al revés.

Hoy estoy tan epidermis,
estremecida lágrima formada de nostalgia,
voluntad clavada a un nombre,
el suyo,
el suyo,
soñándolo en mil noches.

Me sangro la lengua para no hablarle
le niego mi historia de papeles amarillos,
le oculto el tiempo que corroe las heridas,
aquellas que nos dejan más cerca del infierno
más lejos de aquel instante dónde cabía todo el amor.

¿¡Porqué no nos abrazamos una tarde de lluvia,
porqué no buscamos la oscuridad para besarnos!?,

No comprendimos que esto no era un juego
y que la vida estaba escrita
       desde siempre.

Etérea cúpula del aire,
techumbre de cielo,
rumor de otras noches
cuando la lengua buscaba
el temblor entre las piernas,

No, ya no quiero recordar.
no quiero sentir más la serpiente del odio
enroscada en la garganta. 

 

 
 
 
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