Erotismo y compromiso social
Lina Zerón,
Ciudades donde te nombro,
Ediciones UNION, col. Sur
(Unión de Escritores y Artistas de Cuba),
La Habana, 2006.
29-Julio-06
¿Es posible escribir poesía erótica y, al mismo tiempo, ejercer una crítica socio-política? En la más pura tradición de Margaret Randall, Fina García Marruz o Gioconda Belli (no es casual que mencione exclusivamente mujeres: a ellas se les da mejor esta exótica combinación de temas), la poeta mexicana Lina Zerón, reconocida más en el extranjero que en su propia tierra, no obstante radicar en la Ciudad de México, fusiona admirablemente el amor erótico con la ética y el compromiso social, particularmente en su más reciente libro, editado en Cuba, Ciudades donde te nombro, donde haciendo plena justicia al título recorre una serie de ciudades, no nombradas pero sí reconocibles (y no precisamente por sus lugares comunes); donde más allá del regodeo verbal-visual y la descripción de paisajes o reflejos, la poeta evoca la atmósfera política y la sensación que cada una deja en la memoria de su piel: “En la noche las ánimas crepitan de horror/ en esta ciudad de cenizas esparcidas/ y los retratos familiares desfilan con pancartas/ ¡No mi hija, ni una muerta más!” (p. 46).
Traducida al mixteco, francés, alemán, inglés, sueco, portugués e italiano (el orden no es caprichoso, es el que la poeta le da), Lina es, a un tiempo, una poeta tradicional y una poeta de vanguardia; tradicional porque se dirige al amor sin ese recato, más ideológico que íntimo, que caracteriza a los poetas contemporáneos, muy particularmente a los mexicanos de su generación: Lina mira al amor de frente, lo nombra sin valerse de recursos retóricos o lúdicos; lo involucra con descaro en sus discursos. Pero es vanguardista porque se vale de recursos poco frecuentados en este género, como asumir la voz de un personaje: Lina Zerón contempla las ciudades desde la piel del amante, de la musulmana, de una madre masacrada, de una prostituta. Estamos pues ante una poesía de altos vuelos dramáticos, sumamente histriónica, lo cual, viéndolo bien, podría hacer de Lina más que una poeta original una que conoce íntimamente la entraña y el origen mismo de la poesía: “En esta ciudad cada minuto muere una canción de cuna/ de una hija que no nacerá/ por el pecado de ser hembra./ La extraerán mil cuchillas del útero de su madre/ y por estirpe podría ser emperador si hombre fuera/ pero es luna, es mar, es loba, es mujer”. (p. 62)
La conciencia feminista, independientemente del turbio concepto que sobre dicho filamento se tiene, impregna la poesía de Lina, tanto política como ideológicamente. Sin embargo, y como han hecho los grandes poetas antes referidos, nos abre los ojos ante la poesía (que no utopía) contenida en los estatutos mismos de esta corriente: libertad, solidaridad e igualdad. Pero así como la voz poética demanda su espacio propio, su derecho a transitar sola por el mundo, así se manifiesta en su bulliciosa feminidad, sin travestirla ni complejizarla. Lina Zerón es una poeta libre desde el proceder mismo de su poesía: “Borrar la conjura de los años en un siroco de locura/ desflorar sombras de auroras mientras duermo/ abrazada al vacío que forma de tu cuerpo la ausencia /donde estoy sin piel,/ sin voz,/ sin esqueleto en medio de tu fuego…” (p. 20).
Merecedora de la Medalla de Oro, Montevideo, Uruguay en 2003 y del Premio Barcelona 2004, autora de una decena de libros publicados en el extranjero o costeados de su propia bolsa, Lina declara su independencia creadora no solo mediante al autoexilio de la escena institucional de la poesía mexicana, sino sobre todo de la autenticidad de su voz poética y la franqueza de sus ideales: “Vivimos en el patio trasero más grande del mundo…” (p. 39). Ciudades donde te nombro, más que una rara joya en el ámbito de las letras mexicanas, es un librito atesorable.
Eve Gil |