Selección de poesía de Camilo de Ory

Por Lina Zerón

Camilo de Ory nació en Segovia y en 1970, si bien reside en Málaga desde que era niño. Es licenciado en Psicología, pero no deja que eso le afecte. Ha sido encuestador callejero, tertuliano en la radio, dependiente de una droguería, profesor particular, recolector de aceitunas, periodista de calle y guitarrista en bandas ignotas. Durante varios años ha vivido de las mujeres, aunque espera que a partir de ahora las mujeres puedan vivir de él.
Es columnista del diario La Opinión de Málaga. Ha hecho cosas para Sur y Metro Directo y para las revistas Mercurio, Mondo Sonoro, Variaciones y Mala Impresión. Ha sido, más o menos, comentarista de actualidad en la Cadena SER. Ha publicado el libro de relatos ‘Cosas con la lengua’ (Arguval, 2002), el poemario ‘Lugares comunes’ (Pre-Textos, 2006, Premio Emilio Prados) y el cuaderno nº 3 de la colección ‘Máquina y poesía’ (Centro Cultural de la Generación del 27, 2000). También poemas y cuentos en revistas como Extramuros, Puente de Plata, Cuadernos del Matemático, Turia, Liberlect, El Maquinista de la Generación, El Robador de Europa, Litoral y un corto etcétera. Ha sido antologado por Rafael Ballesteros y Francisco Ruiz-Noguera.
Además del Emilio Prados, le han sido concedidos los premios Ateneo-Universidad de periodismo y Ciudad de Málaga y Semana Cultural de Benagalbón de narrativa breve.
El premio Emilio Prados le ha hecho descubrir su verdadera vocación: la de perceptor de becas y subsidios.

POESÍA de Camilo de Ory

Te quiero entre las ruinas y el aire acochinado,
no en otro lugar;
no luciendo la seda, sí cubierta con trapos,
siempre peor que yo.

(Del libro inédito 'Certezas')

PIERCING

Pendiente de tus labios me comparo,
abrazado a tu carne, manos, garfio,
plata de ley, no irritaré tu piel,
eres mi pez, yo anzuelo, ve tirando,
Fortuna, del sedal.

(Del libro inédito 'Certezas')

 

FRONTERA SUR

Oiga, con mi caballo
nada me queda lejos;
llaneo bien, campeo,
sé que puedo alcanzar

Pecos en un suspiro;
llegar antes que usted,
bañarme en un barreño
-dejar el agua negra-,

mandar la ropa al tinte
a que la lave un chino,
y esperarla en la cama
fumándome un cigarro.

(Del libro inédito 'Certezas')

ASÍ EXISTE ESTE AFECTO

Igual que el agua quema
si hierve,
como el descanso agota
y el no comer acaba con el hambre
y una cerveza quita la resaca;

como termina el viaje
al alcanzar el punto de destino;

como da sed el vino,

como es posible hablar sin decir nada;
como crecen las uñas de los muertos,
existen los afectos.

(Del libro inédito 'Certezas')

Nadie en el espigón

En este punto un mundo
invade el otro mundo.
(Me resisto a creer
que el mar sea otro mundo.)

Nadie me dio jamás un primer beso
aquí. En estos tiempos
los besos nunca son primeros besos.

Miro morir las piedras
que dejan de ser piedras.
Miro pasar los barcos,
despacio, como barcos.

Las olas se repiten
como si fueran olas.
El mar, por repetido,
deja de ser hermoso.

Estas rocas permiten
que andes hacia la nada
y que entres sin entrar
en el mar que no cesa
de ser mar, de ser nada,
que siempre se repite.

(De 'Lugares comunes')

Mercado de costumbre

Volver a descubrir
el suelo pegajoso,
las señoras con carro,
dueñas de sus sardinas,
de sus modernos kiwis.
Nuestra tendera púber,
que no sabe callarse
o no quiere callarse
y vende pan y kiwis
y huevos de gallina,
huevos como hijos suyos.

La mujer que tortura
al vecino en el cine
—soberanas mujeres
del pueblo soberano—
con torpes comentarios
sobre la torpe cinta
encuentra en el mercado
objetos más afines
a su forma de ser
y busca en la mirada
de los peces dormidos
una noticia cierta
de una playa lejana.

(De 'Lugares comunes')

 

Hemos visto a los locos

Hay locos que duermen
la mona eterna en los portales,
locos cuidadosos
que se cierran la bragueta con imperdibles.

Hay locos que saben
que las monjas dan sopa a mediodía.

Hay locos de cine, locos de aire,
locos con capa y espada de madera.
Locos de parque a oscuras,
locos de noticiero.

Algunos esconden la mirada
porque creen que esconden el espíritu,
como otros exageran su locura
para hacerla parecer intencionada.

Hay locos que necesitan la conversación
para inventar recuerdos.
Hay locos con familia y ducha y ropa limpia.

Hay madres que visten a sus locos
con polo o con camisa;
hay madres que los peinan con la raya al lado,
como quien pone orden en una cabeza.

(De 'Lugares comunes')

Frente a un instituto, público por más señas

Me da igual lo demás,
la arquitectura plana,
la escalera vacía,
el cemento, el pequeño
jardín que todos pisan.

No miran cómo miro
sus cuerpos llenos de alma.

