Leticia Cortés

Guadalajara, Jalisco. 1980

Ha sido traducida al catalán por el poeta Joan Navarro para la publicación de Valencia, España Serièalfa. Ha leído en el Palacio de Bellas Artes y participado en diversos encuentros de escritores locales, nacionales e internacionales.

[3]

Yo que soy noctámbula distante. Llena de ablaciones caída.

Recordarte en erosiones de nostalgia. Trilce agua que desemboca: rendijas de carne.

Y yo:

te sé desclavado      abatido.                 Palabra con pétalos  sombría ventana de reloj unido en ropa se estremece  no descansa. Llamas de hemisferio tardío que se alarga  en primavera cuando los árboles guardan el llanto  trinares de sirena El mar es una estación acabada y siniestra en la consumación de la belleza las flores se desvanecen: se penetran.

Y yo que soy tan invierno en primavera  tan fría  con el sol tan llena de nombres  en los brazos y en los muslos. Desnudez de cielo, hundida de rodillas en lluvia. Imperceptibles recuerdos        edificarme en tu mirada

como estatua de fiebre y memoria amarga.

Hay pájaros en el corazón: huellas de fuego.

Un error en la distancia de nuestros nombres

Y yo que soy tan garúa lejos de ti.

Tan infierno con el frío.

[4]

Me pendulo.

Sobre la tibia garúa me pendulo.

A través del inconfortable tedio y angustia: me pendulo.

Las aves han faltado a su juramento .

[4.1]

Sucede que me dejo olvidada en el jardín y me pendulo en ti.

Sucede que te siento frío-y-cercano.

Sucede que tus labios humedecen mi tristeza y mi lengua.

Sucede que entonces tu mano envolvía mis cuerpos rrrotos y trisssssstes.

Que yo no era la que había llegado a la costa. Que entonces esa noche fui otra porque aprendí a pendularme en la otra que no era Yo sino la que estaba siendo cuando me acariciabas la cara y los senos.

Suceden golpes detrás de las puertas y las miradas.

Y la música que remediaba la definición de distancia y olvido.

Sucede que me originé en tu nombre. Que mi sexo garuaba cuando me tocabas los labios.

Pintaba en mis piernas el nombre de Julia  que nos evocaba el mar sin muros y sin golpes. El rumor deslizándose por los ojos y  las pestañas que se desgarraban al contacto que explotaban con tu sangre caliente

 y mis gemidos que bailaban al ritmo de garúa.

Sucede que nos suicidamos sólo por sospecha y olvido.

Sólo por ser tristes e inexistentes .

Aninada en el polvo /  de tus gritos  anidada y rota / desfragmentada palabra en agua lavando / desfragmentadas células enfermando mi sangre /  en la piel hay unos ojos de musa aterrada / en el ombligo del mundo / mi habla formulando brazos y ojos / hojas de serpientes cíclicas / más valdría no destejer mi ropa y esperar el beso de gracia / más me valiera tirarme a la cama desnuda / acariciar tus tobillos de bestia / acariciar todo el amor que se te escurre como baba divina / el juicio del humo que se disipa / los pianos de partículas y de  muchas palabras / a veces me parece que hablas demasiado / a veces me parece que lloro demasiado / ¿no es este invierno el que esperábamos? / ¿ no es este Otoño donde he de romper mi coraza y atender la espalda que arde y se fatiga? /  ¿no es todo este odio el que me tiene enferma desde siempre? / y la duda que se disipa desde mis pies hasta mis pestañas / ¿no es esta forma de abatirme la que siempre me marea?  / esta piel roja e inflamada / ¿no es  tu nombre el que viene a salvarme? / ¿sólo de agua puede ser la garúa que cae y me lastima? / cicatrizada por el barro de la nostalgia / los árboles geométricos en punto de fuga/ esperando una mano que me señale / la salida la noche se disuelve entre otros / brazos porque los míos no saben / de las madrugadas no saben de los pájaros / que mueren haciéndose / malabarismos en los cables eléctricos

El tiempo se transforma en agua o en piedra. Sobre mi vientre cae tu nombre. Sobre el agua se refleja tu nombre y en el reflejo de tu nombre tu nombre. El cielo vuelve para crear tu presencia sin retorno. El tiempo que amanece dejándome sola. Sobre mi vientre descansa el reflejo de tu boca y tu nombre que aparece intermitente. Me disperso en la lluvia. En el infierno húmedo donde fluyen mis lágrimas fatigadas con tambores líquidos. Qué sequía seguida de la tormenta. Qué advenimiento de agua en los cuerpos. Mis manos buscan su origen en tu rostro. En un abrir y cerrar de cuerpos que conducen al dominio encantado de tu nombre. Tu espalda de diluvio me mantiene húmeda.