Selección de poesía de José Manuel Solá 

Selección y nota: Lina Zerón 

Caguas, Puerto Rico, 1944. Profesor en Letras. Autor de varios poemarios, entre ellos, Los nombres en la Piedra, libro dedicado a los caídos en Acteal, Chiapas, 1997. Un poeta laureado y reconocido por toda Latinoamérica. El cariño que la gente le profesa a José Manuel Solá va unida a una gran admiración por su apasionada fe de ver independiente a su Puerto Rico y esa postura de un expositor rígido y contundente como elegante, pero sin cortapisas. Bajo esta fortaleza, sin embargo, hay una urbanización de ternura y simpleza propia de un niño con una marcada fuerza en la palabra.

 

PARQUE DE LAS PALOMAS

 

Parque de las Palomas, crepúsculo y campanas...

En el balcón, la tarde, como un lienzo de cobre

desciende lentamente con un olor salobre

en la brisa que enreda su voz por las ventanas.

 

Una flor amarilla, un banco, unas lejanas

voces despavoridas y una muchacha pobre

que mendiga tan solo la sonrisa que sobre

con la mano encendida de pétalos y granas...

 

Revolotea el eco de pasos en la acera

que mueren en la esquina de una calle cualquiera

y un franciscano cruza la sombra de un dintel;

 

lentamente, a lo lejos, se encienden los faroles,

el mar tira en la costa su espuma en arreboles

y por la luz se aleja un barco de papel...

 

(1994, del libro "Poemas")

 

TIENE ALGO DE ESTRELLA...

 

Esa mujer que pasa tiene algo de estrella,

un algo de distancia, como un olor a ola...

el resplandor que deja la lluvia en la amapola,

un pétalo en el alma, iluminada y bella.

 

Diría que el planeta se levanta en su huella

cuando en la noche alta, por la arena y a solas,

va deshilando un canto de azules caracolas...

Esa mujer que pasa se me parece a ella...

 

A esa mujer la he visto, no sé dónde ni cuándo,

pero sé que la he visto solitaria, cantando,

igual que aquella otra que no puedo olvidar...

 

Y al mirarme en sus ojos inclina la cabeza

como si comprendiese la infinita tristeza

que me deja en el alma su mirada de mar...

 

(1994, "Poemas")

 

VIGILIA DE AMOR Y MIEDO

 

Tener la certidumbre

de una mano al alcance de la mano,

la tibieza de un cuerpo junto al cuerpo,

la desnudez como de Dios en las caricias

que bajo las cobijas se ahondan, como el hambre;

ser como un viento recio pasando por las mieses

de su cuerpo maduro

mientras los grillos cantan a lo lejos.

Y amar porque, a poco, mañana no es mañana,

porque tal vez la luna no es la luna,

porque el jaguar acecha en el camino,

porque esta calma pesa en el silencio;

huir despavorido por el vientre

y llenarla de lluvias

como un panal de luz

y sembrar de trigales el dolor de sus senos

y escuchar cómo el grito se le escapa

así como a los montes, a la vida

que en la matríz la savia irá gestando

y abrazarla en el alba con palabras y cantos

para que no haya miedo.

Ya... ya...

para que no haya miedo...

para que no haya miedo...

 

(2001, "Los nombres en la piedra")

 

VOY PASANDO ATITLÁN

 

Esta noche yo sueño a Guatemala

sobre el Atitlán;

he dejado mi cuerpo,

me libro de ataduras

y paso sideral sobre las altas tierras.

Sobre las altas aguas consteladas

las manos se hacen luz y las estrellas

van cruzando mi espíritu.

La lejanía trae un eco de marimba

y acaso es la tristeza del silencio.

Esta noche yo sueño un pueblo que trabaja:

la ilusión que se cuelga como un tiesto,

como un sombrero viejo en la ventana;

la esperanza que uno se echa al hombro

cuando sale a la calle y no se tiene

horario de regreso o de descanso;

el bolsillo raído donde te vas guardando

la pobreza; la mirada

que se va deshaciendo

sobre nuestros zapatos

desgastados de sueños y promesas.

Esta noche yo sueño con los ojos de Dios

y me pregunto...

 

(2001:  "Los nombres en la piedra")

 

ERAS COMO UNA TARDE DE MONTAÑAS

 

Eras como una tarde de montañas,

como una hoguera virgen entibiando las manos,

como un hogar a donde regresar

después de la jornada, así eras;

eras tú tan ausente y tan cercana,

tal como esas frases que se dicen

cuando se acaba el llanto

y tan solo nos queda mirar por la ventana.

