Antonio Carvajal
Nació en Albolote (Granada) en 1943. Desde su juventud ha venido escribiendo y publicando una amplia obra poética, que consta ya de una veintena de títulos, iniciada con Tigres en el Jardín (1968).
En 1968 pareció en la colección de poesía el primer libro de un poeta granadino de 23 años que sorprendió a los lectores por la belleza y la maestría de su escritura, así como por la originalidad del camino elegido, arte diferente de los que por aquel entonces primaban en la poesía española o esperaban a surgir con aires novísimos; en 1975 y en la colección Silene se publica "Casi una fantasía", libro escrito en 1963 y primero, por tanto en la trayectoria de su autor que por entonces ya había dado al público "Serenata en navaja" 1973, otra de sus obras iniciales; Antonio Carvajal daba comienzo hacia una trayectoria que hoy ha transcurrido un tercio de siglo, ha confirmado plenamente lo justo de sus planteamientos y la capacidad de su autor para continuarla y desarrollarla con éxito, los numerosos títulos publicados con posterioridad, muchos de ellos así lo atestiguan, como "Una perdida estrella", la antología de su obra preparada por Antonio Chícharo y aparecida en 1999 permite un recorrido por lo esencial de todos ellos, pero estos dos libros primeros resultaban imposibles de encontrar en su totalidad, desde que se agotó "Extravagante jerarquía", la recopilación de su obra escrita entre 1968 y 1981, la revisión de "Casi una fantasía" y "El tigre en el jardín" permitirá a los nuevos lectores descubrir en su poesía a un poeta que desde joven, cuajaba magistral.
VIII
LA CORBETA ATREVIDA
La mesa estaba puesta: Dios tiene un solo dedo
para mover la sopa como mueve las olas.
Cucharas y guisantes destellan con denuedo
en el risueño brillo de un par de cacerolas.
¡Oh Dios! Color de rosa, blanco mantel de miedo,
coge mi corazón como dos caracolas,
y llévalo a tu oreja, a tu tímpano acedo,
mientras la mar se ensancha y en su filo te amolas.
Toma un trozo de carne y un pedazo de pera,
navega por los ríos, navega por la espalda,
hiende mis manos tibias, destroza mi frontera,
oh Dios, dulce corbeta, amor mío, guirnalda
de frutas, besos, aire, mientras la nube espera
blancas velas abiertas en un vientre esmeralda.
IX
Amor mío, te ofrezco mi cabeza en un plato:
desayuna. Te ofrezco mi corazón pequeño,
y una vena fecunda que tu lengua de gato
ha de lamer, ya claras las arrugas del ceño.
Otra copita, y basta: Amor mío, qué rato
más feliz tu mordisco, como un nudo de sueño.
Yo escalo las paredes, tú apacientas un hato,
y yo balo en la sombra como cabra sin dueño.
Para ti no es la sombra, para ti es sólo el día,
mi Amor nunca tocado por un dedo de bruma,
mi Amor nunca dejado por la indemne alegría.
Te ofrezco un dedo de rosa y unos labios de espuma,
Amor mío; te ofrezco la lengua que tenía
cuando dije tu nombre y era el eco una pluma.
(Del Tigre y el jardín, 1968)
SIERPE PROFANA
Quién tanto te adoró, muerde tu pecho
y desata torrentes carmesíes;
tiene en las sienes pulsos colibríes
y undoso el pelo como el crespo helecho.
Dardo de luz acomodé en tu lecho,
duras palpitaciones y rubíes.
¡Y qué fundirse nardos y alhelíes
culmen mi cuerpo de tu cuerpo y techo!
Labios que te invocaron, como a diosa,
bajo tu vientre ya volcán obsceno,
sobre tu piel serpientes de zafiro,
azules de pasión –no de veneno-
sorben, caliginosos, tu ebria rosa
e, hidrópicos de anhélito, el suspiro.
(Serena y magia, 1973)
INVIERNO
Los árboles de frondas
perennes, su cortejo:
el cedro y la palmera
y el florecido níspero
que, si esbelto, compite
con el magnolio, lleno
de rubíes y pájaros
cuanto rival del cielo.
Allí tú: pozo y fuente
que cumplen en silencio
su gozosa tarea
de arrullar nuestro sueño,
nuestro bullir de sangre que germina,
nuestro crujir de tierra cuando el tiempo
pone su triste mano en nuestro rostro
para fundir con lágrimas su hielo.
(De un capricho celeste, 1988)
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