William Agudelo
Nacido el 14 de noviembre de 1942 en Bolombolo (Ant.) Colombia. con E. Cardenal
de la Comunidad de Ntra. Sra de Solentiname – Nicaragua (1966) de la que forma parte
hasta 1977. Trabaja como director de artes gráficas y como productor de grabaciones
culturales en el Min. de Cultura de Nicaragua de 1980 a 1984. Trabaja con proyectos de
reconstrucción y desarrollo de la Asociación para el Desarrollo de Solentiname (APDS)
de 1985 a 1990. Dirige el Centro Cultural Coro de Ángeles en Managua desde 1990
hasta el año 2000. Actualmente se dedica a la poesía, a la talla en madera y al
pirograbado en cuero.
Libros: Nuestro lecho es de flores, Edit. Joaquín Mortiz, Méx. 1970.
Este libro ha sido traducido al alemán bajo el título Unser Lager bei den Blumen auf
dem Felde con ediciones en: Peter Hammer Verlag, Wuppertal, Alemania, 1972 Gütersloher Verlagshaus, Gütersloh, Alemania, 1978 Peter Hammer Verlag, Wuppertal, Alemania, 1993 El asalto a San Carlos, Edit. La Ocarina, Min. de Cultura Managua, Nic. 1983. El ángel de San Judas, Fondo Editorial Asociación Noruega de Escritores (ANE) y Centro Nicaragüense de Escritores(CNE), Managua 1997 Städte in Lateinamerika, Peter Hammer Verlag, Wuppertal, Alemania, 1976 (colaboración con varios autores para un libro sobre ciudades nuestras con una historia especial).Colaboración en revistas de poesía como :El Corno Emplumado, Zona Tórrida, Cormorán y Delfín, Nicarahuác y en suplementos literarios como La Prensa Literaria, El Nuevo Amanecer Cultural y el Suplemento Literario de El Colombiano.
ARTE DE MORIR (fragmento 1)
...desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta
no hay lugar.
Jorge Manrique
¡Ah! Gruñona vejez. ¡Agria enemiga!
Deja ya de ahumar con tus carbones
las fláccidas hamacas
que, pendulares, cuelgan
con su impuesto rigor bajo mis ojos.
Regáñame tus perros,
pon mella en sus colmillos.
Tenlos a diez pedradas de mi grito
y haz que arrastren sus sombras
como espesa melaza, como brea.
Quítame tus hedores
que, tercos y cortantes,
se me amoldan al lomo, no me des
tus reposos vencidos
ni me claves, exquisitas, talladas,
tus cegadoras garras de obsidiana
cuando dejo, abrumado
la cama en la mañana de argamasa.
¡Muerte fiel! Fácil trepas constante
por mis huesos porosos
–solitario ciclista terco y hueco
sin piernas ni pulmones–
vencedora absoluta de las pruebas
–persecución individual,
contra-reloj y ruta–
Con su fijo progreso son tus fríos
desmedro de mi carne. Cada vez
más quietos, más divisos,
bajo la manta inútil, tiemblan su gelatina
ya sin tono mis músculos de ayer.
Dame una sola hora de naranja
–no tus efervescentes limones amarillos–
cuando llene tu cal mi paladar
y móntame en los vientos de las dunas
que me esparzan en granos
indivisos y mínimos
al último arañazo de la elipse.
LA GATA BALTASAR
En Baltasar los ojos brillan
como las lámparas de mercurio
del alumbrado público envueltos
en la negrura absoluta de su pelo.
En su cuerpo perfecto, como
en el de una bella muchacha, nada
falta ni sobra y es difícil
encontrar más grande majestad
que la de su frondosa cola erguida
cuando desfila, a contraluz,
en el filo dentado de la tapia.
Hay un coqueto empeño
en el peinado y aderezo
de la oscura pelambre
con su lengua rosada infatigable.
“Balta”, perfecta en su descanso
entreabre las ranuras de fuego de sus ojos
y tiemblo un poco al verla, inocente,
en su pose de diablesa que duerme.
Si este poema fuera
tan ágil, exacto y limpio
como cualquiera de sus saltos
debería arañar la perfección.
CANELO
La piel apretada y lustrosa
como si continuamente estuviera mojada
o como un sombrero de clérigo
patas potentes que terminan en sigilosos cojincitos
orejas enormes que le cuelgan
como dos calcetines negros.
Agita como un rejo la cola lisa y pareja.
Come (glotón) arroz, carne, frijoles, bananos,
tortillas tostadas, espinas de pescado,
bebe suero de las cuajadas.
Le encanta que lo derriben en la hierba llena de rocío
y estirarse en la arena fresca donde se queda
mirándonos con su gran cara seria.
Muerde los zapatos de los que ama
y se frota contra sus piernas.
Sujeta con los dientes del pellejo a los gatitos
y los pone delicadamente en el suelo.
“No le han bajado los güevitos” dice Toño
“le falta bastante por crecer”
y Canelo ya es tan grande
como el perro más grande de aquí
y su voz ronca resuena poderosa en los cerros vecinos.
Cuando las pulgas lo acosan
pone a funcionar una pata
como una lámina vibrátil.
CLORIS
Cloris tiene ojos negros de niño
suaves como pétalos las palmas de las manos
y largos dedos torpes.
Come plátanos a pequeños mordiscos redondos.
Cuando Joanne la carga le enrosca en el brazo la cola
Fría como una culebra
y se adormila en su regazo como un bebé
si le rasca la cabeza.
El sexo rosadito le cuelga como un moco de chompipe.
Cloris duerme reclinada en la rueda
Que hace con su cola
(entonces es cuando cesa de gritar y hacer señas y enredarse en la cuerda y rascarse y treparse al tabanco).
Nunca se ha cagado en la mesa o en los taburetes.
|