Será igual cuando vuelva
al cabo de los años,
al cabo de la vida.
Siempre estarán aquí:
ellas son inmortales.

Siempre tendrán mi nada
grabada en la memoria.

Siento envidia marrón
del Dios que las vigila.

(De 'Lugares comunes')

Cementerio inglés

Decido no apartar los ojos de la entrada
y atender al rumor nacido del silencio
para intentar creer que ese murmullo solo
me aleja un metro justo de la muerte sin vuelta.

Decido estar de paso y sentirme aún ajeno
a la tierra y la fosa en la tierra, por tanto:
limitarme a mirar y ser sólo un curioso,
un turista vestido en la playa más seca.

Sin conocer el sitio ya puedo señalar
que una tórtola pasa gritando como un cuervo.
Los tréboles subrayan el adiós a la suerte
y cubren la vereda cómplice del olvido.

La costumbre ha grabado cada nombre en su piedra
y libra a los que viven de tener que esforzarse
por recordar a nadie, ni cómo se llamaba.
Sin saber de qué hablo, creo que puedo hablar.

Hay mil lápidas dignas para mil muertos dignos,
honestas sepulturas de mármol extranjero.
(Decido respetar y honrar a los que faltan:
no me dejo arrastrar por la duda ni el método.)

(De 'Lugares comunes')

Tarde en las escaleras

Comer en el McDonald´s nos parecía caro.
Cinco litros de vino
nos parecían nada.
En la conversación se abría cada mundo
a los mundos vecinos, y era lo coincidente
que había entre nosotros lo que me sorprendía.
Se nos hacía tarde
en esas escaleras
frente a la residencia de muchachas y monjas.
Si en alguna ventana se recortaba un cuerpo
era objeto de inocua bravata adolescente
y de adivinación del pasado inmediato
(se bañaba y salió a coger el teléfono).
Hubo planes de asalto a aquella residencia.
Eran perfeccionados cada noche.
Seguimos
sin franquear la valla, sin trepar las paredes,
sin forzar la ventana ni engañar al bedel;
sin hacernos pasar por hombres con permiso
para cruzar la puerta de acero que separa
la escalera verbal del jardín o la vida.

(De 'Lugares comunes')

RETRATO

La noche era un preludio de la noche.
Tu verbo se hacía carne con frecuencia.
Verbo de bar y carne apresurada
o verbo apresurado y, sin más, carne.

Temimos que pudieras enfermar
de tanto amor prestado a tanto prójimo.
Creo que no querías encontrar
y por eso buscabas. (Le guardabas

caótica sumisión a tus afectos.)
Los soldados más rasos desfilaron
por tu cama en íntima legión,

firme y horizontal. Yo elogiaba
tu política de hechos consumados
interesadamente, por supuesto.

(Del libro inédito ‘En compañía de otros’)

POEMA SIN MUJER (II)

No acabas de marcharte todavía,
tu ausencia es apenas un recado,
la soledad se resuelve en estado
latente (pero ya sabe que es mía).

Y heme aquí, hebdomador de días,
de silencios apenas estrenados.
Me acostumbro a vivir en este lado
de la calle. Pensaba que volvías.

Quedan campos minados de reproches.
Llegará la consciencia de lo triste
que resulta un adiós haya o no acuerdo.

Falta verbo y costumbre por la noche;
confesar en los bares que te fuiste
y cerrar una puerta. Te recuerdo.

(Del libro inédito ‘En compañía de otros’)

HE SIDO UNO DE ELLOS

Yo les miro jugar con el respeto
absurdo con que todos los adultos
contemplamos los juegos de los niños.
En la risa inocente
de los niños

late el presagio de lo inevitable.
Crecerán hasta ser algo peor.
Lo llevan en la sangre y es probable
que la letra no llegue a entrarles nunca.

He sido uno de ellos. Los conozco.
Sé que muchos aceptan cigarrillos.
Algunos no controlan sus esfínteres

y todos se declaran insolventes.
Lo lógico sería sentir miedo:
yo nunca les dirijo la palabra.

(Del libro inédito ‘En compañía de otros’)

ERAS DE RISA FÁCIL

Eras de risa fácil y también
llorabas fácilmente. No tenías
pudor con esas cosas. Cada día
era un acontecimiento que tu piel

sabía celebrar. Ser para ser.
Vivir para vivir. Muerte dormida.
Odié como una boba consentida
tu afición a las flores de papel

y a otras formas teóricas de engaño.
Negabas tu intención de hacerme daño.
Hay que negarlo todo. Me abrumaba

tu terca propensión a los extraños,
tu más que inexorable entrar en años,
tu forma de mirarme. Casi nada.

(Del libro inédito ‘En compañía de otros’)

Reconozco catorce adicciones.
Al parto: nazco en todas mis vidas,
al café solo y a la comida,
al humo respirado por otros.

Al aire, claro, a usar calcetines
de octubre a mayo, y siempre otra ropa
del gallo a doce, a veces de noche
también. Casi siempre.
Más: siempre.
A mirar a las chicas que pasan
y a pararme a mirar a las quietas;
a callarme verdades dañinas;

a presumir de guapo entre feos
y de listo entre guapos.

Dormir.
Duermo tanto como me permiten
los cafés, el insomnio, el calor,
otro vicio: el de confabular,
ese ruido, el trabajo y las chicas.

Hay más. Reconozco catorce.
Catorce; está bien para un día.