Otto-Raúl González
Otto-Raúl González, nació en Guatemala en 1921 y ha vivido en México desde 1944, cuando tenía solo 20 años publica el poemario: Vuelta al mundo en 80 poemas. Otto-Raúl fue un importante líder estudiantil contra la tiranía del dictador Ubico, orillándolo al exilio en 1944 en México, donde ha desarrollado casi toda su basta obra. Escritor prolífico, ha incursionado en casi todas las áreas de la literatura desde 1943 con “Voz y Voto del Geranio”.
Su bibliografía está integrada por más de 60 libros de poesía entre ellos “Diez colores nuevos” que lleva 35 ediciones, “Arte y técnica del soneto” en 2001, “Miguel Ángel Asturias, El Gran Lengua” en 1999, “El Templo de los Jaguares”, 1990, “Oir con los ojos”, 2001, “Galeria de Gobernadores del Soneto”, 2002, novela, cuento como: “Sea Breve” 2004, palindromas y ensayos. Ha sido traducido al inglés, francés, checo, ruso y chino.
Ha obtenido más de 30 galardones, entre los que destacan el primer lugar en el Premio Centroamericano de Poesía en 1943, 1947 y 1949; el Premio Olímpico de Poesía, convocado por editorial Finisterre en 1968; el Premio Nacional de Poesía Jaime Sabines y el Premio Nacional de Literatura Miguel Angel Asturias, ambos en 1990.
También se ha hecho merecedor del Premio Sahuayo de Poesía, en 1991, y El Rey Poeta Nezahualcóyotl, en 2003.
Anadrio
Quien primero vio una nube de color anadrio
era un joven pastor de diecisiete abriles
que más tarde fue monarca de su reino
y hombre feliz hasta decir ya no,
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
En mil quinientos veinte
un español porquerizo de Castilla
vino a América y cuando se internó en la selva
vio un árbol de color anadrio;
ese mismo soldado de fortuna
más tarde comió con Carlos V
y fue virrey;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
En la época moderna otras personas
han visto objetos de color anadrio
y su suerte ha cambiado en forma radical.
Un pescador vio una sirena cuya cola
era anadria y desde entonces
pescó y pescó y pescó y pescó y ahora
es dueño de una flota ballenera;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
Vendía periódicos un niño,
rapaz sin desayuno, de pobreza trajeado,
un día en su camino vio una piedra
que era, por supuesto, de color anadrio.
Ese niño actualmente es accionista
de una inmensa cadena de periódicos;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
Pinte usted
las paredes de su casa
de color anadrio
y le irá bien.
Dunia
Dunias son las sonrisas que intercambian,
bobalicones, los enamorados,
dunia es la flor que no se mira nunca,
y es dunia también la primera sonrisa
de un recién nacido.
Dunia es el color de todo lo inmaterial,
es el color de la ausencia,
el color de los adioses
y el color con que la música y la poesía
se presentan cuando echan la casa por la ventana.
La piel de un potrillo o de un becerro
de tres días es de un dunia intenso,
lo mismo que las perlas en embrión,
las estrellas que no se ven desde la tierra,
los pétalos no abiertos de las flores
y los ojos de los niños que duermen
en el claustro materno.
Lo no tocado todavía es dunia,
como la atmósfera de los espejismos
y las plumas de los pájaros
que oímos cantar, pero no vemos.
Los lagos y los ríos que nadie ha descubierto
en estas selvas vírgenes de América
agitan aguas dunias
que dejarán de serlo en cuanto sean vistas.
Dunia…Dunia…Dunia...
Del libro: “Diez colores nuevos”
CUBA
Que amarga es esta isla del azúcar
con amargura de fusil y llanto
con llanto de raíz y brisa negra
con brisa que se pega en las ventanas
y ventanas que se pueblan de cuchillos
que dan tajos al sueño de los hombres.
Yo anduve por las calles de la Habana
llenándome el pulmón de mar Caribe
y viendo como el malecón sólo era
halagado gusano que divide
los corales canciones de las olas
y el caluroso corazón de Cuba.
Yo anduve por las calles de la Habana
buscando en las palmeras y en el puerto,
en el rumor de plazas y mercados
el las faldas mojadas de la noche
las huellas de Martí, los pasos de Maceo
y el latido profundamente humano
del astro negro de Jesús Méndez.
Sólo encontré persecución y sangre
y el pobre cuerpo desangrado y triste
de una joven mujer: la democracia.
Sin embargo la isla está rodeada
de un gran mar de esperanzas y futuro
que habrá de devolver a los cañales
el sabor primigenio del azúcar
y sentar para siempre la dicha de los hombres.
Yo anduve por las calles de la Habana.
(1952)
SAN CRISTÓBAL
Pues aquí en San Cristóbal de las Casas
uno siente que está lejos del cielo,
pasan las nubes llenas de recelo,
las alegrías siguen siendo escasas.
Se ve el contraste frío de las razas
siempre escondido tras amargo velo
porque hay desesperanzas y desvelo
y se camina como sobre brasas.
Los aires están raros, descompuestos:
hay millonarios árboles funestos,
flacos arbustos pobres y descalzos.
Entre mucho esplendor va la miseria
con sus andrajos, ay, en este feria
de vanidades y conceptos falsos.
21/04/2002
ECUADOR
Escucho, escuchamos las quenas , las bocinas
y me moja, nos cala su lluvia de estiletes;
estoy, estamos en un vasto llano de la puna
y me siento, nos sentimos en el centro del llanto.
Me rodean, nos rodean, las lágrimas quemadas
los fantasmas de los espejos empañados
y entre tanta desolación
siento, sentimos, como si el paisaje se quejara.
Los registros que brotan
Del órgano de piedra de Los Andes
Es llanto de la tierra, es queja milenaria,
y quien alguna vez los ha escuchado
ya jamás los olvida.
1955.-
Del libro: “Vuelta al mundo en 80 poemas” |