¿Se podría dar una Noche Blanca en México como la Noche Blanca en París?

Por Lina Zerón

Por una noche (y una sola) toda la ciudad se transforma en un enorme escenario donde alternan espectáculos, performances plurimedia, fiestas y exposiciones de artistas de todo el mundo. Es una noche especial en París donde las albercas municipales se transforman en discotecas acuáticas y las calles en salas de arte contemporáneo. Todos los edificios se iluminan, la gente saca lámparas por las ventanas. El horario es de 19hrs. a 7 de la mañana de sábado a domingo, este año tocó del 7 al 8 de octubre. Todo París en las calles celebrando una noche sin dormir, una noche diferente, en paz. Se reparten programas por todos los barrios, la televisión pasa constantemente la información de los diferentes eventos que se ofrecerán en la noche. La gente se pone de acuerdo para hacer sus propios eventos en la calle, los medios electrónicos apoyan no solo a la difusión sino también a compaginar las ideas de todo aquel que quiera participar en la Noche Blanca, cada alcalde de cada barrio planea algo distinto. La "Noche Blanca" (Noche sin dormir) de París comprende unos 120 eventos de creación contemporánea que cubren todos los géneros posibles y que permanecen abiertos al público gratuitamente durante toda la noche, a menudo en lugares inhabituales, como antiguos edificios de hospitales o estaciones ferroviarias.

Todo comenzó en el 2002 cuando la imaginación de Jean Blaise, el creador del festival “Los Encendidos” en Nantes, creó la primera edición que implicó una veintena de lugares, desde el Hotel de la Ciudad transformado en discoteca a una antigua fábrica de aire comprimido. El éxito fue inmediato, y superó las expectativas previstas: 500.000 personas se reunieron a lo largo de la noche y hasta salir el sol.

Para el 2003 se fijó una noche sin dormir en especial, el primer fin de semana de octubre. Los delegados de cada barrio se encargaron del tema, de 20 lugares abiertos en el 2002, se pasó a 110. Amigo Barak, responsable de las peticiones de los ciudadanos para la ciudad de París, imaginó una programación en torno a la luz y la electricidad en el centro de París. Pedro Bongiovanni, director de la obra de prefiguración del Gaîté Lírico, pensó en una clase de taller colectivo y virtual, respaldado por el coreógrafo William Forsythe, en el centro de la ciudad. Camille Morineau, conservador del Patrimonio de la Ciudad de París, propuso obras interactivas, entre “Choza codiciosa” de Anne Ferrer y choza a cene a “Diente de león” de Alain Bublex, susceptibles de proponer nuevas maneras de vivir la ciudad, en París Orilla Izquierda, nuevo barrio en construcción del este parisiense, ese año. Gérard Paquet, encargado del proyecto de animación artístico de la Casa del Métallos, pidió a Yann Kersalé iluminar “todo en blanco” el canal San-Martín.

En 2004, tres directores artísticos de la competencia, diferentes y a la vez complementarios, elaboraron una programación artística nocturna, contemporánea, según una distribución por zonas y por polos (Centro, Norte y Sur) en más de un centenar de lugares en París. En el centro, Amigo Barak, de nuevo encargado de esta tercera edición, concentró su atención sobre temas más verdaderos como la naturaleza: las “esculturas” fuera de escala establecidas en la ciudad tomaron la forma de un Caballo de Troya enteramente previsto de materias reflexivas por Bruno Peinado en el tribunal de un Palacete del pantano o de animales salvajes “que parasitan” la Casa de Victor Hugo bajo la conducta de Jean-François Fourtou. Los Oteros Chaumont, las Marmotas vocales volvieron a visitar la historia de la música, de Monteverdi a Kurt Weill, difundiendo en los bosquecillos una polifonía de cantantes, acompañados de instrumentistas. Con Caricias de marquesas sobre los techos de la estación del este, Robin Meier y Frédéric Voisin lanzaron en el espacio olas de sonidos instantáneas. Esta inserción de la creación musical en las artes plásticas sedujo a una gran parte de público más popular, que se cree superó más a de un millón de personas a lo largo de la noche.

