Lina Zerón y Los Colores del Tiempo.
Por Maricruz Patiño
“No obstante –OH paradoja- constreñida
por el rigor del vaso que la aclara
el agua toma forma”
José Gorostiza.
Es indudable la nobleza de la poesía que al igual que el agua toma la forma del vaso que lo aclara. Y retomo esta imagen de “Muerte sin fin” para tratar de articular una breve reflexión en torno a la obra que hoy presentamos: en este caso una antología personal, de Lina Zerón en el volumen al que ha titulado “Los Colores del Tiempo”; los poemas aquí reunidos nos hablan de una dedicación y un compromiso de vida con el hacer poético y su difusión. Especialmente si atendemos al nutrido número de libros publicados por la autora no sólo en ámbitos nacionales sino fuera del país, siendo por demás una mujer poeta en su joven plenitud.
El hecho de que una amiga y colega nos invite a presentar su libro de entrada un delicado compromiso tanto con la amistad como con la crítica literaria, asunto inevitable si pretendemos que la obra trascienda la generosa atención del lector ingenuo y del gusto personal para impactar o llamar la atención de los cerrados y generalmente mezquinos círculos de los grupos y capillas involucrados en el contubernio literario que marcan los derroteros de la politica cultural, generalmente miope si no indiferente y misogina.
La lucha de las poetas por hacer valer su obra y crecer como escritoras tiene ya antecedentes históricos y hoy más que nunca su lucha es contra esa “Invisibilidad” con la que se pretende ignorar su producción poética. Pero también es cierto que para alcanzar ciertos tonos como la épica y la mística, por mencionar sólo algunos registros que no son muy frecuentes en la poesía “femenina” sin embargo se hayan presentes en la poesía escrita por mujeres que han logrado trascender su hembría para alcanzar esos altísimos tonos de la voz humana, el poeta debe transmitirse a si mismo, ir mas allá de su existencia.
Pero hablemos de la voz que hoy nos ocupa, hagamos el ejercicio de describir la poesía de Lina Zerón. Diría yo que resalta abiertamente una poesía lírica, escrita en primera persona y en presente, el ritmo obedece a una voz interior que se cuestiona y se confronta con el mundo, representado generalmente por el “otro” con el que se haya en continuo diálogo; el tono dominante es erótico-amoroso, aunque aparecen también otras preocupaciones humanas pero yo no diría, abiertamente sociales; el despertar de una voz, en la que resuenan otros nombres articulando un lenguaje directo, en verso libre, sin mucho preciosismo en el tratamiento de la imagen, pero contundente. Su forma adquiere un matiz intimista, a veces confesional, declarativo y sincero, lo cual habla de la “frescura” que Oscar Wong describe en su prólogo.
Aunque de versos cortos hay un imán hacia el torrente verbal que aterriza en la prosa poética, sin artilugios formales pero intensa y sincera. El ritmo marca generalmente una respiración, el pensamiento respira, crea, y en esa medida las palabras se articulan en una voz confrontativa, inmediata, que nos mantiene en la realidad pero pendientes de los ensueños de una mujer que está en el mundo, asombrada de su propia belleza, aceptante de los dones de su cuerpo, enamorada de la vida y tomándola por asalto en la palabra.
Lo importante de poder leer una obra en su justa dimensión radica en la adecuación del lector a la voz que encarna el “yo” poético, así como en la mimesis o cúmulo de emociones, que nos ofrece el personaje revelado en ese trance de palabra.
“El que escribe siempre es otro”, muchos escritores lo han dicho, el poeta, en este caso la poeta, es un ser comunal que habla por muchas por que hay un momento en el que, en efecto, las mujeres, como género vivimos todo eso.
Mientras, Lina escribe y su personaje la vive; e ahí de nuevo la nobleza de la poesía, tomando como el agua la forma de lo que la contiene, y se expresa desde su muy particular y única experiencia que finalmente resulta una experiencia común y por ello capaz de ser compartida con él otro, es decir con la que lee. Bien dicen que cada libro tiene sus lectores. Por ello es sano para nuestra ecología cultural que el ser de la mujer se exprese con libertad y que el artista buque su madurez.
Yo creo que esta obra reunida es un principio, veo alas desplegando, una insistente voluntad de estilo, que nos anuncia nuevos horizontes y alturas, por que la poesía es una aventura en fuga hacia uno mismo y creo que Lina lo sabe muy bien, ese viaje ha sido iniciado… entonces que vuele el texto y nos trascienda.
Siempre he pensado que la aparición de un libro de poesía es en sí mismo un acto que merece ser celebrado, pero que además pueda ser difundido, es lo que finalmente decide su destino: el corazón humano que atento descubre en la palabras su poder de encantamiento.
Maricruz Patiño
Poeta y maestra de la SOGEM
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