Selección de poesía de Raquél Martínez Martínez
Por Lina Zerón
Raquel Martínez Martínez, nació en Uruguay en 1940. Escritora incansable con una obra muy amplia. No se dedica en exclusiva a la poesía ni a un solo género ya que también escribe cuentos y poemas para niños. También tiene poesía de denuncia. Cuando de su héroe Artigas se trata, Raquel escribe con garra denunciando la injusticia e inequidad. Admira tanto a Artigas que alguna vez la escuché en público decir que si hubiera nacido en esa época habría sido la novena amante del héroe de la devoción que este le genera. Algunos poemas de su reciente libro Verano en celo editado por Linajes Editores, México.
VERANO EN CELO
En los dedos de la noche,
las estrellas encendieron sus sortijas.
En la nube de mi almohada,
dos bocas deshojaron
un poema de amor.
Solo se escuchaba
el rumor del viento
llamando en la ventana,
y el precipitado latir
de tu corazón en mi corazón.
Había fragancia a verano en celo,
a mies recién segada,
a siesta ígnea.
La tea del amor
abrazó nuestros cuerpos
e incendió nuestras almas.
Cuando desperté supe que en sueños
se había consumado nuestra unión.
¡Si pudiera volver a dormirme,
para arder en la pira sagrada
de tu prohibida pasión!
ÍNFIMA
Quiero ser diminuta,
pequeña, imperceptible.
Más ínfima que la gota
de agua cristalina,
y así de tintineante
en su gracejo
resbalar por tus pétalos
sin rozarte,
para quedar en tus estambres
retenida.
INFIEL
Esa que tú llamas la momia
siente aguijones en la sangre
y copula cada noche en este lecho
con el ardiente amante
de otras remotas playas.
Es cierto que te es fiel físicamente,
pero en la libertad del pensamiento,
¡hasta hartarse ha sido suya!
Se ha entregado como huracán
con su melena despeinada,
y la perla de su vientre
se ha abierto sedienta
al agua que mitiga
este apetito desenfrenado.
¡Cuidado con los lienzos
que ligan a esta momia!
La luna desata cintas y lazos
con dedos prestos,
mientras ella, dócil entrega su corazón
a este delirio de abrazarse,
a un fantasma que deja de ser ausente,
para hundirse en los recodos de la carne.
Una carne que clama atribulada,
una brizna de amor, una mirada,
el beso de una boca enamorada.
El gineceo fecundado sin demora,
para sentir el regalo de estar viva
y gozar la alegría de la siembra,
desmedida, total, enajenada.
¡El amor lo vive a dentelladas,
dejando en el campo los despojos!,
como en una guerra
en la que al fin descansan,
sobre la arena exhaustas
las huestes enfrentadas.
AL FILO DE LA MADRUGADA
Violaste mi rosa,
¡al filo de la madrugada!,
cuando se hicieron
sonoros los silencios
y un cálido beso
humedeció la almohada.
La albura de sus pétalos,
se tiñeron del encendido lacre
de tu ardiente llamarada,
y la rosa fue púrpura,
¡al filo de la madrugada!
AGUAVIDA
Palpita todavía en mi follaje
el perfume agreste de tu brisa.
Hormiguea en mi savia
la tumultuosa urgencia de la cita,
bajo esa llovizna pertinaz,
que cae despeinando
mi lacia cabellera.
Preámbulo de primavera
son los amentos
que hoy lucen gotas de diamantes,
y en mi piel tronco
siento correr liviana el aguavida.
De verde nuevo me he vestido,
ansiosa de agradarte con mi atuendo .
es cierto que esta tarde
convoca a la melancolía,
pero estoy empecinada en ser feliz,
en existir de pie.
¡Jamás vencida!
Por eso la lluvia es un pretexto
para sentir tus húmedas caricias,
para saber que puedo soñarte
en este día,
aquí en la esquina azul de este Planeta,
donde aposté que aún ausente te tendría.
RETROSPECCIÓN
Amor adolescente,
amor de fuego.
Siémbrate lentamente
en mis entrañas.
Me urge sentir tus manos
descendiendo mis cumbres,
llegando al ocaso.
¡Qué sensación azul
lo invade todo!
¡Qué plenitud total
y sin fronteras!
Tus labios han mordido
el tierno endocarpio
de mi fruto.
LLUEVE
Una cortina densa
cae sobre la vida.
Una saliva frutal inunda
nuestras bocas.
Un almíbar espesa
penetra mi sexo sediento.
El agua canta
arrullando el ensueño.
INTERMITENTE...
CÁFILA ARDIENTE
En este sueño que raya el alba
me despierta tu mirada
de agua mansa
que va inundando lentamente
mis inéditos canales.
Por mis senderos pasa
la cáfila de tus sentidos
recorriéndome ardiente,
y la sábana del lecho,
cálida arena del desierto,
nos encuentra juntos,
jugando a rescatar tesoros
que bajo el sol resplandecen
cual portento.
Los espejismos han quedado lejos,
el oasis nos resulta incierto.
Un fuerte viento erosiona el suelo,
formando dunas en torno nuestro.
Nómades somos del árido Atacama,
avaros de la lluvia que escasea.
Para calmar la sed de amor
alcanza con el rocío fresco de tus besos,
por más que arda en la pira del infierno.
DORADO ENCUENTRO
Arteria, pulso, movimiento,
mi sexo es la magnolia perfumada
abierta desde el alba
al zumo de tu encuentro.
Tu libas con fruición
en mi corola,
buceas en el polen dorado
y tu aguijón se tiñe,
avaro de su encuentro,
donde el rocío baña
los labios que sedientos,
beben afortunados
el vital elemento.
ENCUENTRO
En el Sur del hemisferio
será el encuentro,
y allí nuestra pie
entonará una canción estremecida
Al hundir la reja de tu arado,
un surco hondo herirá mi tierra
y una fragancia agresteámbar
llenará la planicie de este lecho,
húmedo en el aroma
de la fecunda siembra.
De pronto el tálamo se hará océano
y yo seré la arena de sus profundidades,
en que hincarás la quilla,
osadamente,
para anclar en la fiebre azulada
de su bullente fondo,
donde derramarás audaz
el polen de la vida. |