Omar Darío Gallo

(Medellín, Antioquia, 1960). Es un poeta y escritor nacido en Medellìn, y vive actualmente en Itagui.  Dirige el  taller de escritores, “El Sueño del Árbol”,  de la casa de la cultura del Municipio de Itagui y dirigió también durante el 2002 y 2003 los talleres de Lector-Escritura para niños, adolescentes y adultos. Desde el año 1992 organiza recitales de música y poesía. Acostumbra regalar sus poemas en forma de volantes, obsequiando hasta el momento 30.000 copias. Fue incluido en la Antología o Primera Muestra de Escritores de Itaguì 2001, “Ofrendas del Día”.  Recibió el diplomado en Gestión Cultural el 6 de julio de 2002 por la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellìn. Participó por Colombia en el VIII y en el IX Festival Internacional de Poesía y Arte de La Habana, Cuba, 2003 y 2004. Poemas suyos han sido traducidos al alemán en la Revista Literaria “Magazín Cultural XICòATL” de Austria, 2004. Es estudiante de Gestión Cultural de la Universidad de Antioquia, Sede Oriente.

Poemas Publicados en las Revistas de Literatura   :   

  1. Magazín Cultural, XICòATL” de Austria   :   www.euroyage.com/

 1-Versión en Español.   2-Magazín Cultural XICòATL.   3-No. 67.

  1. Café Berlín” de Alemania   :        www.delagracia.deliteratu.htm

          Y en otras Revistas, como: “CasaTomada”, España; “Malabia”, Argentina.  

Libros Publicados   :

1.- Contar Hasta Uno,  1995.
2.- El Libro Dorado de las Pretensiones,  2000.
3.- Ética para los Sueños: 1ª. Edición,  2002 - 2ª. Edición, 2007.
4.- Devorador de Sombras,  2004.
      5.- Sobresaltos, 2007.

 

 

SUR CIUDAD SUR


A mi Ciudad en el Sur como una fértil presencia
que describe los umbrales de místicos linajes,
como la portavoz de un mensaje ancestral
digno de aceptación y reverencia.
A la Ciudad de los parques entreabiertos
con las estatuas apuntaladas en el regazo de la tierra,
con el agua que desciende sin prisa y por momentos se subleva,
arquea sus contornos y a su paso veloz se lleva casi todo
en su interminable vientre de mercurio.
A la que no es altanera,
pero salvaguarda con tesón sus principios y es fiel al legado de los buenos;
a la de muchos sanjoaquines, máquinas de aceite que tejen los milagros
del paisaje entre los abecedarios de unas fibras
y el sagrado sudor de los obreros.
A la Ciudad de la luz poderosa que garabatea nubes plata sobre el césped
y hace que crucen imágenes de historias aparentes
en donde gravitan los duendes del tesoro,
unos pájaros negros con trajes de virreyes 
y la brisa da vueltas atravesando los árboles,
zumbando entre las ceibas por las grietas absurdas de las paredes
sembradas de misteriosos acertijos,
por los balcones enlunados y habitados por esplendorosas bifloras
que muestran la faz de los encantos;
a la Ciudad en donde la música crece en agosto
y se bebe cerveza como si fuese el vino helado de los dioses.
Al Territorio de vestigios detenidos y caciques invisibles vigilantes,
al jardín de hilos coloridos por el que deambulan suspendidos
los insectos círculos de fuego; a la Tierra advertida de señales,
de lámparas de humo, en la que el viento no descifra el centro de la piedra;
a la Ciudad sueño de manos jabonosas transcurridas a deshoras
por el ardid del hechicero y la risa burlona del fantasma;
a la Morada extensa de tardes dibujadas por las flores
y los indicios de lo cierto, desconocida, inquietante, libre de rencores.
A la Ciudad de las noches del embrujo y la guitarra,
sentida por mujeres como alucinaciones extrañas y diversas,
con los pechos de avellano al dominio de los ojos
y las faldas sorpresa pendiendo del suspiro.
A la Ciudad de los adioses, invadida por el poema
y el galope de los grises nubarrones,
transitada en ayer por los gitanos guardianes del cobre y de la danza,
felinos viajeros de los trenes con los equipajes incrustados
en las puertas desteñidas de la huida.
Ah, mi Ciudad del Ocio y la Pereza,
déjame dormir triunfante en tus entrañas,
que se queden en tus tejados mis letras cristalinas
para que llegue el sol con las palomas y felices nos contagien con su asombro;
así, así sabrá el mundo donde vivo.

CIUDAD OCULTA

 

Tintura en el estómago y café los sueños sin matanza,
baila la muerte entre las pomas y la flor de lejanías.
Los días son seguidos como el verso sin afecto,
un camino estrecho no es un escondite
ni la trenza del reloj cangrejo y emisario.
Mi Ciudad es Biblia tan de noche
como los vivos que se quitan el rostro
para levitar en abril e impostarse de herejía
y sumergirse en el letargo, ocuparse de pecados,
aludir a lo improvisto, así como lo oportuno
que sin tonos desanuda la miseria.
No es fugaz el nombre de la Dama
cuando hay temblor en sus muslos con sabor a caramelo,
son sus pechos boca mía que prosiguen en las manos
y hormiguean en las piernas del quedarse.
Mi Ciudad:
ese hábito de pensarnos del lado de los buenos;
prisma de sol y verano en las axilas de la casa,
creación natural por demás como una fiesta.