En 2005, durante la noche del sábado 1 domingo 2 de octubre, los horarios de Noche sin dormir se amplían de 19h a 7h de la mañana. Jean Blaise, de nuevo director artístico concibió ésta vez: “deambulaciones en una película en tres dimensiones”, estas incursiones fueron cinco - al cual viene a añadirse Versalles apagado, una programación imaginada por Laurent Le Bon en distintos lugares del castillo de Versalles. Entre el Foro de los Mercados y el Centro cultural Sueco, Central DO París convocaron un baile brasileño en el jardín de los Mercados y el Centro Pompidou. Al norte, de la iglesia San Juan de Montmatre hasta el Pequeño Cinturón, Los caminos del Paraíso se hacen más sonoros, con la (re) creación para 300 guitarras eléctricas de Rhys Chatam a la Coronación Corazón, “A crimson grail moves too fast to see”, y los decorados de cine de horror, titulados “Último tren para los limbos”, debidos al realizador Thierry Poiraud, sobre los carriles dados de baja del Pequeño Cinturón. El año pasado por decisión prefectoral, un centenar de bares permanecieron abiertos toda la noche, con la promesa de los ciudadanos que no habría disturbios y no los hubo. Se estima que el público de 2005 fue de 1.300.000 personas.

Este 2006 se estima que llegaron mas de 1,5 millones de visitantes convocados por todas las prefecturas, esta edición registró una afluencia récord de la noche del 7 al 8 de este mes. Los eventos se circunscribieron a seis barrios de la capital desarrollando exclusivamente temas sobre Arte Contemporáneo, acompañados por supuesto de música y luces.

Yo que soy tan poco nocturna, al salir a participar de la Noche sin Dormir, comprendí que hay que planear qué desea ver uno ya que las filas son inmensas para entrar a las muestras de arte que se repartieron este año por los barrios de Campos Elíseos, (La Concorde), el de Goutter-d’Or, el de Marais, Bercy-Tolbiac, Carpentier y el barrio Beaugrenelle. Por la facilidad del bus 95 de mi hotel a los Campos Elíseos, me decidí por La Concorde la cual se encontraba toda iluminada de azul Klein, creación del pintor Ives Klein. Esta gran plaza, estaba constituida por cientos de caramelos envueltos en papel plateado, se presentaba como una escultura-ofrenda donde cada uno era libre de tomar un dulce. Los espectadores participábamos así en la obra y en un mismo gesto paradójico, a su desaparición, esto ocurrió a lo largo de los Campos Elíseos. En la Plaza Clemenceau, Loris Cecchini insertó un elemento del tejido parisiense, suspendiendo de manera surrealista en una estructura orgánica formada por pequeñas esferas de PVC. Esta suerte de arquitectura utópica trastocó la percepción del lugar. Carsten Höller intervino en el alumbrado del ala septentrional del Pequeño Palacio manteniendo la frecuencia de la corriente eléctrica a una tensión entre 7 y 8hz, produciendo un efecto de centelleo. La estructura del edificio, semejaba la del cerebro dividido en dos hemisferios, fue una experiencia perceptiva única. Las composiciones del artista Takagi Masakatsu multiplicaron las fuentes sonoras, incorporando el piano, el acordeón a tramos de vida en cantos de niño, hubo gritos de admiración ante el fuego artificial.

Y el acuerdo de los ciudadanos de no echar a perder la noche emborrachándose y provocando problemas, se cumplió. Noche Blanca, en todos los aspectos. Al caminar de regreso para tomar mi autobús, como a las 2 de la mañana, lo que especialmente me gusto fueron los canales iluminados con luces verdes, haciendo revivir el París romántico, me trajo también a la cabeza alguna narrativa de García Márquez donde describe los enamorados que hacen el amor a orillas del Sena.

La ocasión es única para encontrarse con amigos solitarios y descubrir nuevos rincones, que por la noche y sin iluminación no te das cuenta de lo lindos que son, es como ver las imágenes de lo cotidiano que ves cada día en colores, verlas en blanco y negro o de imágenes que no ves por falta de color o que las ves en gris y poder verlas en su dimensión de color exacto..

Los museo abren rincones especiales, esencialmente la Noche Blanca es romántica, cultural y en su gracia caben todas las improvisaciones, igual te quedas sentada en un café a ver la vida nocturna pasar los monumentos y los puentes iluminados también, con su magia que solo Paris sabe ofrecer.

Y me pregunté con cierto dejo de tristeza, ¿esta maravilla se podría llevar con tanto orden y armonía en México Distrito Federal?