Selección de poesía de Angélica García Santa Olaya
Nació en 1962 en la ciudad de México. Es licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva por la ENEP Acatlán, UNAM. Trabajó en radio, televisión y prensa escrita como redactora y correctora de estilo. Formó parte de un grupo de teatro independiente y estudió pintura. Obtuvo el Primer lugar en dos concursos de cuento breve e infantil en México. Formó parte de los talleres de Alberto Chimal, Federico Corral Vallejo y Saúl Ibargoyen. Ha participado de encuentros internacionales de poesía y cuento en México, Brasil y Uruguay, lugares donde ha sido antologada, y Cuba. Autora de los poemarios “Habitar el tiempo” y “Dedos de agua” editados por Tintanueva Ediciones. Tiene publicados los cuentos “El Sollozo” y “La casa de la tía Rotulia”. Ha sido publicada en revistas electrónicas de Chile, Brasil, Cuba, Argentina y México. Es egresada de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Forma parte del Consejo Editorial de Tintanueva Edicionesy del Comité Organizador del Festival Latinoamericano de Poesía “Ser al fin una palabra...”
POESÍA
el silencio,
el taller, la parcela,
la emoción,
el hierro, la semilla,
el papel,
el yunque, la tierra,
la palabra,
el mazo, la hoz,
el poema,
la forja, la flor.
PERIFÉRICO
Una cruz de metal
a la orilla del camellón,
rosa plástica sin aroma
aferrada al hierro,
descolorida, sola,
abandonada por el verbo.
Dos morfemas tristes
invocan un recuerdo:
“aquí falleció...”
El iris de caucho impasible
prosigue su carrera
al calor del pavimento
a las doce del día.
PASA
Pasa que me canso de amanecer
con la cobija desgastada y
la palanca del baño que no sirve.
Pasa que ya no me divierte
alimentar al cactus que sólo
me regala sus espinas.
Pasa que no me gusta ir al súper
y al regreso volcar la compra
sobre la mesa
y darme cuenta que compré
productos perecederos.
Agrios limones,
jitomates magullados,
cebollas de frágiles entretelas
y engañosas manzanas que me
hacen llorar con el germen
de su aroma putrefacto.
YO POEMA
Mi sangre se esparce sobre la hoja de papel.
La sal y la miel de mis células autoescindidas
como impíos tornillos,
estrangulan las palabras sujetándolas
para que no escapen.
Mi alma deviene tinta y sustantivos.
Las líneas se retuercen, se contorsionan
como moluscos al sol
en la angustia displicente de una desnudez
cubierta, tan sólo, por la mirada de todos.
MARIPOSA CON LUNARES
Abre los oídos
un perro ladra en el horizonte de concreto
líquida frontera que se oculta
tras el negro disfraz del día
Cierra los ojos
una mariposa agita sus pétalos de gamuza
suplicándote que secciones el tallo
que sodomiza su vuelo
La flor de antenas doradas
olisquea la libertad
en un jardín de bytes megacinéticos
Es necesario...
un muro que sostenga los primeros pasos,
un rincón donde macerar los sueños,
un botiquín lleno de antisépticos
para curar heridas en rodillas y corazones,
un suelo firme sobre el cual reedificar el orgullo,
la puerta que separe el llanto del olvido
y conozca el instante preciso del ceder,
una cocina con un plato de sopa a la espera
para remojar el desgano al regresar del trabajo,
una sala grande que abrace a los amigos
y desarrugue su falda para bailar, cantar
y recomponer el mundo con dos tequilas
y tres canciones que refresquen el alma,
una ventana desde donde esperar
a diario los ojos que destejen la fatiga,
un jardín que albergue una higuera
bordada de pájaros para leer a Neruda bajo su sombra,
una habitación limpia y bien iluminada,
una cama mullida y un sillón junto a la ventana
para recordar
el muro que sostuvo los primeros pasos
y el rincón donde macerábamos los sueños.
SUSAN SONTAG
Tercamente,
mudas de piel
ayudada por la brisa.
Un espejo de escamas nómadas
bordan tu imagen perdida
en el remanso imberbe
de la ribera.
Sucede sólo que cambias
de rumbo abrigada por
tu impermeable pelaje
de loba.
No duermas,
fractura con tu aullido
desde el fondo de la poza
el velo astigmata
en que posa sus patas
la mosca panteonera.
ESPACIOS
Afuera,
la calle ruge,
quiere tragarse la noche de un solo bocado;
gato salvaje en sus dominios
se apresura sobre el asfalto
azuzado por un letrero neón
que adolece del acento.
Adentro,
mi almohada ronronea,
quiere estirarse y tocar con el filo de las uñas
los suaves cabellos de mis ángeles caseros
y las jacarandas dormidas que alfombran
las plazas de mi tierra,
un grano de maíz viajó de polizón en mi maleta.
Buenos Aires, 2 abril 2005.
MIXTECA
La sierra se recuesta sobre la llanura
para asolearse
como una muchacha olorosa a pan de canela y chocolate.
Sus pechos florecidos
apuntan al techofuego
que le regala un beso blanco en el pezón de jade.
Para sus trenzas
las nubes desgajan sus copos en la rama del cosahuate.
Para sus venas
el sol se pincha la sonrisa
derramando su sangre en la tostada piel de la mixteca.
Desatas las ligaduras
de mis velas insomnes
–dóciles membranas
distendidas
a tu llamado de
viento en popa–
soy un fantasma
que monda
con roja lengua
la cáscara
del tiempo...
merodeo,
busco,
embosco en húmeda cárcel
la puerta principal del laberinto
igual que se ataca una manzana
a filo de navaja
LLUEVES
Llueves en mí
y de mis senos
brota el suero de luz
que navega mi vientre
para posibilitar
la líquida esencia
de las estrellas.
TIEMPO
Un ave sencillamente vuela,
cuando la i se instala en el poema,
el pardo acento ha huido.
Cuando digo esto,
seguro picotea otro alféizar
poniéndole la te al presente.
¿Qué es el tiempo sino un ala
que sube y baja construyendo el cielo?
No importa el punto final
ni el de partida...
sino el vuelo entre ventanas.
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