José María Pinilla
Renacer
Poesía
Barcelona, España
IMPRECISIONES
Seguimos aquí con la misma imprecisión
de la juguetería que se entretiene en ser
un pájaro azul. ¿Qué pasa con los besos?
¿Con mis ganas de abrazar a las palabras
y esconderme entre la cueva de tus dientes
entreabiertos? Es tan bello,
como sobrevivir en tus corrientes extrañas,
pernoctar en tu piel
y hacerme estrella.
Se pasa del amor al odio
en un segundo. Será que el dolor
tiene urgencias aéreas, o que el sorbo de néctar
empalaga
y las encías tiemblan.
Será que las hojas caen por secas, nunca
por desnudas y siempre a destiempo
o que la luz de la estrella es un error
que no me pertenece.
Hay otro día. El camino
me sigue como un perro,
mientras cuento las piedras.
LA RAYA DEL ANGEL
Ese venir e ir contra corriente,
ese vestirse de trajes y de horarios,
ese apagarse mudo en el hastío,
ese encenderse bajo el silbo de la lluvia.
Esos recuerdos de amor que te han dejado,
esa fuga constante de las cosas,
esa hora confusa sin minutos,
esas lágrimas que bañan desalientos.
Ese huésped que pone en venta sueños,
ese esperar, acaso, la otra mitad del día,
esa distracción efímera, esa herida,
esa pausa en el beso, esta ansia, este reclamo.
Esa canción pegada en las esquinas,
ese negocio fraudulento del olvido,
ese dibujo del pueblo cuando grita,
ese ocio teñido de silencio.
Ese consuelo de la voz, ese olor a tierra, ese abrazo amigo,
ese bostezo roto en la garganta,
ese país en crisis que levanta naipes,
esa nube que oculta tu presencia.
Esta sombra aislada con filo de cuchillo,
estas calles desiertas, este viento, este nadie,
esta música callada, este agua ronca que se mece,
ese ángel y su espada, ese vientre.
ALGO FALTABA
Había aprendido el camino de la distancia,
los escalones roncos de las sombras
y entre cerca y lejos, la espalda del fuego,
en un adivinar de lazos quebradizos,
entre los pechos del tiempo.
A dibujar perfiles como versos,
en la vulgaridad que separa al idiota del malvado,
a medio camino entre la guerra y el comienzo,
entre el vientre de la piedra
y el bolígrafo que espera, mitad agua, mitad fuego.
Había aprendido el trazo de tu nombre,
el brillo vertical de tus letras en la arena
a tan solo tres calles de la prisa,
a dos cuadras de las ansias,
en la esquina del deseo.
Pero… no me preparé a fondo para el olvido,
ágil compañero del desenlace,
nunca embustero, con voz de niño,
de aleteos torpes y frente hueca,
con su camisa de libertad impuesta,
sin luto, entre el sudor de mis manos.
Y helo aquí: pegado a mis yemas,
cantando el himno de la despedida,
con frases hechas, ya sin respuesta
y con su olor a ala viajera,
sombra tempranera que se pierde,
sin rotura y sin retorno
en la espuma del destino.
SÍLABAS ROTAS
Perdimos los recuerdos como olvidos.
Amaestrada la memoria
hasta el sonido del silencio,
en las manos, reposaba
el reseco bocadillo del miedo
y las venas olían a cadera de progreso.
Éramos la lentitud de la palabra prohibida,
mitad rezo, mitad tropiezo,
el abecedario incompleto de la despedida
en el instante en que los labios se cierran,
en el instante en que los labios traducen
entre sílabas rotas la “i” de un “te quiero”.
OLOR A LIBERTAD
¿A qué sabe la palabra libertad?
¿Con cuántos dedos desabrocha la camisa
del lamento? ¿Por qué le sangran
los dedos de los pies?
Y siempre,
siempre huele al ayer o al mañana,
nunca a presente.
¿Porqué se calza con renuncio y
se escribe de prestado?
¿Por qué no huele a flor, a danza
o a tarde de septiembre?
Tan ciega, con su postura de perdón,
sin cobardía, ni arrogancia,
pura inercia por la gloria,
abierta a la sonrisa de la aurora,
fuego, fuego que nunca se agota.
¡Miradla! Es la confianza en la conquista,
ni huele a tierra ni sabe a cielo.
Cocina la ternura, reposa del fracaso,
y anda,
sin limosna, entre restos,
temblores de ruido,
fiesta suspendida entre los ojos,
siempre con su vocabulario novedoso,
sin dinero, ni pobreza,
sin saldo en su tarjeta, torpe
como un inventario o un balance,
intentando ordenar un tiempo,
una claridad o un desencanto.
¿A qué huele la palabra libertad,
si no es a nieve,
a propiedad o desahucio?
A VECES DOS ES UNO SOLO
Busco un mensaje que te guste,
mitad argucia, mitad silencio,
que pinte tus ojos de azucena.
Sólo encuentro colores diesel
y sílabas rotas que se quiebran.
El adiós, es un cuerpo amortajado,
huele a estiércol y a luz fundida,
duele sin dolor,
a borbotones bebe la sangre de sus bestias,
mientras sentencia la memoria
a guardar sonidos sin estreno.
Amor, amor...
Muerdo las olas del océano
con mi vientre,
hasta alcanzar ese ruido por minuto
que no cabe en el reloj,
ese hilo oblicuo del aire que desvía aves
en vuelo vertical hacia el espanto.
Si te digo amor, es por decirme
que faltan huecos en la noche,
a veces dos es uno solo,
cuando la alarma enmudece
y echo en falta ese estallido
de un mensaje breve,
confuso,
de ciento sesenta caracteres,
tal vez menos...
Nunca aprovechaste los recursos,
ni siquiera trataste de agotar el texto.
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