Muestra poética de Phil Manzaneque

Phil Manzaneque, poeta catalán. Barcelona, 1972.  En su poesía percibimos al sentimiento con la misma libertad con la que el filósofo se enfrenta a la idea.  Consigue mediante la alquimia de la expresión que la tinta cobre vida. Preserva harapos de existencia en rectángulos de papel, no como flores secas, no como esqueletos o fósiles sino como árboles en esplendor, como animales libres sobre la naturaleza. Phil es un narrador de lo cotidiano, subyace a una mentalidad en exceso curiosa que siempre busca formas nuevas, en un lenguaje de imágenes, visual, casi táctil, que puede sorprender a veces por su dureza.  Su objetivo es conseguir que una vez leído como una formula mágica o encantamiento, el poema como Lázaro, recobre la vida y ande.

I

Me duele el ayer vacío de tu tacto

                          caracola exhausta, 

Los ojos de láudano

rompen en tu rostro malherido de vida

            profundos e inexplorados,

                                Vasallos del mar

degollaron la nube de la tormenta

            en la terminal de aeropuerto

que nos dejó seccionados

 

Me duele el ayer vacío de tu voz

  la mañana imposible que araña mis sienes

    tu silencio desbordando las paredes

              de mi habitación  sin ventanas

desahuciado de ti

                        te amo triste

ahogado entre las grises  aguas de cemento

   que tú, solo con tu voz contenías.

 

 

              II

 

Esta hora vertida al cieno,

   que acaba de morir entre mis manos

que dejaré insepulta

     en este nido de cuervos

en este baile de máscaras sin rostro

            que la ausencia de tu tacto hace imposible

Mi voz se desmorona en mariposas azules

            anhelos de luz

                        devorados salvajemente

por la fauce de realidad de la  lámpara alógena

  que me escupe a la cara ecos de geografía inmensa

            quedando humillado y sucio de distancia.

                                  

 

           

 

 

                  III

 

                                  

La claustrofobia que me producen los espacios abiertos

  me hace pensar

      que debe haber algo

            más amplio

capaz de contenerme

     sin esclusas ni estrecheces

            sin horizontes ni barreras

sin un destino para la vista

    que por fuerza de la inquietud

            pueda convertirse

algún día

      en camino.

 

 

                      V

 

Nos hemos llenado de nubes

Yo y esta tarde de jueves

la tarde en medio de la semana rutinaria

Yo a este lado de la muerte inoportuna

 

La promesa de lluvia enmudece las aves

   que fluyen por debajo de mi ventana frontera

 he encendido un silencio en mi diario

dejando por descuido

una llave de nostalgia abierta.

 

Qué grises estamos

yo, la tarde y las antenas,

   el amante que calcula sus caricias

y el banquero que recuenta sus monedas

 

Qué grises estamos aquí­ todos

                        amenazando miseria.

 

 

 

 VI

 

 

Un dí­a sin más

  habrá que amputarle todos los fusiles

a la palabra LIBERTAD

 

Entonces, quizá

            dejara de ser una  idea confusa

                        para trasmutarse

por obra y gracia del sentido común

 en  practica corriente