Ileana Garma

1985. Mención honorífica  del premio Estatal de poesía “Jorje Lara” 2004 , ha publicado en la revista Navegaciones Zur y  en el suplemento Arena del periódico Exelcior. Actualmente, su poemario “Ráfaga sin nombre del Apocalipsis”, forma parte de la antología de Poetas Noveles del Estado, la cual se encuentra en  imprenta. Asiste regularmente a los talleres de creación literaria del Centro Yucateco de Escritores. Participo en el encuentro de escritores del caribe con cede en Playa del Carmen y estuvo representando al taller del INJUVY en el encuentro de talleres del Estado con cede en la Universidad Modelo. Es integrante del taller literario Grietas, coordinado por Adán Echeverría. Es becaria del Fondo Estatal Para la Cultura y las Artes, en la categoría de creación literaria y  Capacitadora tutora de Instructores comunitarios, del Consejo Nacional Para el Fomento Educativo.

 

Voy con el presentimiento que se enciende

pendiente de la línea

sin retorno

                un pie

o una cara cubierta de plástico

sobre la mesa

                     más allá del ojo seco e incansable

el dedo         como disco que se rompe

 

Desde una boca

que no se aplasta

ni se une

en condición de escalera

por la mandíbula

                        con la idea de serlo

sólo me habite

como una parte

para marcar el camino

con el vaho de las entrañas

 

estoy en la inmensidad del espejismo

como vela de muertos

mientras cuento los ladridos del alba

golpeo el pozo con el canto del machete

me baño con la sangre de la tierra

hasta provocar que arroje oscuridad

pozo oscurísimo

mitad abierta

esa tierra que tiene la sangre

esa sangre aún de la noche

 

No lo sé

tengo el presentimiento de ser un ojo solamente

un dedo

una boca

 

mi agonía persiste con el miedo de adherirme

             como el pozo colgado de la oscuridad

a la tierra

a la sangre

       al día que comienza


Duele comenzar

Con escorpiones dentro de la piel

nada puede hacerse

uno tiene que seguir caminando con la boca sanguínea

siempre abierta

 

enhebro todas las selvas para la cuna del odio

esta voz se derrite en la articulación del aire

sólo quedan letras

                      y la muerte

es un sillón con una planta preñada de machetes

que nada dice

 

como alfileres en un semicírculo a mitad de la calle

empiezan a recorrer mi espacio los caminantes

empiezan a poblar este cuerpo

 

Estoy al borde

algo cae

                ¿ojos?

¿quién me arrancó los ojos y los dejó tirados?      

         cucarachas muertas

 ¿quién me dejo a disposición de las hormigas?

 

El contorno del grito sobre mi ojo

se cierra y vislumbra manos

dedos             bocas

 

tengo que cerrar todas las puertas

alguien puede entrar

alguien puede volver a lastimarme

 

hay moscas afuera

moscas que esperan que deje una abertura

                                     estoy al borde

el contorno del grito me ha cortado

 

aves de rapiña picotean las ventanas

 

estoy al borde

                        aquí

                               un muro de tierra

camino pegada al muro de tierra

sólo luz

sólo sombra

luz hasta mis hombros

sombra en la orilla de la luz

luz en la periferia de estos pasos de sombra

 

ramas

dos caminos que bifurcan

un camino de pies

arroyo de sangre

del doble hombre perpendicular que soy

mi sangre

           pasos

           una mesa y el altar de sombras

debajo un perro con las patas para arriba

el vientre hinchado

soporta la parte posterior de la mesa

es el sacrificio hasta la luz    en el borde

y le muerden las ratas

se enrollan serpientes

más no duele mucho

sólo hiere

 

estoy al borde

se caen las ventanas

             ceniza

estoy en el suelo

mosca-serpiente

ave-rata

todo aquí es ponzoña

el veneno

               todo sabe hacer

no destruye
 

El silencio estridente se arrastra por mi pierna

con su lengua de marasmo

 

Estamos rotos en la celeridad       del laberinto

cuarteados en el miedo

 

Somos una tumba con su reloj

y llueve

no ha dejado de llover            

¿hace cuánto que no para de llover?

