PAOLO RUFFILLI
Nació en Rieti, Italia en 1949. Se graduó en Letras en la Universidad de Bologna, vive entre Treviso y Venecia desde 1972. Actualmente es consultor editorial y dirige la columna de poesía de las Ediciones del Leoni de Venecia. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros de poesía: Piccola colazione (1987, American Poetry Prize, El nombre o el cuerpo (NorteySur, 2006), Diario di Normandia (1990, Premio Montale, Diario de Normandía, Ediciones El Tucan de Virginia, 2006), Camera oscura (1992, Cámara oscura, Calima, 2001), Nuvole (1995), La gioia e il lutto (2001, Prix Européen, La alegría y el duelo, Calima, 2002). También es autor de Vita di Ippolito Nievo (1991) y de Vita, amori e meraviglie del signor Carlo Goldoni (1993).
Ha publicado la edición de la Operette morali de Giacomo Leopardi, la traducción foscoliana del Viaggio sentimentale de Sterne, las Confessioni d’un italiano de Nievo, una antología de Scrittori garibaldini, y ha traducido a Gibran, Tagore, la Metafísica inglesa y la Regola celeste del Tao.
En lengua española: Cámara oscura (Calima, 2001), La alegría y el duelo (Calima, 2002), Asuntos del corazón (Deva, 2004), El nombre o el cuerpo (NortySur, 2006), Diario de Normandía (Ediciones El Tucan de Virginia, 2006), Camera
De: « Diario de Normandía » (trad. Martha L. Canfield)
HONFLEUR, CALVADOS: 10 DE AGOSTO
hilera de rocas
que regresan del fondo
a los ojos del mundo
cielo carcomido
en jirones y remiendos
color violeta rosado
La punta del arrecife
es una ballena negra,
y soplo de agua
es el faro.
Detenidos en un eterno
arrancar desde la costa
hacia el mar abierto.
Aunque a ratos aparece
la espuma del oleaje
como una estela
dejada por el barco
en el azul turquí.
(Controles, dudas,
esperas sin fin
antes de dar
– aunque de a poco
parezca cada vez
más improbable –
el salto por fin.)
(Es el borrarse progresivo
de lo querido o conocido,
las cuentas que ya
no están cuadrando. El margen
cada vez más delgado,
a medida que se abren
en las filas hendijas y vacíos.)
(No cualquiera
y como sea.
La trama, elegida
y construida,
el infinito reducido
a una medida, por
orgullo, tal vez
por miedo
limado y restringido
extendido dentro
del lecho
de la enciclopedia.)
(Sueños aventuras
esperanzas antiguas y terrores.)
(... plantas parásitas
desvaídas con tallos
delgados que se aferran
a otras plantas
haciéndolas morir:
sanguijuelas.)
Cabourg, Calvados: 23 de agosto
malecón de casas
finiseculares
en la rambla
cielo cobalto gris
rayada superficie
cielo en destrozo
Desde el Grand Hotel, en sueños
hasta mi pueblo.
En la avenida de la estación
ella me espera, pálida,
en bicicleta.
Nos encaminamos
bajo los tilos florecidos.
Tiene un vestidito corto
color durazno,
con mangas anchas, y tras el pelo
la mirada ardiente.
Las vías del ferrocarril
de pronto desaparecen y el mar
forma allí un amplio golfo.
Todo alrededor parece
sumergido en el color rosado.
Y es de mar también
nuestro camino.
Yo me detengo, sin saber
qué hacer.
Sonriendo indica la breve duna,
llevándome por mano
por el nivel del agua,
por donde hay que ir.
(Lugar y circunstancia.
Siempre y dondequiera
según dice el filosófo,
lo que comemos somos.)
(... no obstante el ambiente
me incite a preferir la discreción
y en mí se imponga
un algo de buen gusto,
vicios burgueses.)
(Hubo una época
en mi vida
que por días enteros
me quedaba en la cama
con tal de no salir
de los sueños.)
de « Cámara oscura » (trad. José Luis Reina Palazon)
*
( El niño apoyado
en la rodilla de
su padre que mueve
atento el mando
y mudo indica. Con la
madre que mira, embelesada
e inclinada sobre la radio.
En el cerco de oro
del saloncito.)
Se puede decir
que he nacido
y después también crecido,
poco a poco criado
a la sombra del decoro.
Dispuesto a agradecer
lo poco que es seguro,
contento pero no
demasiado. Propenso
y sin embargo hostil
a la revuelta,
llevado a conjugar
en absoluto
rechazo y sentido
del respeto.
Oh, el reflejo
amado, de perfil
ya nunca neto,
se hunde en exceso...
la cima del deslumbre
sobre el objeto.
*
( Yo, con seis años,
creo. Distraido, pero
no demasiado, con el juego
en la mesita de las
piezas del abecedario.
A pesar del estado
precario de la silla,
inmerso allí igualmente
en hacer combinaciones
sobre el cuadrante.)
La palabra, para mí,
venía de lejos.
Un a priori, casi,
lo percibía. Un excitante.
En un proceso en
algún modo inverso.
En darle por su correspondencia
una realidad que en cambio,
más se tocaba y se prendía,
y más huía inconsistente
a los sentidos.
Con el efecto de ser
lanzada contra un cuerpo
pronunciado y, en su
decirlo, de golpe conquistado.
*
( Sobre el paseo marítimo,
ya pleno verano.
En el blusón
picante y
una bolsita blanca.
Se pasea y habla.
La veo que
me mira,
y es feliz.)
Mi madre, amada
y, para amarla,
tenida más lejana.
Callada y distanciada
en cada plano,
sentida desbordante
y gastada a plazos.
Revista en etapas
de una vida mía
autónoma y distante.
Unida al mordisco
de la espera,
sin lograr, entre
nosotros, una conversación.
La otra punta
del hilo que me tira,
la fuerza de un recorrido
sin salida.
*
( Tengo la camiseta
larga, que cubre
las otras prendas.
Las sandalias de cuero.
Tenido por la mano
sobre la baranda,
del puente miro el mar
y una barca que
pasa allí delante.
A siete años. )
Hela aquí delante,
suelta al viento
la vela de la infancia
en el horizonte.
Se encabrita a trechos incierta
retoma su fuga
más lejos.
Esculpida parecía
mi rueda
e indudable, de
cualquier modo abierta.
Sueños, proyectos y planos
todos, los más extraños,
veloces y deslizados
sobre las olas.
Si miro atrás, ahora,
me veo un poco anegado
del vacío que, como
un vidrio, se ha puesto
entre el mí de ahora y
aquel más alejado.
Cuanto más revelado
en muchos lugares y
aspectos, tanto
más ocultado.
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