André Cruchaga

Nació en Chalatenango, El Salvador, 1957. Tiene una licenciatura en Ciencias de la Educación, además de profesor de humanidades. Ha desempeñado la función de docente en Educación Básica y Superior. Además de director,  se dedica a escribir poesía desde los catorce años. Parte de su obra poética ha sido traducida al francés por los poetas Jean Dif y María Eugenia Lizeaga. Asimismo, ha participado en diferentes certámenes nacionales y eventos literarios y publicado doce libros, entre los que destacan: 

Libros: Alegoría de la palabra. Impresos Roqui, San Salvador, El Salvador, 1992; Fantasía del agua. Impresos Roqui, San Salvador, El Salvador, 1992; Fuego de la intimidad. Impresos Roqui, San Salvador, El Salvador, 1993; Espejo del invierno. 1ª edición Suplemento Cultural 3 Mil de Diario Latino, El Salvador, 1993; Memoria de Marylhurts. Interface Network, Oregon, USA, 1993; Visión de la muerte. 1ª. Edición, Suplemento Cultural 3 Mil, Diario Latino, 1994; 2ª edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1994; Antigua soledad. 1ª. Edición, revista Cultura del Ministerio de Educación [abril-junio de 1994] El Salvador; Insomnio divagante. 1ª. Edición revista Presencia del Centro de Investigaciones Tecnológicas y Científicas [año III, No, 12, 1991]; Viento. 1ª. Edición, Suplemento Cultural 3 Mil, Diario Latino, El Salvador, 1995; Césped sobre el fuego. 1ª. Edición, Suplemento Cultural 3000 Mil, Diario Latino, El Salvador, 1995; Fugitiva luz de los espejos. 1ª, edición, Suplemento Cultural 3 Mil, Diario Latino, El Salvador, 1995; Fantasía del bosque. 1ª. Edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1996; Enigma del tiempo. 1ª. Edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1996; Roja vigilia. 1ª. Edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1997; Querencia del follaje. 1ª. Edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1998; Rumor de pájaros. 1ª. Edición, Editorial Clásicos Roxsil, Santa Tecla, El Salvador, 2002. Oscuridad sin fecha, 1ª. Edición digital, Portal de Poesía, España, 2005. Parte de su obra poética ha sido traducida al francés, inglés y vasco.

Imagen de la Patria II

Pero el despertar sigue siempre al sueño

Roque Dalton

Todo despertar deviene del sueño.

Nuestra esperanza caduca en el aliento;

Los corazones, en la bruma, comidos por la lluvia.

Todas las profecías se han vuelto polvo:

La Patria está tomada por quienes proclaman el patriotismo.

Las fuerzas de las tinieblas quieren brillar en la aurora.

Pese a todo yo amo esta tierra; pero no a los malhechores

Implacables con sus graneros llenos;

Yo amo este suelo pese a la inseguridad y al miedo;

Pese a que la democracia sea un espejo de alfileres

Y el sueño esté ahogado por las telarañas del invierno.

No sólo crujes por el hambre, Patria, de tus hijos,

Sino por el llanto sin ventanas del niño inerme,

Del anciano sin ropa, de la mujer en cinta

Quebrándose los dientes.

“Y aunque el amor sea profundo y alto”,

El maíz de la Patria no es nuestro,

Si acaso la herida, la ruina y el conjuro,

Los gajos de desolación y el sacramento del martirio.

No sólo eres una palabra armoniosa en vallas publicitarias.

Ahora te conviertes en bosque deshabitado

Y en un escapulario de convulsa tristeza.

Qué futuro nos espera, Patria, cuando no se come de fantasías,

Cuando los trenes del poder con su ojo audaz,

Deshacen las sienes para evitar todo pensamiento…

Todo despertar deviene del sueño…

Ah esta Patria de unos pocos aunque la habiten millones.

Ah esta Patria de escombros enfrentando la dolencia

Y transpirando la muerte en los pañales de las lágrimas…

Barataria, 5 de julio de 2005

Sombra del país (I)

Sé cuánto pesa la Esperanza en mi País,

Y la libertad asida de mis manos;

Sé caminar por los senderos de la noche;

Atajar las piedras es saber el camino de la aurora.

En esta pequeña aldea donde vivo,

Se conocen desde lejos los párpados: El corazón

No tiene inocencia Se salva el que puede.