 

estoy en una jaula inundada de gatos

hasta el final de estar adentro

 

estamos destilando carne

sangre

¿quien puede tapiar las venas?

todos sabemos

que habitamos la eternidad         la tristeza.

 

 

Me ahogo

en una vela que ha prendido el sueño

un cuarto oscuro

los espejos

rostros que habitan la pared

toda la cáscara

todo el dolor

el círculo violáceo del eco

el hueso amargo de la tristeza

todos los labios

y la noche áspera

en la fuga que ha quemado al sueño

 

No hay puertas en la lluvia

te conducen a mi sombra

y sin embargo

estás

¿estás?

 

Alguien avienta flamas al aire

alguien encierra al viento en un reloj

alguien habla de los pasos que no se oyen

alguien pisa mis latidos como un trueno

 

A veces pienso en la sutil burla de la oscuridad

en sus espejos que asaltan como instantes de lodo

en el eco de sus dedos que fragmentan las manos

y con un sequito de grillos desdoblan al insomnio

a la pulsación en una sempiterna llaga

en un solsticio

 

No quiero tocar la sombra de la lluvia

No quiero caer en gotas de silencio

 

Para correr por el túnel

hay que llegar a barcos como escaleras a punto de caerse

Para correr por los pasillos de l sueño

hay que llegar a un día lleno de ojos

como la verdad

 

Sobre las paredes permanece tu lenguaje

Tu lenguaje de agua no entra más que a mi cuerpo

Tu rostro es el resquicio mudable del incendio

calles donde es posible el escape

 

Del otro lado del nombre

la piel se descubre y se talla a sí misma

la desnudez es una habitación inundada por la luz

pero no encuentro donde colocar mis semillas

y nada crece en esta claridad que cubre los muros

en el accidente de un vientre que extravió la oscuridad

 

Todo el musgo viaja por mis labios

todo el asombro arde en la vigilia

 

he sepultado al peso de la noche en una hoja

he arrojado una piedra al principio de la conciencia

hoy regresa el germen del relámpago

hoy han aleteado de nuevo

líneas de una mortaja.


En cuerpos sucesivos

Como horas en combustión de la mañana     

Abro la puerta

voy al tiempo de la orfandad

como la medula triste de la muerte

como el sudor desfilando por un  rostro

 

La luz desemboca

en una mañana sin nubes ni existencia

y tal vez

la gente de esta calle se estremece

y disimula

desde los puntos interrogantes de la carne

 

                                          entorno a la llaga del despertar

 

Caen los huesos y el deseo

ya no tengo cuerpo para tenderme sobre una sábana

sabana de cuerpos que no caben en un ojo

 

Doy un paso

puntual a la quietud

 

Porque vibra la tristeza próxima a desgarrarme

camino en prolongaciones de lodo

entre la sangre y la temperatura del cráneo

por un dolor que permanece en la frontera excesiva de las calles

 

La ciudad

es recorrer la palidez adulta del insomnio

mi niñez chocando con los pies del que viene

en una escarpa dilatada e insegura

donde inversamente avanzo y le miro la espalda

a  la calle

al niño

a las vertientes

                

La ciudad

Niebla que amasa a los otros          los ajenos

                  Nadie me conoce

en el relieve del polvo

en el talón

 

Voy al vacío en dirección al nacimiento de esta neblina

a la unidad del odio concentrada tan reciente

tan eterna en el calcio

a una edad que paralelamente se mueve en la cuchillas

con el hondo secreto de la flama

 

Estoy exento de tacto

 

De súbito mis pasos rompen la lira circular del viento

soy un mendigo en la prisión fetal del abandono

hasta el durísimo escondite

de la tibieza

                                                     puntual a la quietud

 

Es mi voz la que se ha caído al suelo

a un enjambre de ecos y niebla

a un cielo como la vastedad

en un ojo

de donde cuelga el cable rojo de la ensoñación

 

Hay astillas en el fondo del aire

 

Para no comerme las cenizas juego a que hay ventanas

juego a que no estoy en el fondo

Para no jugar me como las cenizas

y me digo:

debo estar soñando

 

Mi ausencia es una flama que gotea hojas secas

un árbol de palomas que se disuelve

bocanada de silencio

agudísima luz de la mandíbula

párpado atravesado por la podredumbre

herida.