Entrevista con Roberto López Moreno
Por Lina Zerón
El pasado sábado 25 de marzo se presentó el más reciente poemario “Ábrara” del escritor Roberto López Moreno en el marco del I Encuentro de Escritores e Investigadores en homenaje a “Jaime Sabines”, en la Universidad Autónoma de Chiapas. El poeta, fue distinguido con el Premio Chiapas en 2001. Roberto López Moreno (Huixtla, Chiapas 1942) ha sido colaborador en casi todos los periódicos que publican suplementos culturales en la ciudad de México y ha escrito más de 30 títulos entre poesía, ensayo y prosa, así como grabado varios discos de música compuesta por el. Su obra se encuentra traducida a varios idiomas entre ellos el macedonio.
-¿Cómo surge el nombre de Ábrara?
-Así, iniciando con lo que va a ser el inicio de lo que va a ser el inicio de lo que va a ser… Ábrara es un término creado por mí para darle nominación a una idea que quiere hurgar en el inicio de los inicios, Ábrara es lo que abre la esencia destinada a abrir en el impulso dialéctico de la materia; el principio del principio que además debe tener, como todo, un principio, y más allá, en el principio de ese principio es que palpita el significado de Ábrara, el segundo antes del segundo, el hálito antes del hálito, cipactli del cipactli (la aurora), la chispa con la que se inicio la chispa con la que se abrió, espacio ensanchándose, el big bang. La idea la tengo aquí, girando en la mente, pero siempre que la he querido explicar sin recurrir a la simple palabra de Ábrara me meto en graves problemas y me enredó en confusiones idiomáticas. Sin embargo, he de reconocer que de pronto, leyendo a Lezama, que es uno de mis grandes sacerdotes, me encontré con una frase de él (no cabe duda, los grandes maestros serán siempre los grandes maestros) que con la mayor sencillez ya había descrito desde mucho antes que yo, en un breve frase, lo que yo he querido decir. Dice Lezama: “es el rayo de luz impulsado por su propio destino”, ¿ya ves que sencillo?, si eso mismo digo yo.
-En su libro Ábrara, escribe a ciudades y artistas , ¿es como un homenaje?, ¿a quiénes más le gustaría hacerles un poema?
-Uno es lo que come, lo que lee, lo que recorre sobre el kilometraje del tiempo. Al hablar de ciudades y personas, de alguna manera se habla de uno mismo, del fragmento de ser que uno fue dejando en cada persona, en cada milímetro de la geografía que fueron sumados a nuestra vida. Se trata de lo que soy a través de lo que sé; se trata de lo que sé por medio de lo que mi soy ha caminado sobre el planeta. Sí, es un homenaje, es un homenaje de lo que mi vida ha tenido por bueno.
-Encontramos palabras distintas y/o extrañas o tal vez inventadas por usted como: Terrisueño y otras, ¿cómo aparecen en el papel en blanco?
-Suicidándome sobre ese papel. La escritura poética es maravillosa, mágica, porque es un constante riesgo. El poeta se despoja de toda pulcritud (al menos creo que así debiera ser) y ya desnudo se lanza al abismo; a la mitad del abismo verá que vuela, si no, si no…. pues será que no había en realidad tanto poeta y por eso ya no voló para salvarse de las garras de la inflexible ley de gravedad. Yo no creo en los pulcros, en los que se la pasan contando las sílabas, que están siempre bienarreglando las solapas del verso. Quizá no tendrán mucho que decir y por eso les sobra el tiempo para darle primacía a la cinta métrica. El poeta se lanza hacia delante y ya, se suicida sobre el papel en blanco, lo que al final no es tan cierto por que es justo cuando empieza realmente a vivir, y cuando el lenguaje mismo no le da más allá de lo que la imaginación le exige, entonces surgen los ábraras y los terrisuerños, pero el poeta no se detiene, no se detiene nunca, cuando se detiene se muere, entonces sí, ¡se muere!
-Su poema NOCHE es completamente musical, tan sólo nombrando ciudades chiapanecas ¿cómo logra crear un poema sólo con nombres?
-El poema estaba dado desde el principio, sólo faltaba ponerle ritmo. Si te fijas los pueblos mencionados en ese poema son pueblos estrictamente indígenas; al final de cada estrofa se remata con la palabra Noche, Noche. No es un simple recurso, es, en el saldo de más de 500 años de viscisitudes, la descripción del universo indígena: Noche, noche. ¿Te das cuenta que solamente había que darle ritmo? Las palabras de origen maya me aportaron fonéticamente la materia faltante, son como onomatopeyas de un tambor. Sin saber más del asunto, en otros países en donde lo he leído, les ha causado una fuerte impresión, por ejemplo, entre los poetas que asistieron al Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia; creo que fue en el octavo cuando yo estuve. Impactó el poema y no tenía más que una profunda verdad dicha de la manera más sencilla.
-Y el poema Tzatzi o el Concierto Cadendela ¿cómo llegan a usted?
-Por medio de la emoción. Soy un gran amante de la música y por lo tanto soy amigo de los más destacados compositores contemporáneos de mi país. Tzatzi está escrito sobre una obra de Eduardo Soto Millán y Concierto Candela sobre una obra de Gabriela Ortiz, es una obra para percusiones que posee una fuerza arrolladora, que arrebata a todo aquel mortal que se coloca frente a ella.
-¿Cómo surgió su amor por la literatura?
-Es por la literatura y por la música. Será por que la literatura es música y por que la música es la representación del cosmos por medio de las verdades del sonido.
-¿Cuándo empezó a escribir?
-Prácticamente desde niño.
-Por qué escribe
-Más que por qué, para qué; para decir lo que amo.
-¿A cerca de cuáles temas escribe?
Todos los temas me atañen y para poder tocarlos con cierta eficacia es que tengo que emplearme con la misma intensidad tanto en el poema como en la narrativa; son dos intensidades que me pertenecen y a las que pertenezco de la manera más humilde.
-¿Inspiración o transpiración? ¿Por qué?
-Ámbas, porque estamos en la vida, recurso no renovable siempre renovado.
-¿Qué está escribiendo hoy?
-Todo de nuevo.
¿Qué movimiento literario merece su admiración? ¿Qué autor? ¿Por qué?
-Aquí hablaré de una frustración, por que mi primer impulso sería decir, el movimiento que trató de encabezar el maestro Armando Duvalier en Chiapas, pero trató, por lo tanto no fue un movimiento propiamente dicho, dibujado en el tiempo y el espacio, fue una expresión de buena voluntad tan sólo; el lector chiapaneco del segundo tercio del siglo XX no estaba para tales innovaciones de la vanguardia que ya había dado sus mejores frutos en otras partes del planeta. El lector chiapaneco de entonces todavía estaba en las ensoñaciones decimonónicas de Rodulfo Figueroa, a quien se tiene como padre de la poesía en Chiapas. Pero sin ser un movimiento por que nadie lo siguió, lo fue, por que él Duvalier, lo hizo y lo vivió y así lo quiso y en este mundo, finalmente la voluntad del poeta es la que se impone, por eso, precisamente por eso, solamente por eso, es que ocupa el último renglón en la escala social del capitalismo.
-¿Qué género literario prefiere? (Para escribir y/o para leer)
-Ya me había referido minutos antes a que estoy perfectamente dividido, a partes iguales, entre el poema y la prosa.
-¿Cuál es su meta literaria en la vida?
-Voy por partes; por ahora, lo que más me gustaría sería leer esta entrevista si es que se publica y saber que la letra (siempre el verbo milagroso) nos ha unido en este breve fragmento de la existencia.
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