Muere el que desnuda las playas de su desafío.

Vive mientras no crea en la justicia,

Ni en las seguridades de la certidumbre.

Este País fue hecho prohibido para el olvido;

Pese a lo despiadado y cruel, lo llevas en la memoria.

Nadie te conoce aunque arranques a pedazos el aliento.

De repente, alguien te cimbra un arpón de soledades;

Esto porque te consideran un conspirador de la noche.

Y así no entras. Tampoco te cambian la esperanza:

Tu intensidad resiste. Es más fuerte que esa herida

Que muchos llevamos en el alma…

21112004

Sombra del país (II)

El País que sueño arde en mi alma

Con sus crudas huellas de muerte cotidiana.

Aquí nacieron mis ojos y vi el sol sobre la tierra,

Girando sobre la retina de la noche y la aurora.

No fue fácil tocar el fondo de tus labios:

Para recorrerte miles de cuerpos cayeron sin resucitar,

Heridos, ciegos, bajo una lluvia de ventanas.

País densamente hondo de féretros, de noches,

Y sombras que se llevan las manos al pecho

Para hacer creer que duele, punza, el recuerdo de la penumbra.

En este sigilo y zozobra creció mi juventud.

Murió mi juventud sin soñar y ver la luz.

País sin el sonido de las campanas ¿Quién te recuerda

Con buen augurio? ¿De quiénes son

Tus pasos siniestros y sombrero de saña?

¿De quién la memoria insomne convertida en piedra,

Lengua de nubes sobre la hojarasca, tapiales de noche?

País de sombras goteando sombras.

Avispas besan tu boca bajo el murmullo del viento.

Cruces acechan como caballos a galope.

Vivir en ti no es fácil: La sangre gime

Frente a las imágenes que se tragan los sueños…

21112004

El País III (Casi una elegía)

¡Que no profanen su belleza,

con estampas de confitería!

Maiakovsky

Hay calles intransitables en mi país;

Se las tomó por asalto el hambre.

Los días y Las noches son frágiles en mi país:

Lo oscuro te deja sangrando sobre las aceras.

En mi país se alzan largas interrogaciones

Buscando los surcos de la aurora;

Pero en pleno vuelo la sonrisa se desploma.

En mi país tenemos a la noche como patria

Y una lluvia espesa goteando desde las sienes.

En mi país, el caos es pan y silencio

Y asciende hasta socavar la Esperanza.

Absurdo es mi país cuando ríe entre neumáticos,

Y perros acorralados por el despojo del tiempo.

De qué madera se hizo este país que la polilla lo deshace

Para tornarse en un alud de pálida tormenta.

El rumor de su respiro agónico, espumoso,

Pinta una acuarela de ataúdes.

El mar que lo baña lame sangre sobre la arena;

Y los ríos chorrean caballos de sombras

Para mezclarse con un viento de huesos.

Aquí viven desterrados los sueños,

O los sueños son anhelos transidos por la sangre

Y convertidos en loca osamenta para museos.

Hay calles. Las veo. Las transito y no pueden ampararme;

Ni tienen el olivo para transmutarse en veleros.

Las miro. Añoro mis ventanas y la ladera verde;

Pero no, en la marcha te salpican los cuerpos

Y te comen los cadáveres y las cloacas…

Barataria, 28 de junio de 2005.

La casa

Voy a morir de nostalgia por mi casa.

En ella entra el cielo a través de las ventanas.

Allí germina el mar y amanece el sol,

El zumo de los sueños y el latir de caracoles.

Todo en ella se tiñe de viento y ala;

Incluso los libros derraman alegría:

Ellos han formado una pared con el abecedario;

Ahora tengo un armonioso arco iris

De consumados amores y ardores.

Al principio, la casa no daba espacio para ellos.

Porque fue construida sin turgentes besos

Y por manos destinadas para el granito:

Le faltó el verde y la yedra de los pericos,

Los chupamieles de la aurora,

El gozo húmedo de los lorocos,

Y el alma embriagante del jengibre.

Hoy está completa. Neruda la apadrina

Con una luna en su boina

para ver las claridades íntimas:

El corazón azul de los pájaros,

Y el bosque desnudo de la caligrafía.