Y tenías entonces una forma muy tuya

de descansar la cara entre las manos,

de desatarte el pelo,

de morderte los labios,

de arrebujarte toda en la butaca,

de dormirte en mis brazos...

Eras tan suave como la tristeza

de una tarde de montañas

y eras la soledad de un árbol en otoño

y desde tí volaban

las olas del crepúsculo y los pájaros...

 

(2003: "Hay luz en esa casa que fue mía")

 

ME HAN DICHO QUE HAS PASADO POR EL PUEBLO

 

Me han dicho que has pasado por el pueblo

y no saben por qué o si alguien te esperaba

y no saben si el niño a quien hablaste

era tuyo o del sueño o de la aurora

o un niño de la calle o del pasado.

Me han dicho que te vieron por tan solo un instante

perderte entre la gente y que tu pelo

aún es como un pétalo y que por tu mirada

aún vuelan las alas de los pájaros;

que aún sonríes triste, como entonces,

que aún tus labios suaves e inocentes

conservan esa cosa de niña que ha pecado.

Me han dicho que te han visto y que no saben

si aún me recuerdas, si me nombras,

si equivocas el nombre de otro y me mencionas,

si te besa algún niño y ves mis ojos

al mirarte en sus ojos cuando te está mirando.

Me han dicho que has pasado por el pueblo

y que aquel mismo anciano que vendía las flores

te regaló una rosa y que al tomarla

te ha temblado la mano...

 

(2003:  "Hay luz en esa casa que fue mía")

 

POEMA II

 

Como una sombra azul que corre sobre el agua

va pasando la noche.

Mi corazón no es más que una hoguera desolada.

El niño pobre que habitaba el canto

se ha marchado una tarde con mi nombre.

Tan solo quedo yo,

si es que acaso esto es vida...

Tan solo quedo yo

y ya nadie me nombra ni me llama...

 

(2003:  "Hay luz en esa casa que fue mía")

 

 

 

HABIENDO DESCUBIERTO LAS PALABRAS

 

Habiendo descubierto las palabras,

con dos trazos de fuego en el espacio

hizo el hombre su signo

de pie bajo los astros

y de la azul hoguera

caminó los poblados

descalzo y solitario en el rocío.

Un caballo de luna, alas de viento

y un cántico viajándole la herida de los labios.

Conoció el hambre.

Sintió cómo la vida

se acentuaba en el pulso de las venas,

tuvo dolor, lo supo

en el aura, en la voz,

en cuanto fue quedando en los caminos;

sintió el cansancio.

Así se supo humano,

capaz de un llanto hondo.

Y desde entonces sabe

que en los puños llevaba otros conjuros…

 

 

                                               

 

 

BAJO LA INMENSA SOLEDAD DEL MUNDO

 

La tierra se pobló de trinos verdes

y la mujer nació cuando la media luna

lavaba sus cabellos

en las islas azules de la noche;

la alumbraron los astros junto al dolor de un río

y traía la vida cargada de trabajos;

se abrió como un perfume que se vierte,

como una fruta dócil en las manos,

se abrió a la vida en pétalos

y estuvo de rodillas bajo la lluvia inmensa

que cubrió el continente aquella noche larga.

Luego vino la aurora de otro día

y todo tuvo hambre de su cuerpo:

 la tierra, el hombre, el llanto,

el dueño de la tierra y sus hermanos.

Y la mujer fue fruto de agua viva.

Entonces Dios bajó sobre su vientre

y la cubrió en sus plumas

y llenaron el viento los gritos de los hijos

y se pobló la tierra del susto de los pájaros…

 

 

                                               

 

 

PAPALOTI

 

En el día de origen del mundo americano

la selva se llenó de mariposas;

los árboles gigantes, las lianas,

las sombras verdinegras,

se cubrieron de alas

y el viento iba frondoso de presagios

por la tierra invisible;

un aleteo azul se alzó bajo los astros esa noche.

Allí nació Acteal;

en la corteza de los árboles nuevos,

en la silvestre soledad del mundo,

del zumo dócil de los primeros frutos,

de la primera mariposa

que se posó en los ojos de los niños.

Algún día el jaguar entrará en las aldeas…