Ana Guillot (Argentina)

Nació en Buenos Aires en 1953. Es profesora en Letras (egresada de la Universidad Católica Argentina) y ha ejercido la docencia secundaria y universitaria (en dicha Universidad y en el Colegio Santo Tomás de Aquino, dependiente la misma, como profesora y coordinadora de área).
Junto a Graciela Caprarulo (y con la colaboración de Belén Ancizar y Florencia Abadi) coordina, desde hace más de quince años el Taller de la Siesta, que cuenta en la actualidad con un promedio de sesenta alumnos y que está integrado por grupos de escritura y lectura, y grupos sólo de lectura y análisis de textos. También ha conducido el programa radial Dos Palabras, que estuvo en el aire alrededor de seis años, y fue emitido por FM San Isidro Labrador, FM Palermo y, finalmente, por AM Radio de la Ciudad.

Como poeta ha publicado: “Curva de mujer” (1994, Libros de Tierra Firme), “Abrir las puertas (para ir a jugar)” (1997, Libros de Tierra Firme) y “Mientras duerme el inocente” (1999, Libros de Alejandría). Su cuarto poemario, “Los posibles espacios” fue presentado en Buenos Aires en 2004 (Nuevohacer, Grupo editor latinoamericano).
Integra diversas antologías y colabora con publicaciones del país y del exterior. Es miembro del consejo de redacción de la revista literaria Barataria (de Buenos Aires) y colabora con la publicación El cuervo (de Puerto Rico) y La pecera (de Mar del Plata).Ha sido invitada a participar de la Semana de la poesía (Festival internacional de poesía), en Barcelona, 2004 (y 2006); del Festival internacional de Rosario, 2005; y del festival de poesía de Zamora (Méjico) (2006). Su obra ha sido publicada, parcialmente, en España, Venezuela, Chile, Méjico y Puerto Rico. Ha sido jurado del concurso internacional de minificciones “Ficticia”, en Méjico (2004). Coordina el ciclo de poesía Las hermanas de Casandra en la Casa de la Poesía.
Acaba de terminar su primera novela “La luna en el abanico”, y trabaja en un nuevo libro de poemas (“La orilla familiar”).

 

Mientras duerme el inocente (selección del tercer libro)

 

Yo los vi
abortando flores líquidas en las palmas

(si todos los hijos de un mismo padre
si huérfanos)

los vi
reptando un grito vertical
en el borde ubicuo de la ciénaga

(si la madre viste de negro
si la han llamado Yocasta alguna vez)

los vi
profanándose las ingles

los vi
arrancándose las crías

(si el padre ha girado la clepsidra
si el ojo ambiguo de la noche)

si ha jugado a los dados sin embargo

-

Yo los he visto
descalzos
con las propias cabelleras en las manos
y las cabezas desnudas
(los cráneos)

los he visto guardar el esqueleto
quemarse luego
y nada (esparcida en la tierra)

los he visto llorar
(aunque creyeran que estaba maldiciendo)

los he visto pensar
que la elección era posible entonces



Yo he visto también
la semilla del ala en sus omóplatos

la mansedumbre azul
entre la carne negra y sudorosa

y he visto (al mismo tiempo)
sus dientes afilados
tentando al paraíso

he visto sus caricias
(con manos extremadas
alcanzando los bordes
de las piernas)

los he visto
hundiéndose estrellas en la nuca
(estrellas de infinitos vértices)
(estrellas de metal)

y he visto cruces en sus fauces
(como estacas)

y he visto también (al mismo tiempo)
un cielo ámbar
en las líneas redondas de sus hombros

(como una luz)


Digo finalmente que yo también
he visto
mi cuerpo adocenado

digo que he estado viéndome
en los pasos exiguos de los otros
y que he menguado el alma
(como ellos)
para evitar

Y tan abajo
tan inocente la risa
sin embargo

 


Los posibles espacios (selección de mi cuarto libro)

 

 

envoltura extasiada
la piel

alentando la insistente feroz
depredación

adentro
órganos como racimos
filamentos vibrátiles

en dónde / luego
la tensión trinitaria
nos habita

….