Isla Santa María, 19032004

Poema amoroso

Dirán que estoy loco cuando menciono

A Quevedo; cuando muerdo salamandras

Y sangran las canículas aljabas de desvelo.

Lo mismo dirán si me refiero a Dafne y Apolo;

Qué decir del Tratado de las pasiones:

Esperanza. Pasión: Tic tac del pulso.

Paraíso peligroso sin firmamento claro.

Don quijote: Columna del sigilo.

Agua en la conciencia. Alma andante hasta hoy.

Perdone el tiempo: Nada vale lo lucido

Y lozano. Así lo dice Luis de Góngora:

La vida es una llama breve, un rayo;

Pero puede durar miles de años.

Qué me dicen, ahora, de Fray Luis de León:

Senda del rayo inefable. Llama del equilibrio,

Viento tempestuoso en los navíos del sueño.

Pero son más las ventanas. Unas invisibles;

Otras, articulando silencios. Vivientes silencios mágicos:

Nietzsche, John Keats, Borges. Por qué no Dulcinea,

Merlín, viviendo hoy, como antes

En la Cueva de Montesinos, junto al Quijote,

Junto a Neruda, Cortazar, Vallejo, a Eneas,

A ese nosotros del mismo cataclismo.

Isla Santa María, 19032004

Felices los normales
[Acerca un tema de Roberto Fernández Retamar]

Felices los normales

Porque jamás han atravesado la nada

Como pájaros en el olvido

Los que nacieron con la luz

De madre y padre
Los que no han comido migajas

Y se esconden en la noche

Los que jamás han sentido la vida desgajada

Ni han sido perseguidos como torcazas

Felices los normales

Que tiran su cuerpo en buen lecho

Y no en el frío lunar de las piedras

Los que no escriben ni una tarjeta postal

Los que no escriben sobre muros

Aunque después los derriben

Los que no escriben sobre el caballo de sus emociones

Felices los normales que ignoran el exilio

Y la lluvia que cae sobre el lomo de los perros

Los que nunca han sido asediados por el silencio

Los que no han bebido pinos de luz

En pezones de trementina transparente

Felices los normales que no saben las palabras

Que se pierden en las alcantarillas

Y en las tumbas de los muertos

Los que navegan y navegan sin fatiga

Hasta desembarcar en ese viejo muelle de la muerte.

22012002 01:00 AM.

Lázaro
Venía ya con el ataúd
De la muerte
Con el ojo que presiente

El hollín de los fantasmas

Dejó caer su boca seca

Su diálogo con el soplo del silencio

Descendió por los huesos el umbral del fuego

La lámpara febril del viaje

Y olvidado de la sed

La agonía de uñas largas

Fue creciendo hasta caer en el vacío

Había otras almas con sus bocas mudas

Había noches quitando tejas de las veredas

Había cánticos rodando como sacos de harina

Había gritos tiritando en el suelo

Había una luz palpitando

A los oídos de alguien que dijo

Levántate y vete sal

Sal de aquí antes que el hambre

O alguien te ponga un cuchillo en el cuello
Y el hombre caminó

Para vivir otros calvarios

No menos atroces que el peor fuego.

24012002 1:30 AM

Arte de morir

Ya en romanos se nos dice: la aspiración de la carne

Es la muerte. Desde el ojo uno acaricia y se desnuda,

Se mira, se aprende la lección oscura de la muerte.

Ancha es la vida y sin embargo los azares pasan la factura;

Uno se llena de pasiones, nociones y ficciones para luego

Caer en la dulce antípoda del cielo: esa fosa

Donde yace la rosa y la roca y lo inevitable.

No hay nada más sereno que una guitarra desvencijada

Con su propio dolor; pero distinto a los efectos del sueño.

Sin embargo, sueño del aliento es la respiración cortada;

Esa otra palidez del límite. Hora vasta y agolpada.

A menudo nadie se da cuenta de su armadura,

Pese a que avanza hacia la tarde, mermando los vientos.

Cuando las hojas de la respiración callan y desvanecen

Y las palabras se tornan fragmentos extraños,

Es que en el sendero están los azacuanes anunciando

El cambio de estación.

Cuando uno se apaga, al fin, la trementina encarna la voz,

Las interrogaciones obtusas, los callejones de la lluvia,

La claridad, tal vez, que siempre se buscó.

