Jorge Mereta 

Nació en Montevideo, Uruguay, 1940. Ha sido merecedor de varios premios del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay, un premio obtenido en España, otro en Francia. Ha publicado más de una veintena de títulos de poesía entre los que destacan Ultima Voluntad (1989, Premio Angarro, Sevilla); Todo el Adiós (1992, Primer Premio Poesía Édita, Ministerio de Educación y Cultura, Montevideo); Laberinto Clave (1993, Primer Premio de Poesía Inédita, Ministerio de Educación y Cultura, Montevideo), Seis poemas (1998, Premio Internacional La Porte de Poètes –Ed. Bilingüe-París), El Sobrante del Humo (2000, Antología poética, Montevideo), Emboscada de Piedra (2002, Buenos Aires) Cosas de Casa (2002, Buenos Aires) y Código Mayor (2002, Buenos Aires).

 

BAJO ÉSTE ÁRBOL

 

Bajo este árbol quiero sepultura

y en  ningún otro. Aquí, desmemoriado

de una infancia que siempre me ha llevado

desde un pezón a otro a la locura.

 

En este tronco reza la escritura

de un hombre que una flecha ha atravesado;

telarañas, hormigas y un gastado

tórax de savia y niebla amarga y dura.

 

Sé que este árbol quedará aquí erguido

bajo sus alas verdes, perseguido

por ráfagas de otoño tan violentas

 

que aprenderé su lengua de raíces

cuando mis huesos sean cicatrices

de una vida de espadas y tormentas.

 

LAS MALAS PALABRAS

 

Hay palabras

como adiós, silencio, olvido,

que huelen a difunto reciente

a quien todos los deudos le han faltado;

y deberíamos llorar por ellas

a la luz de una vela

dibujando la sombra de sus cuerpos

y enterrarlas.

 

Pero ellas siempre acechan en una taza de té,

y lo beberemos

pidiendo otra vez que nos visiten.

 

 

 

De Escritos en Casa

 

I

 

La abuela husmeaba el negro entre sus trapos

y cortaba cebollas y lloraba a solas

desde antes de nacer

con un llanto que aún vive en la cocina.

 

Curvada como un párpado con sueño

sobre una vieja tabla a tumbos sigue

entre sus tercas grietas repartiendo

el mismo golpe, un solo llanto, un hueco.

 

Ella está allí y no la vemos;

ella se ha ido y vuelve siempre

cuando el viento corta oscuras cebollas

desde el cielo

sobre la dura tabla de la tierra.

y si hacemos silencio la escuchamos.

 

Y nos quedamos a llorar con ella.

 

 

II

 

El abuelo volaba en su paraguas

Y la lluvia golpeaba en los oídos

El derrumbe del cielo. Y sonreía.

 

Nunca dejó que nadie le llevara

Su compañero en tantas tempestades;

Y lo volvía siempre a su rincón

Goteando sucia nube hasta secarlo.

 

El abuelo hoy se ha ido y ya no vuelve.

 

Pero el paraguas sigue en aquel patio

Y hay que dejarlo allí porque es posible

Que regrese un invierno y ya no tenga

Con qué cubrir su sombra y  llueve siempre;

Debe seguir allí donde reposa

En un rincón aunque no espere a nadie

Con sus alas plegadas navegando

Cisne de luto el polvo de la tarde.

 

 

 

PAYASO

 

Arde el rojo y su brasa quema, pesa,

Pero en el rostro del payaso espía

Por un ojo suicida la alegría,

Con un golpe asesino la tristeza.

 

El conversa, delira, se tropieza

Y el rojo en las mejillas se vacía.

Y es un charco de risas su agonía

Y una nube herrumbrada la cabeza.

 

Después todo retorna a sus moradas

Hasta que vuelvan a vivir las gradas

Con el viejo payaso, de tal suerte

 

Que de noche la arena está de fiesta.

Y allí está el rojo con su sombra puesta

En sus labios, pirueta de la muerte.

 

 

                                               Del libro: “El Sobrante del Humo”