¿el viaje es esto entonces

un peligro in situ
una estampida
el estertor en la garganta
y el aliento que
se detiene
algo
por descubrir

(esa cadencia
cierta luminosidad)

esta cárcel de huesos?-digo


lo que sigue es este andar
inmigratorio
resolviendo el calendario
reconociendo el cuerpo
y su agua interior

lo que sigue es este empalme
con lo próximo
la sosegada audacia
de amar las plumas negras
como si fueran palomas-digo

 

 


en la súbita raíz
vertebrando la piel
como hemistiquios

en el húmedo hueco
pulsando los zafiros azules
de la arteria

el deseo

invocarlo es el privilegio
de quien engarza espinas
con la lengua


punza la aguja
el cuerpo virginal
curva el territorio
primario
en una contrafigura
lanceolada

intolerable el abismo
que irrumpe
como un acero líquido
en la sangre


inmediata sensación
líquida urdimbre
que a veces

detrás
pétalos de metal
como tentáculos
y un incendio de aire
sobre el cuerpo

en la yema de los dedos
estalla el amor
y no hay reposo

luego
un emblema gozoso
en el sexo
la sensación de abrirse
y
penetrar alguna ajena tarde
la caricia
que pasa
y va dejando
el placer
que traslúcido casi

y olvidamos

si perdurara al menos la silueta
un croquis del total

como un cruce imperioso
tallado en la madera más adentro
aún
de la carroña

un ensimismamiento de la especie

la forma elemental
de esa caricia

….

si no es posible
restituir
el lienzo

(la virgen aterrada
absorbiendo la sangre)

los velos acuosos
como carnosidades

(la virgen hilvanando
el himen fragmentado)

la empecinada fisura
en la conciencia

micciones y excrementos
interiores
anidando indeseados

flujos y sangre
esperma
y este dolor
(adónde)

desechos que intentamos
excluir
(y adónde)
en el cerebro

la mala digestión
de la memoria

adónde el ópalo elemental
la prescindencia

cuándo desguarecer la carne
sin añorar su cálido tesoro

devoración de los segmentos
y luego

la nervadura del crepúsculo
que se adivina
en la lisura de la red

el trazo impecable
alienta la bifurcación

¿hacia qué corredores
ahora?

llegar hasta el oblicuo
y retornar la espalda
empujando la tierra
en la premisa

abrir la diagonal
insistir en los vértices

/como los insectos dije/

pululando la noche
en la garganta la grieta sin salida

el hombre como un diminutivo
la ínfima reminiscencia

de qué


La orilla familiar (inéditos)

 

a mis abuelos Agustina y Luis

capítulo: la hija de su padre

 

derretir la aurora con el cuerpo
(mujer que has de arder)
con aroma asequible
precisa en el reclamo
(mujer que has de martillar)
raspajes con corcheas
sones que te anidan el cuerpo
que no cejan
el abuso
de ser
una hembra que excita y que suspira
el himen
como si fuera un plumerillo
la infancia

 

 

 

 

estoy en el ojo de
la tormenta
en la forma primaria de esta especie
tocando
las fosas de la nuca
la espesura del árbol
en mis palmas
la sólida presencia de la red
alguien me cuenta
en medio del silencio
de la boca
esta certeza pequeñita
alguien me cuenta
que es carne la lisura
una vuelta al origen
en cada palabra me revela
en medio del silencio
(como buscar en el pajar)
aparece la aguja
que despierta a la virgen
que zurce la memoria
que desliga los hilos
por la malla
una textura de canciones
una feroz vindicación

estoy en el ojo abisal
de un mar de cantos
en la sal de la espiga
una certeza pequeñita
la aguja de diamantes
en la frente
como un ojo también
alerta


capítulo: la abuela (viuda joven como ella)

