Mónica Suárez
Nace el 19 de marzo de 1965 en la Ciudad de México. Escritora. Egresada del Diplomado en Creación Literaria de la Escuela de Escritores de la SOGEM (1998). Ha participado en varios Talleres de Poesía y Cuento, entre los que destacan: el del poeta guatemalteco Otto-Raúl González; y el de Creación Literaria de Beatriz Escalante. Participaciones literarias: Ciclo de Conferencias 11 Mujeres Escritoras, Casa de la Primera Imprenta, bajo la coordinación de Carlos Jiménez. VI Encuentro de Poesía Clásica y Moderna, Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (1996). Ha participado en distintos Encuentros de poesía y su poesía ha sido publicada en distintas revistas y periódicos tanto nacionales como internacionales y ganado varios premios tanto en poesía como cuento.
Piel de espejo
El tiempo tiene piel de espejo,
por ello no se mueve, sigue siendo:
atrás, adelante, ayer, mañana,
que todo está impreso en su memoria vasta.
El tiempo que nos ha puesto una trampa,
ha fingido dejar en nuestras manos
su transcurrir constante.
Ilusos: pensamos que vencimos,
que logramos atraparlo entre granos de arena,
en minuteros finos de relojes de cuerda.
Pero sólo los ciegos pueden verlo, saben…
por eso Tiresias pudo ver en sus ojos blancos el futuro,
y Borges lo nombró desde los muros
de bibliotecas laberínticas y oscuras.
El tiempo es el discurrir de la memoria,
un segundo, quizá; pero infinito,
en él convergen todos los posibles,
y en el azar de ser sólo un reflejo
con variaciones simples,
el tiempo juega siempre a repetirse.
Visita inesperada
Ayer me visitó Tiresias,
estaba ciego,
como están los hombres cuando nacen.
No me habló del futuro
ni predijo tampoco mi tragedia,
no mencionó a Edipo
ni recordó la suerte de Ulises.
Me vio con su mirada ciega
y se puso a llorar como si fuera un niño.
Volverte de papel
In memoriam
a mi amado hermano Eduardo
Voy a quedarme quieta un rato,
a permanecer inmóvil,
con la mirada cerca de tus pasos:
aún me dueles.
No logro rescatarte todavía,
volverte de papel, hacerte niño,
jugar de nuevo a verte.
Voy a intentar de nueva cuenta
armar tu corazón con estos trazos,
tocar por un instante tu cuerpo lacerado,
acercarte el alivio con las manos,
rescatarte del fuego.
Voy a volverme un poco tu ceniza,
a morirme también contigo unos momentos
con los ojos abiertos
bajo el telón de mar que te cobija.
Voy a intentar acercarme otra vez
muy lentamente, con cuidado,
para no despertarte con mi llanto.
Latir de aire
Hay algo que siempre queda oculto en el poema:
ese latir de aire, ese espacio sin limite que guardan nuestras letras,
lo mismo que la carne arropa al esqueleto como un traje.
No sé si los poetas me comprendan,
a veces siento entumecido el nervio del poema,
y no sé qué decir ni cómo hacer para que no me duela
su cadáver pudriéndose en mis letras:
sus silabas inútiles, perfectas…
como palomas negras, como palomas negras.
Hoy tengo ganas de soltarme de su enjambre,
de desvestirme de toda su impotencia,
de volver a ser ave y cantar para ti simple y serena.
¡Hoy tengo necesidad de tanto darme!
De regalarme toda sin hablarte de ayer
sin ser mañana o espera,
¡como palabra virgen, ay, como poema!
Los poderosos vienen
Al pueblo iraquí
Los poderosos se han reunido otra vez, vienen rasgando el cielo:
encúbrete, aldea,
que sus razones escupen fuego.
Los poderosos llegan en sus buitres de acero:
escápate, niño,
que la muerte no sepa que estás indefenso.
Los poderosos siembran en la tierra su infierno:
guárdate madre,
que tu vientre no sepa que es cementerio.
Los poderosos coleccionan almas como recuerdo:
ocúltate, hermano,
que tu cabeza no sepa que es ya trofeo.
Los poderosos no se detienen, cazan al vuelo:
cúbrete, hermana,
que tu cuerpo no sepa que es botín fresco.
Los poderosos jamás descansan, tejen y tejen cadena y cepo:
escóndete, padre,
que tu semilla no sepa que tiene dueño.
Los poderosos nunca nos mienten, llevan la paz del sepulturero:
escabúllete, vida,
que los poderosos te tienen miedo.
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