Naná Rodríguez Romero

Nació en Tunja, Colombia en 1956. Escritora y editora. Sus poemas y minificciones han sido publicadas en varias antologías en Venezuela, Argentina, Uruguay, México y Colombia, en especial, la antología de cuentos y relatos de la literatura colombiana, del Fondo de Cultura Económica(2005). Becaria del Ministerio de Cultura de su país natal. Entre sus obras de poesía publicadas están: Hojas en mutación. (premio del Concejo Editorial de Autores Boyacenses) Permanencias ( Premio Especial de Poesía Ciudad de Chiquinquirá) Lucha con el ángel Antología de poesía (Universidad Nacional de Colombia) El bosque de los espejos El oro de Dionisios. Los libros de minificciones y cuento corto: La casa ciega y otras ficciones(Editorial Magisterio) El sabor del tiempo Efecto mariposa (beca de residencias artísticas en el Exterior) El libro de estudios literarios: Elementos para una teoría del minicuento. Actualmente es profesora de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

SEÑALES

La red de fuego que circula invisible por este cuerpo
que olvida y se pliega ante el poder del pensamiento
es la señal fehaciente de que somos habitados
por legiones de sonido y luz que hacen combustión cuando se tocan.
La imaginación es un ave insaciable que busca lugares imposibles,
besos proscritos por el miedo,
palabras inauditas y valientes que no se pronunciarán jamás
a riesgo de una negación al paraíso.
La mano duda , la boca cierra su túnel, los ojos se endurecen,
las pausas no significan, una ligera desazón acompaña los pasos
mientras el aire en los pulmones es una tregua para el galope que retumba
en las arterias.
Qué esquivo es el amor en estos tiempos de revelaciones y de ciencia.

DESIGNIOS

No sólo los dioses nos han arrebatado la vida
desde Agamenón hasta Lorca, los designios divinos
y los designios de los hombres
han enturbiado el cauce de los ríos.
Más grande el grito de Agamenón
al hundir el cuchillo en las entrañas de Ifigenia,
más profunda la angustia del poeta
la noche anterior, la noche más larga:
el alba negra del fusilamiento.
Holocaustos, sacrificios sin nombre
gritos atravesados por el silencio
¿a dónde se han ido?
¿acaso estén detenidos en las brumas de la historia
y el tiempo ha seguido su ritmo de potro llameante?
el corazón del hombre tiene garras
y el dios de Abrahám sigue necesitando pruebas
todavía se ofrecen doncellas a los astros
la infancia con su blanca túnica es la víctima
mientras hinchados sonríen los verdugos.

GATO EN SORDINA

Amo al pequeño tigre que dormita sobre mis pies
lame mis manos, entierra con suavidad
las agujas de sus dientes
como una demostración de correspondencias secretas.
Me asombra con sus ojos llenos
esas lunas que miran sin moverse
llenas como el deseo.
Acaricio su espalda trémula
su nariz rosada y esas garras que afila
en mi silencio
en mi cansancio de tiempos que se repiten
de hombres que se multiplican
como espejos
mientras le abro ventanas
que dan a los tejados de la noche.
Una gota cae honda sobre mi certidumbre
de animal triste
que esconde armas en los sueños
y maúlla la ausencia de ojos tigres.
A Tomás, que se fue una noche a cazar mariposas y estrellas

ARS FELINA

El gato duerme y se cierra sobre sí mismo
el tiempo no existe para su sueño de veinte horas
mientras mi alma lo observa en la vigilia de las tardes.
Me detengo ante sus ojos que no parpadean
y pienso si el misterio está en esa quietud verde
en la perfecta simetría de su movimiento,
quizá deambulas por palacios del antiguo Egipto
o pisas como una bailarina las huellas del abismo...
¿Acaso sabes de la noche de los despojos
o las hogueras de la inquisición
cuando los cuerpos eran brasas que se extinguían bajo el cielo?
¿Qué sabes de mí, cuando me rozas en silencio
y te arqueas como una sinfonía de piel bajo mis manos?

Escaleras de luz
Piedra volcánica y desierto, agave y escaleras de luz
en el reino de la memoria
pirámides que asisten a las bodas del águila y el tigre
columnas signadas por el brillo de los cuchillos
por donde se regodea el sol y la luna
en tiempos de solsticio.

Los laberintos esconden la obsidiana
que un día penetrara el corazón de la doncella
a golpes de percusión y danza
para el agrado de La Serpiente .

Esta ciudad eterna que recuerda
la avenida de sus muertos, es el anverso
de esa otra ciudad cuyo cielo es un espejo
de nubes vigiladas por un ángel
que hoy da paso al tránsito veloz
del siglo veintiuno.
Estos poemas pertenecen al libro Centro de gravedad.