Entrevista con Yevgeni Yevtushenko
Por Lina Zerón
Yevgeni Yevtushenko es uno de los más reconocidos poetas contemporáneos rusos, dentro y fuera de su país. Su poesía formó parte de la expresión de una generación de intelectuales que cuestionó la situación del arte y la sociedad en la URRS. Nació un 18 de julio de 1933 en Zima, Irkutsk.
Los poemas tempranos de Yevtushenko muestran influencia de Mayakovsky y de la lealtad al comunismo, pero con los trabajos tales como la “Tercera Nieve” (1955) Yevtushenko se convierten un portavoz para la generación joven post-stalinista, viajado al extranjero constantemente a través del Khrushchev, en los períodos de Brezhnev.
Yevtushenko fue llevado a Zima en Irkutsk (el 18 de julio, 1933) como descendiente de cuarta generación a Ukrainians exiliándolo en Siberia. Para 1944 pudo trasladarse a Moscú donde estudió en el instituto de Gorki de literatura de 1951 a 1954. En 1948 acompañó a su padre en expediciones geológicas a Kazakhstan y a Altai en 1950. Su primera obra importante fue Zima, el poema fue publicada en 1956 pero ganó fama internacional hasta 1961 con Babi Yar, en cuál denuncia el antisemitismo nazi y ruso. El poema no fue publicado en Rusia sino hasta 1984.
Los herederos de Stalin (1961), publicado probablemente con la aprobación del partido en Pravda, no fue republicado sino hasta 1987. El poema contenía advertencias de que el stalinismo había sobrevivido de largo a su creador.
En Yevtushenko 1972 tuvo un gran éxito con su Juego debajo de la Piel de la Estatua de la Libertad. Desde los años 70 ha estado activo en muchos campos de la cultura, novelas de la escritura, actor, director de cine y fotografía, también ha seguido siendo un político abierto. Desde 1990 ha sido vice presidente de la PLUMA rusa. Lo designaron miembro honorario de la academia americana de artes y de ciencias en 1987.
Después de muchos años de ausencia Yevtushenko volvió a Cuba, esta vez a compartir su arte como uno de los protagonistas del XI Festival Internacional de Poesía de La Habana. Con un programa de varias presentaciones y lecturas ha restablecido contacto con el público cubano y se confiesa deseoso de hacer más perdurable el reencuentro por medio de futuras publicaciones. Sobre sus experiencias en la Isla, pasadas y presentes, comenta el escritor ruso:
“Yo estoy muy feliz de estar en Cuba, porque Cuba sobrevivió, sobrevive y espero que sobrevivirá. Vine a Cuba por primera vez en 1961 como corresponsal de Pravda. Sin embargo, no era miembro del Partido Comunista, no lo fui nunca. En ese viaje escribí muchos poemas, cerca de 22, que se publicaron en Pravda en momentos muy difíciles para Cuba. No todos son buenos, porque tal vez se escribieron con prisa, fueron reportajes poéticos, pero hay algunos realmente buenos, como “Tres minutos de verdad”, dedicado a José Antonio Echevarría. Fue una experiencia estupenda. Cuando volví, mis poemas sobre Cuba eran tan populares que el gran director de cine Kalatozov y el gran director de fotografía Urusievski me invitaron a ser guionista en su película. Viví un tiempo en Cuba, y por una gran coincidencia me han dado la misma habitación en el Habana Libre, la 1703, en la que estuve un año en aquella época. La película, Soy Cuba, que no fue reconocida cuando salió, ahora se conoce en todos los países y es una de las más queridas por los estudiantes, incluso los norteamericanos y aun mis propios hijos. Yo quisiera regresar al tema de Cuba, pero como novelista. Quisiera escribir una novela sobre la Crisis de Octubre, porque ha sido vista de muchas formas entre los cubanos, entre los rusos, los norteamericanos… “
“Otra cosa importante: como en Cuba no se publicaron mis poemas por tanto tiempo, voy a escribir una carta a mi editor mexicano pidiéndole que permita la reedición de mi libro Adiós bandera roja, que fue publicado con mucho éxito en México, y también de mi novela No mueras antes de morir”.