 

porque la piedra es piedra
y ella no ha podido sortear
la costura
no ha podido decir
-no es posible este duelo
y su tristeza-
-fue en la mesa de la cocina-dicen
porque la neumonía y era urgente
sostenerle la vida
en la garganta
para que así pudiera
cantar
porque la piedra es piedra
y late a la intemperie
en su callada lumbre el cementerio
en la piedra su nombre
y ella con las alas del cuervo
entre los ojos
la aguja que se hunde
-ya no duerme Agustina-dicen
vela con los dedos abiertos
de calvario
la incertidumbre envuelta
entre las piernas
el niño lloriquea
extraña
-pregunta por su padre-dicen
y el niño mira al cielo
y cree
después ha de entender
en la inhóspita ausencia
de las noches
que la orfandad socaba la intemperie
donde la piedra queda
inalterable


hay una calle divergente
desde esa empalizada abierta
-madre, que lo extraño-
y ella que cose
la fisura
que hilvana un dobladillo
de ecos
-madre, madre, madre-
diciendo
que ha vuelto la mirada
de tanto enhebrar hilos
de pespuntear el molde
sin él
que ha machacado horchatas
hasta soltar el jugo
como una pantera alimentando
en medio de la noche
una sirena quiebra
el descanso
auguran que habrá guerra
y el silencio es
una contundencia
como si estuviera vivo
el final

la muerte en off
es ese campo neutral
donde todo permanece
inalterable
la viuda corre el grito
sin garganta
-el grito que no cesa
el grito-
pasos, y pueblos, kilómetros distantes
sólo para conseguir
cebollas en el vientre
algo de carne en los bolsillos

la muerte en off
es el aterrador silencio
que acota cada bombardeo
destrozarse las manos
sólo para arañar
la raíz
arrancarse crías sólo para que prevalezca
la propia

la muerte en off
es fraccionar luego en la casa
para que todos puedan
comer
de ese pan que no tiene religión
ahora
ser republicano es un pecado
el cielo bate nubes en su contra
y el fuego se lleva las casas
como marcas judías
si el ángel negro es
el que delata
aún en su propia familia al traidor

la diagonal que gira hacia el océano
es un puerto y su gente
escapando
como sea posible
como puedan
-el grito que no cesa-
polizones del mundo
(¿emocionarse?)

retornar la memoria
sólo
para sorber la lágrima caliente
en manos de la abuela
la viuda que he de ser
y que aún desconozco
y elegir su dolor para calmarla
-que duerma en paz- le digo
-y el grito que no cesa-parece
que ya está

la muerte en on ahora
justifica mi canto paulatino
-que te duermas en paz-
que ya es suficiente
tu calvario

….

si acaso la memoria fuera
un refugio gentil
una añoranza
pero hay una pared
y la cara y el cuerpo
en contra de ella
la camisa golpeada
la nariz
el pómulo saliente
toda la dentadura
el ruido es hostil
también
todo fusilamiento es una guerra
nadie a quien llorar
parece
los muertos se esconden
se calcinan
se juega la camisa
para el mejor postor
-tenía pocos años-dicen
y estaba en la pared
porque no delató
detrás murió su padre
y ella
que perdía un sobrino
y un hermano
(como la neumonía
como haberte visto
morir)
llegaban a la casa
luego
apenas una hebilla un zapato
a veces el vacío del mundo
en ese muro
toda la hostilidad
llegaba
y el miedo carcomía
el esperpento
danzaba con la noche
una sardana
reía como ríen los muertos
que no vuelven
y ella
que llora sus pestañas
en la alcoba
que grita porque dice
que no puede
-¿estará él acá?-
alguien pregunta
y se ata los ojos entonces
se cierra el maxilar
la hembra
como animal herido
defendiendo
y responde su abrazo
el silencio que él ha de enmascarar
luego