LINA ZERÓN, suspiros de fuego sobre la piel infinita del amor
Por: Alejandro Campos Oliver
“Hacer el amor
es una lucha
contra el miedo y la muerte,
es escribir con el cuerpo sobre el cuerpo
y desde el cuerpo del otro.
Hacer el amor hasta morirse
para no morirse nunca,
porque entonces la muerte no existe”.
JEANNET AMIT
Desde finales de los años setenta, la noción del cuerpo propio, en el caso del emisor femenino, ha venido cambiando. La mujer se ha apropiado del espacio de su interioridad, aceptando el cuerpo propio como un espacio posible y reivindicando sus derechos a partir del ejercicio de la corporeidad.
Lina Zerón forma parte de ese nutrido grupo de autoras que desde hace más de 20 años y por toda América Latina reivindican en su creación, el tema del cuerpo y la sexualidad femenina. Esta autopercepción femenina del cuerpo que se ha venido gestando, tiene su correspondiente expresión lingüística. Así lo muestra la selección poética “Los colores del tiempo” que hoy nos comparte. Una selección que congrega y recoge parte importante de la obra de Lina Zerón.
Comenzaré diciendo que, en “Los Colores del Tiempo”, la autora capitula su poética al cuerpo de diversos temas, y aunque es definida su voz estilística, dicha selección hace visible su tránsito en la búsqueda de distintas expresiones.
UN GRAN PAÍS
Vivo en un país tan grande que todo queda lejos...
la educación,
la comida,
la vivienda.
Tan extenso es mi país
que la justicia no alcanza para todos.
Lina Zerón salta de la poesía social desafiante y rotunda, a los temas más frescos, plegados de imágenes que ocasionan temblores al corazón. Dentro de la temática social que da cuenta de la guerra, la deshumanización, la enfermedad, la injusticia, el dolor ajeno, etc., destacaré sus poemas: Tumbas en el desierto, Belgrado, Palestina, Alas de muerte, Palabras desconocidas, etc.
Otros que, aunque menos, sobresalen por un cuestionamiento existencial que poco deja asomar su autora, entre ellos están: Desconsuelo, Oración, Taliban II, Hágase tu voluntad, etc.
Pero en general, hay un hilo conductor que persiste a manera de tema recurrente en Lina, pues predominan los poemas que se erigen invocando el amor sensual como una fuente inagotable que fluye hacia el regodeo femenino generando ensordecedoras resonancias.
Hay en ellos, una apasionante indagación por las posibilidades del cuerpo. Poemas que, como: Florescencia, Espiral de fuego, Dolor, Magia, Ahí donde, etc., logran somatizar la pasión del receptor en su formas mas refinadas y sublimes, con una lograda musicalidad. Carbon Ardiente es un poema que llama la atención, pues muestra la fortaleza de la mujer mariposa, que se abre camino frente a la adversidad, se eterniza con su verso, retando incluso a la muerte.
Pero como apuntamos, hay un tema recurrente en su obra, y a él nos referiremos: el amor sensual.
El antiquísimo pesar de la necesidad y búsqueda del amado, es fundado con el enfocado uso de figuras líricasm que aunque mínimas, estas salpicadas de matices emocionales impregnados de cadencia, ritmo y armonía, a la vez que utiliza un gran campo semántico y sectores de la realidad donde predomina la naturaleza, particularmente las flores y sus frutos.
Versos que respiran rítmicamente sinuosas remembranzas que erotizan al espiritualizar la experiencia carnal y volverla elocuente, inolvidable, logrando hacer que la pasión o el deseo amoroso se vuelva una lluvia de sensaciones y posibilidades, un mundo deseosamente habitable para sumergirse y vivir condenados por la avidez de amar.
Una escritura intensa a nivel sensorial, de tal furor que no hay término más adecuado que el de voluptuosidad para adjetivarla.
EN EL DESNUDO MAR
Duermo en la ondulación de tu cuerpo.
Besándote despierto y besándote duermo.
Sueño con el mar desnudo de tu piel.
Desnuda duermo para tenerte en mí desnudo.
Es difícil encontrar marcas discursivas que establezcan especificidad dentro del corpus de su discurso poético, pues nos encontramos a una selección de la autora con poemas que abarcan, desde sus inicios literarios, hasta algunos inéditos que conformarán el siguiente poemario.
Pero podemos decir que, su poesía nos recuerda el temor por la fragilidad de la vida, sobre todo si del ser amado se trata, pues la fugacidad-muerte cuando llega, es impostergable. Nos muestra así que, el amor, es una posibilidad para negar la muerte-caos y fundirnos con el/la amante eternizando el goce.
Poemas que son fulgores puros, escritos con el sentimiento imborrable de las pasiones primeras, evadiendo los lugares comunes y entretejiendo los significados más escurridizos en el sonido, en la magia de las letras y las imágenes, en el rostro visual de las palabras. Poemas de una sensualidad telúricamente intensa. Como si escribiera mojando la pluma en el corazón, cuando los latidos enardecen.
“Sumerges pistilos en mis labios abismales
produciendo capilares estertores
me vuelvo tu cómplice
y convulsiona mi cuerpo en tu lecho. »
Las fuerza más constante de su inspiración, o uno de los más altos momentos de su escritura, como vemos, está signado, entonces, por el Eros. Un Eros deseoso de consumir la soledad en la interiorización del amado, teniendo un “tú” permanente como destino.
Con un lenguaje uniforme y compacto, reflejo, visual, Lina consigue expresar por transmisión casi física, la intuición visceral de un mundo que se deshace en deseo. Hay en ella una búsqueda por la pureza en su sentido anímico, por una sencillez calculada que no excluye al lector inicial.
Poesía que se vuelve un persistente canto al amado y al erotismo de los cuerpos, y que fusionados, son como bien lo apunta José Guillermo Vargas un suspiro prolongado convertido en “oración dicha de rodillas al amante”.
Poesía que refleja la intensidad de su vivir, trayectos de vida que, a la vez que resignifican lo cotidiano y su incesante “sentir”, hilvanan nuevos sentidos donde siempre hay espacio para permanecer, regresar y llegar a más. Lina Zerón abre las vísceras de la palabra misma, con un deseo de llegar a ese “más allá” para habitar donde eros y permanecer ahí.
Una voz, una mirada de poeta que puede ver a través de los corazones; descubriendo nuevas miradas que sensualizan la atmósfera y dejar así expuesta su belleza legítima.
Saturada de pasión emprende el vuelo en busca de paisajes inéditos, destinos memorables que inquieren las voces de su mirar, vivir, sentir y recordar el amor:
“Te regalo los espejos
Saturados de susurros, ecos familiares
desfigurados rostros
que hoy se desangran en reproches.”
El lado femenino se ve reivindicado a cada momento, la mujer-mariposa se regodea a cada instante de reconocerse a sí misma:
Niebla de sueño
húmedo laberinto de fibras suaves,
ombligo de almendra
vientre curvo perfumando
con aceites de otro cuerpo.
Octavio Paz, apuntaba: “Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje”. La poesía de Lina Zerón logra hacer una fusión reivindicadora y simbiótica de ambos, la erótica en distintas facetas como tema, y la poesía, como trabajo artístico del lenguaje, dicha sinergia exalta doblemente ambos sentidos. Así, la poesía de Lina Zerón, salpicada de emociones y sueños, moverá siempre los interiores humanos, por esto, brinda un estupendo goce estético y una placentera degustación literaria.
Invierno del 2004, Cuernavaca, Morelos
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