Su participación en Soy Cuba no fue un hecho aislado, como lo atestigua su película Kindergarten, que ha sido presentada esta semana dentro del contexto del festival. Ha incursionado en el cine varias veces como guionista y director, siempre consecuente con su espíritu contestatario.
“Los funerales de Stalin salió antes del golpe de Estado, en los últimos días antes del golpe. El pueblo en ese entonces estaba muy dividido, pero ahora muestran la película por televisión nacional cada año el día de la muerte de Stalin. Eso es un reconocimiento, porque esta es una película muy sincera. No es solamente política, es una biografía.
“Ahora tengo dos guiones que ya están listos para hacer: Una película que debe ser realizada en Inglaterra, titulada Doña Quijota, y otra en Rusia, sobre la historia del país, historia de amor y política. Yo siempre mezclo la política, como en mis poesías. No hago más películas porque llevo 12 años haciendo una antología que es mi pirámide de Keops. Contendrá 10 siglos de poesía rusa. Tres tomos de unas 1 500 páginas cada uno, como una Biblia. Son cerca de 700 poetas, los mejores para cada familia en Rusia. Allí está Ajmátova, es la segunda después de Pushkin, ¡escribió tantos poemas buenos! La tercera también es una mujer: Marina Tsvietáieva, gran poeta. Algunos de sus poemas son pequeños, pero con soluciones de gran poeta. De algunos autores hay un solo poema, pero no de estas dos mujeres: Ajmátova tiene 62 poemas, tan grandes que no puedo dejar de incluirlos. Tengo completa libertad en el tamaño del libro, aunque estoy cansado…, pero ya veo la luz al final del túnel”.
La diversidad de proyectos no es sino otra muestra de la inquietud intelectual del creador, que lo ha llevado también por una larga sucesión de viajes desde su juventud, ansioso por conocer otras culturas y otros pensamientos. Como una vez escribió, le gustaría haber nacido en todos los países y vivir en un mundo sin pasaportes.
“Este es para mí un año de muchos regalos porque en junio voy a Italia para recibir el
Premio de Eugenio Montale. Después me voy a Bulgaria, donde me van a publicar dos libros: una novela y una selección de poesía, y donde también me darán un muy prestigioso Premio nacional búlgaro, el de Hristo Botev, el gran poeta revolucionario. Otra noticia que me tocó mucho el corazón es que la nueva presidenta de Chile, Michelet, hizo pública su decisión de darme una de las distinciones más altas de Chile: la medalla del Libertador O’Higgings. Estamos decidiendo dónde será mejor darla, si en Chile o en Moscú. Es una noticia muy buena”.
Unas veces censurado, otras publicado con el apoyo oficial, la relación del poeta con los poderes soviéticos estuvo siempre rodeada por la controversia. Su poesía insumisa era recibida ya como infame expresión de la disidencia, ya como un éxito de la literatura rusa:
“Cuando yo protesté contra nuestros tanques en Checoslovaquia (Yevtushenko envió un telegrama con un mensaje y un poema en apoyo a la insurgencia checa, que luego circuló clandestinamente por todo el país), y algunos escritores desconocidos escribieron al Politburó una carta contra mí, diciendo que “Yevtushenko no es digno de ser ciudadano” etcétera, el primer ministro, Brezhnev, dijo: “Yevtushenko escribió su poesía como un libro de texto poético sobre la historia rusa, ¿cómo podemos discutirlo? Esos escritores solo sienten envidia”. Brezhnev contó una historia interesante en el Politburó: Cuando el fascismo era todavía solo una amenaza, antes de que comenzara la guerra, un ingeniero de la ciudad de Dnieprodzerjinsk solía atacar la burocracia en sus discursos. Un secretario del Comité local del Partido lo tachó de antisoviético, escribió un informe sobre él, y finalmente el ingeniero fue arrestado. Cuando los alemanes entraron liberaron a todos los prisioneros y este ingeniero se unió a la resistencia clandestina. El secretario del Comité del Partido se convirtió en un jefe de la policía fascista. Brezhnev dijo: “A Yevtushenko lo veo como un activista que defiende su patria desde la clandestinidad, nunca lo veré en el papel de un policía”.