 

CALLE ROSA

 

Enfermo quien se olvida y hace del espejo un equilibrio,
dolor la soledad si se mira la risa de la calle
como una ráfaga de luz que sólo llega hasta la puerta.
Escaleras de papel hacia la sombra
cuando los gritos simulan estar muertos
ante el voraz incendio de la noche
y la caída frecuente de luceros.
El frió es un delgado revés en el asombro
si quien se esconde es el mismo que se busca,
si sin querer ya es de madrugada
y la multitud ya pisa los talones.
Enfermo quien se olvida;
el rostro es un círculo de aire que humea o sobresale,
una rueda rosada tatuada de silencio.

 

AMOR MESTIZO

 

Nace de la tierra la palabra
cuando en el mito se dibuja la inocencia
y los hombres en medio de la danza
son sombras que no olvidan sus nombres
si es de noche.
El vuelo del tambor no se cansa con la muerte
ni la vida se parece a la venganza
después del paso letal de la mirada
y su aroma de brazos sudorosos de silencio.
Trazos circulares en la piel,
el caballo blanco en la memoria,
el ave de rapiña se hace la sorda
y en sus camas femeninas
los dioses se juegan sus secretos
como si el deseo tuviese manos en la boca.
Dolor sin dolor, quien respira se conoce,
quien conoce sabe que el tiempo
es un rumor atado al desamparo
a pesar de que la luna y el mar
sonríen tocándose apenas con los ojos.
América celebra el coraje de sus olas
y la flor de la mañana,
la caída de la hoja, la hojarasca;
el pensar de la guitarra
y la voz sostenida como el aire.
América,
tu cantas la semilla del augurio
como la palabra que nace de la tierra.

HECHIZO

 

Abierta la boca de una rana que dormita sobre el mundo,
es así que se prepara el artificio
y se perfora la cortina de una nube.
Si hay deseo en la punta de los dedos,
una es la vara mágica de seda,
gusano la avaricia y provocación la indiferencia.
Al darle vuelta a la página mirando para el cielo,
la pócima agridulce ya entontece a una guitarra
cuando la melodía visita un manicomio.

 

 

MEMBRANA

 

Se oculta la araña de la pisada del farmaceuta,
del rufián que media con el óbito invisible
y funámbulo tropieza con el jinete vigoroso
del rompecabezas fantasmal o epígrafe de hilo.
Para el duende,
imposible entrar en la tela de la araña
sin despertar el desencanto.
Perverso quien toca y se resiste
al asalto sensual de la demencia.

 

GIRA-SOL-ES

 

Poblaron la callecalle con bastones
y abandonaron al saltimbanqui
en las ruinas del templo de petróleo,
al parecer, un girasol sin sol
es un fraude que sonríe,
una manía de abrazar frío
cuando el arcángel del vino siembra soledades.
Cerrada la puerta…
¿Quién concelebra la arrogancia?
Un diablonomo que no danza
imagina un pentagrama
y se olvida después de su guadaña.
En la marejada del encaje
el ímpetu sostiene los sueños de una hormiga.

 

AGUA

 

Sal de brebaje,
ardes en los poros de la tierra
como oxígeno que se orea en el ojal de la locura,
como metaloide llovedizo de cuerpo numeroso,
golpe de piedra que se recoge por maduro:
líquido que desciende y que se alarga.
¿Qué eres, sino la humedad sin conocer ningún vocablo?
Errante, circular rastreas lo sagrado,
buscas la semilla cerosa y predispuesta
cual vientre que es cruzado por el espíritu que huye;
lenguaje que reflejas el símil de una siembra,
el cerco luminoso que invade a un heliotropo.

 

SOL MIO

 

Un nuevo día vegetal y arcilloso,
el paso paulatino de cada interrogante
ante el lente de tu gesto
y la palabra dolorosa que se esconde
ahora que evitas el deleite;
un rostro de música encantada,
a eso te pareces cuando ríes,
cuando se te sube un niño dorado a la memoria
y hace que saltes incorpóreo
en el reflejo de una luz de índole asombrosa.
Un sol:
rostro de música encanta cuando ríes.

 

 

PALABRA ESPEJO

 

¿Qué es la oscuridad?
Una luz cansada cuando danza
o por fortuna cierra la ventana cuando llueve.
Una voz de difunto aferrada a cada hueso,
un misterio de traje almidonado,
la palabra ciega que desteje la inocencia,
el aroma encanecido de vergüenza.
¿Tal vez un extraño mirando para adentro?
¿Tal vez la mentira al borde del abismo?
Secreto,
un río sin sobresaltos y botones,
el cortejo a un fantasma que no ríe,
el abrazo a la agonía.
¿Qué es la oscuridad?
Sí, eso:
una luz temblorosa mirando el espejo.