Cuando morimos los lirios se encargan de la fiesta;

Mientras el relevo se consagra en otro nido con esa

Fantasía propia del tiempo.

Cuando morimos, la ansiedad del nicho nos espera

Para trasegar la luz al soplo del pálpito memorioso.

Cuando morimos, la experiencia es tal,

Que pareciera el oficio de un vigía resguardando amuletos.

Cuando morimos, en fin, el lecho se convierte en parábola

Y como todo clímax, hay un poema en el respiro…

Retrato de la ausencia

Zumban las manecillas del reloj.

Zumba el pensamiento, la tristeza, el coraje.

La nostalgia de lo no vivido, la luz batiendo

Sus alas en sitios de recuerdo.

Homero Aridjis

Se ha perdido en el tiempo, silenciosa, la infancia junto al río;

Y hay un dolor de alfileres, largo, oscuro en la sangre.

Ya no llueve en mis ojos, ni se humedecen los labios.

La vida es imposible donde no hay corazones confiados.

Bajo las estrellas sólo se escucha el bullicio de la fe

De los desmemoriados, de los que sobrellevan ásperas vidas,

De los que acuden a arrodillarse y tienen pinta de extremos pecadores.

Hace algún tiempo vaciaba mis ojos en los mapas

Y entre paralelos y meridianos, no sólo trazaba islas,

Sino que sentado en los imaginarios de ciego,

Construía mapas con otros continentes sin harapos.

Atrás quedaron las ventanas delirantes y transparentes,

El amor que recorrió, desorientado, el dominio del follaje.

Hoy, los ecos del recuerdo prolongan el tiempo.

También lo desvanecen, lo respiran alrededor de pálidas imágenes.

Contemplar es vivir. Vivir es despertar los pájaros sepultados,

Los que partieron reclinados en las sombras tras el halo fugaz

De la lejanía.

Los que en deseo convirtiéronse en ceniza y se confundieron

Con la noche.

Inútil esta palpitación a orillas del sosiego. Lo sé.

Imposible abrir viejas aldabas y tapiales, volver a ver lo que se vio,

Hablar y explicar esas cosas

En tiempos donde nadie se detiene a ver las palomas

Que comen en la Plaza Morazán o las gaviotas mordidas por muelles

Desvencijados.

Si miras al horizonte, la lluvia ya no moja las hojas de los árboles.

El vaho de la nostalgia invade con sus pesadas piedras.

Invade el tiempo ido y desoído, el cristal opaco, los sueños dispersos

Y lo que fuimos en la fragua de diversos laberintos…

Imágenes dispersas

En la garganta de los relojes las calles se ocultan,

La vida pasa, cruza laberintos, ata encajes de espuma;

Los sueños, reales o ficticios, empiezan a callar

En el mimbre del cuerpo, también en las ventanas.

Lento se siente este olor a tarde y a maderas:

Sitio de la sangre capaz de confundirse con la tierra;

Lluvia circular donde las palomas brotan de los ojos

Un poco ardiendo en sal y en aliento de olvido.

Siempre supuse que garganta, relojes y calles,

Tienen una forma sigilosa capaz de soportar

Irrestañables balcones y rastros de callada furia.

Alguien dirá que el tiempo pasa sobre verjas ciegas.

Alguien dirá que el resuello de los relojes cansa

Cuando el aura de la estación húmeda desaparece

Y se cimbra en la lengua un sonido de máscaras.

Alguien dirá que las calles ciegan las pupilas

Y los hijares del fuego caen cuando los caballos amenguan

Sus tropeles, cuando los recuerdos, ciegos, bordan

La figura soñada convertida en ceniza.

A pesar de la transparencia absoluta del hálito,

Los relojes están ahí entre la neblina: planeta de luciérnagas.

Y como tales, hojas tiritantes de la medianoche.

Ahora toca ver los espectros alrededor de la almohada.

Beber la respiración en extrañas vasijas: beber

La cara, los pies y la gracia del instante sin su nombre.

Descubrir los pasos desgastados de los espejos;

Luego saludar esos pasos y hacer confetti de los hilos de la utopía.

A fin de cuentas, nada es cierto. O, en todo caso, lo cierto

A menudo se hace nada

En el reino ensimismado de las sábanas…

Barataria, 17 de abril de 2005.