Sin embargo, desaparecido aquel mundo, y al pensar en la poesía que se escribe en la Rusia actual, Yevtushenko evoca, quizá con nostalgia, la pasión que lo hizo portavoz de miles de jóvenes.
“Nuestra generación en Rusia era muy fuerte. Éramos una pléyade de más o menos 10 poetas. La poesía no puede existir sin idealismo. Existen ahora poetas con muy buena técnica, pero falta romanticismo, idealismo, sarcasmo, ironía. El sarcasmo puede devorarte, como uno de los colores del arco iris, como Pushkin, que tenía muchos poemas sarcásticos —yo tengo muchos poemas sarcásticos. No hay ya esa energía del renacimiento. La gran poesía es energía, es la comprensión de que la vida es un regalo. Al mismo tiempo, la poesía puede ser muy oscura. Pero la vida no es demasiado oscura. Aún con todos los sufrimientos, la vida sigue siendo un regalo. Ninguna persona ha vuelto del otro mundo a informar exactamente lo que pasa allá. Yo soy un poeta de Su Majestad la Vida. La admiro. Por eso nombré mi novela No mueras antes de morir. Yo he visto esa energía en Pablo Neruda, la he visto en el poeta turco Nazim Hikmet. Veo esta energía en Pasternak, que aun cuando era objeto de ataques cínicos continuaba amando la vida. Cuando escribió su novela Doctor Zhivago me quisieron forzar a criticarlo en nombre de la juventud literaria, me negué, dije: ‘nunca voy a negar al gran poeta. Él es un profesor, enseña el amor a la vida’. Qué mejor forma de vivir que enseñar el amor a la vida. Por eso he dado tanto”.
El zar-campesino,
talento innato sobre el tallo
quebrado del maíz,
llevó arduamente sobre sus espaldas,
con los nudosos músculos,
el ataúd de su época,
casi extinguido bajo la carga,
temblando de miedo del siervo,
dando pasos en falso sobre sangre y fango.
El zar-campesino,
que allí en su aldea manoseaba
a las chicas por los bancos,
odiaba el rallador
en el cual, en la cocina de Stalin,
había sido rallado,
jugó el papel de un simplón, de un tonto
con sus verruguitas alegres,
y se desquitó del zar-patrón
por el cake, puesto durante una borrachera
debajo de su trasero.
En medio de una manada
de lobos
se sublevó
y comenzó a destruir
nuestra prisión de barracas,
rompiéndose las uñas
mientras arañaba el miedo,
se sacaba de sí
a Stalin,
por lo que vamos a estarle agradecido
No era al estilo de zares
que llevaba su cabeza
parecida a un rábano cubierto
con el sombrero.
“Comunismo” era para él
una de las palabras difíciles
completamente impronunciables.
Era de Gagarin y de Solzhenitsin
el padrino
y también en la pintura
fue teórico humorista.
¡Cuántas cosas hizo de modo torpe,
pero en cambio, cuántas cabezas salvó!
Le metieron en la tumba.
Se rindió sin enterrar
al capitalismo.
Nos sentimos algo aburridos
sin los golpes
de su bota maloliente
de aldeano en la ONU
Desde las racketas de Jruschiov
hasta los racketeros de ahora ,
esos son los zigzag de los tiempos
posbabilónicos de hoy.
Para honrar la memoria
de Jruschiov
la familia invitó
no a un modelístico-pintorcito
sino a un escultor castigado
quien le había insultado con las peores injurias
en el Manezh.
Fue blanquinegro el mármol
como la conciencia
y el deshielo, lo metieron
en el congelador,
y para nosotros,
como para los nuevos japoneses
la Crimea se ha convertido en las islas Kuriles.
De todos modos, los “jruschiobi”
es mejor que el techo quemado
por la ex fraternidad de los pueblos.
Sobre la tumba del zar-campesino
quien era poco rencoroso
y rudo,
hace tiempo por sus palabrotas
bautizado,
pero por él, de todos modos, defendido
pongo una flor no aduladora
peor, en cambio, no mentirosa.
Libro inédito
20 de febrero de 2006
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