Cecilia Lobato  Martínez

Un muchacho y 33 disparos blancos

Uruguay

Solemnes enviados

Arremeten sin pausa

Las tres de la madrugada,

Las contracciones del alma

Me hacen parir letras claras.

 

La ciudad tambalea

Como un gigante herido

Por el trajín de la vida;

Y así como de improviso

Sin botas de siete leguas

Cae al silencio dormida.

 

Arremeten sin pausa

Las tres de la madrugada,

Y voy cargando el revólver

Sin prisa, pero apurada.

 

Una bala de papel,

Una bala de grafo,

Una bala de tinta;

Y por último

Gatillando las letras,

Una bala palabra.

 

Esa, saldrá despedida

En un trayecto muy largo,

Pero sin perder potencia

Llegará hasta tu costado,

Pues no hay chaleco

Anti - tinta,

Anti - grafo,

Anti - papel,

Que detenga a mis

Solemnes enviados.

 

Alguno de todos ellos

Se quedará agazapado;

Y a las tres,

De madrugada,

Con contracciones de parto

Arremeterá en tu alma,

Sin prisa,

Pero apurado.

 

 

 

 

Viento norte

 

 

Hombre de trigo, dador de espiga

Leudado con cáscara consciente

Pan tostado y adentro pura miga.

 

Hombre de caña de azúcar,

Tabaco y ribereño monte,

Hombre dureza de la piedra,

Soplando sobre el río

Fuerza del viento norte.

 

Hombre trabajo y sacrificio

Rompiéndote las manos

Llevándote la vida.

 

Cabecita de plata:

Hoy quisiera mostrarte

El número

 que han alcanzado 

Mis zapatos,

Y ya no puedo,

A causa de tu invierno terminal

Medido y fechado de antemano.

 

 tus últimos brotos

 de azahar naranjo,

Perfume del salto tuyo

Y ahora mío,

Herencia de tu voz

Y de tus manos.

 

Papá corazón de pura tierra

Amor de tierra adentro

Tan cálida y tan seca.

 

Quédate soplando con el norte

Desordenando mi rubia cabellera

                          quédate,

                  no quiero despedirme

Y hace tiempo que te debo este poema.

 

 

Canto a la tierra

 

 

Como si fuéramos jueces, le pusimos precio

A tu cabeza, más bien a todo tu cuerpo.

Te acribillamos en el nombre del padre,

Del hijo y del espíritu del progreso.

 

Aún así,

 te yergues

Como un gigante adolorido

Con tu agujero de ozono,

Con tus verdes pulmones lacerados

Con tu acibarado llanto te yergues

Con tu humus derrotado,

Con tus fluidos vitales contaminados

Y tus empetrolados pájaros y peces.

 

Una vez más, te yergues y te echas

Al hombro ésta sentencia de muerte

Y sin anestesia, ni cesárea,

Sigues pariendo la vida empecinada.

 

 

 

 

 

 

 

Dos pasajes

 

 

Leo  en tus ojos

Pedazos de poesía

Y de pronto me encuentro

 por extraños caminos,

                              vago mundos,

      abrazos,

             y besos sin testigos.

 

Tu mirada tatuada

En mi memoria

Me lleva hacia su centro mismo

En hipnosis consciente,

A tus pupilas.

 

Tus ojos tienen sombras

Del valle de la luna,

Luciérnagas, diamantes,

 submundos siderales.

 

Cuando abres los párpados

Y en mi dirección miras

Encuentro dos pasajes

A viajes de aventuras,

Que tienen nuestros nombres.

 

Tus ojos son un germen

Germinando a destiempo,

Porque no somos nosotros

Los que fuimos tantas veces.

 

Tus ojos me torturan

Y  a la vez me acarician,

Tus ojos son el mar,

El bosque, la montaña...

 

Tus ojos traen a mi alma

Ciertas enfermedades

Que sólo en la distancia

Pueden hallar la cura,

Porque si bien mirarte

Me devuelve el oxígeno,

Tus ojos son también

Mi copa de cicuta.

 

 

 

No sé qué

 

Montevideo en el alma

Tiene un olor a no sé qué

Que se te queda pegado

Entreverado en los pies.

 

Un olorcito a boliche,

A canto viejo,

A café.

A calle rota,

A huida,

 a noche dormida,

A exilio y después.

 

Un olorcito a destino,

A tren perdido de ayer,

A mate viejo,

A pereza

A tradicional pereza,

A crítico y juez.

 

Un olorcito a entender

Que aunque  yo ya no los cuente

Siempre treinta  o más tendré

Y que mis canas despuntan,

Julio temblando en mi ser.

 

Un olorcito prendido

A tango y tinto febril.

A lonja tibia en febrero,

Y a una llovizna que limpia

Casi hasta el alma en abril.

 

Un olorcito a domingo,

A estadio lleno por fe,

 creer en el maracanazo

 tal vez un día,

                                     otra vez.

 

Un olorcito de ancestros

Mi ciudad con naftalina,

Cuaja presencia de lunes,

Cae entre cruces el día.

 

 

Un olorcito a la rambla

A paso lento , ya ves.

A un horizonte que sueña,

A mar revuelto

Y  a usted.

 

Montevideo en el alma

Tiene un olor a no sé qué

Que se te queda pegado

Entreverado en los pies.