Raúl Zurita
Nació en Valparaíso en 1951. Realizó sus estudios básicos y medios en Santiago. Luego inició sus estudios de Matemáticas, para luego interrumpirlos y dedicarse a la poesía. Finalmente estudió Ingeniería Civil en Estructuras en la Universidad Federico Santa María. Fue militante del Partido Comunista. En los ´70 comenzó a formar parte del grupo CADA (Colectivo de Acciones de Arte), junto a los artistas "Lotty" Rosenfeld, Juan Castillo y el sociólogo Fernando Balcells
En 1990 es nombrado agregado cultural en Roma. En 1993 escribió en el desierto de Atacama, con letras gigantes, para que pudiera ser vista desde las alturas: "Ni pena ni miedo", con la cual pretendía dar un mensaje de esperanza al pueblo chileno.
Recibió el Premio Pablo Neruda (1989), el Pericle d’Oro (Calabria, Italia, 1994) y obtuvo la beca Guggenheim, para luego desempeñarse como profesor de Literatura en la California State University. Fue premiado con el Premio Nacional de Literatura en el 2000. Premio Nacional de Literatura de Francia 2004.
Libros: Purgatorio (1979), Anteparaíso (1982), Canto a su amor desaparecido (1986), El amor de Chile (1987), Selección de poemas (1990), La vida nueva (1994), Canto de los ríos que se aman (1995), Poemas militantes (2000), Sobre el amor y el sufrimiento (2000). Obtuvo la beca Guggenheim y acaba de ser distinguido con el Premio Nacional de Literatura. INRI (2003).
LAS PLAYAS DE CHILE V
Chile no encontró un solo justo en
sus playas apedreados nadie pudo
lavarse las manos de estas heridas
porque apedreados nadie encontró un solo justo en esas
playas sino las heridas de la patria abiertas llagadas
como si ellas mismas le cerraran con sus sombras los
ojos
i. Aferrado a las cuadernas se vio besándose a sí
ii. Nunca nadie escuchó ruego más ardiente que el
de sus labios estrujándose contra sus brazos
iii. Nunca alguien vio abismos más profundos que las
marcas de sus propios dientes en los brazos
convulso como si quisiera devorarse a sí mismo
en esa desesperada
Porque apedreado Chile no encontró un solo justo en
sus playas sino las sombras de ellos mismos flotando
sobre el aire de muerte como si en este mundo no
hubiera nadie que los pudiera revivir ante sus ojos
iv. Pero sus heridas podrían ser el justo de las playas
de Chile
v. Nosotros seríamos entonces la playa que les alzó
un justo desde sus heridas
vi. Sólo allí todos los habitantes de Chile se habrían
hecho uno hasta ser ellos el justo que golpearon
tumefactos esperándose en la playa
Donde apedreado Chile se vio a sí mismo recibirse como
un justo en sus playas para que nosotros fuésemos allí las
piedras que al aire lanzamos enfermos yacentes
limpiándonos las manos de las heridas abiertas de mi
patria
LAS CORDILLERAS DEL DUCE
i. No son blancas las cordilleras del Duce
ii. La nieve no alcanza a cubrir esas montañas del
oeste
Detenidas frente a la cordillera de los Andes
aguardando como cordón negro que esperara la
subida final de todas ellas allá en el oeste solas
agrupándose tras la noche
iii. Porque frente a los Andes se iban agrupando
como la noche del oeste
iv. Por eso la nieve no cubre las cordilleras del Duce
Sus cumbres son la noche de las montañas
Ciñéndose de negro frente a las nieves de Chile como si
los nevados no fueran otra cosa que espinas hiriendo la
noche y ellas pusieran entonces la corona sangrante de
los Andes
v. Por eso de sangre fue la nieve que coronó las
cumbres andinas
vi. Porque sólo la muerte fue la corona que ciñó de
sangre el horizonte
vii. Y entonces ya coronados todos vieron las
cordilleras del Duce ceñirse sobre Chile
sangrantes despejadas como una bandrea negra
envolviéndonos desde el poniente
PASTORAL DE CHILE
II
Los pastos crecían cuando te encontré acurrucada
tiritando de frío entre los muros
Entonces te tomé
con mis manos lavé tu cara
y ambos temblamos de alegría cuando te pedí
que te vinieses conmigo
Porque ya la soledad no era
yo te vi llorar alzando hasta mí tus párpados quemados
Así vimos florecer el desierto
así escuchamos los pájaros de nuevo cantar
sobre las rocas de los páramos que quisimos
Así estuvimos entre los pastos crecidos
y nos hicimos y nos prometimos para siempre
Pero tú no cumpliste, tú te olvidaste
de cuando te encontré y no eras más que una esquirla
en el camino. Te olvidaste
y tus párpados y tus piernas se abrieron para otros
Por otros quemaste tus ojos
Se secaron los pastos y el desierto me fue al alma
como un hierro al rojo sentí las pupilas
al mirarte manoseada por tus nuevos amigos
nada más que para enfurecerme
Pero yo te seguí queriendo
no me olvidé de ti y por todas partes pregunté
si te habían visto y te encontré de nuevo
para que de nuevo me dejaras
Todo Chile se volvió sangre al ver tus fornicaciones
Pero yo te seguí queriendo y volveré a buscarte
y nuevamente te abrazaré sobre la tierra reseca
para pedirte otra vez que seas mi mujer
Los pastos de Chile volverán a revivir
El desierto de Atacama florecerá de alegría
las playas cantarán y bailarán para cuando avergonzada
vuelvas conmigo para siempre
y yo te haya perdonado todo lo que me has hecho
¡hija de mi patria!
( De Anteparaíso)
El MAR
Sorprendentes carnadas llueven del cielo.
Sorprendentes carnadas sobre el mar. Abajo el
océano, arriba las inusitadas nubes de un día claro.
Sorprendentes carnadas llueven sobre el mar.
Hubo un amor que llueve, hubo un día claro que llueve
ahora sobre el mar.
Son sombras, carnadas para peces. Llueve un día claro,
un amor que no alcanzó a decirse.
El amor ah sí el amor, llueven desde el cielo asombrosas
carnadas sobre la sombra de los peces en el mar.
Caen días claros. Extrañas carnadas pegadas de días claros,
de amores que no alcanzaron a decirles.
El mar, se dice del mar. Se dice de carnadas que llueven
y de días claros pegados a ellas,
se dice de amores inconclusos, de días claros e inconclusos
que llueven para los peces en el mar.
(De INRI)
EL DESIERTO
De lejos parece una mancha negra, pero es un barco.
Debajo de las piedras amontonadas contra su casco asemejan olas.
Las rompientes encaramadas grita.
Está también el sol cayendo a pique y flores de plástico coloreadas
Como soles minúsculos.
Está el mar del desierto,
está el mar de piedras del desierto hirviendo frente a Chile.
Están las diminutas flores y las costas gangrenadas del mar reseco.
Mireya les pone nombres a cada una de esas flores.
Ante el barco parecen minúsculos soles despidiéndolo.
(De INRI)
|