Premio Internacional de Literatura Neustadt

El Premio Internacional de Literatura Neustadt, fue concedido a la poeta Claribel Alegría de Nicaragua. Éste galardón se considera el premio internacional más prestigioso después del premio Nobel en literatura, de hecho, se refieren a menudo como el "Nobel americano". Se otorga cada dos años y tiene una dotación económica de 50 mil dólares en efectivo, una pluma de águila fundida en plata y un certificado que será recibido por la escritora en octubre del 2006. Entre los autores que lo han recibido destacan Giuseppe Ungaretti en 1970; Gabriel García Márquez en 1972; Francis Ponge en 1974; Elizabeth Bishop en 1976; Czeslaw Milosz en 1978; Josef Skvorecky en 1980; Octavio Paz en 1982; Álvaro Mutis en 2002 y Adam Zagajewski en 2004.

Entrevista con Claribel Alegría
Por Lina Zerón


Con franca alegría, Claribel nos habla sobre su infancia, su formación y cómo llegó a obtener el prestigiado premio Neustadt, otorgado por un jurado internacional, representado por ocho países, y administrado por la Universidad de Okahoma con un monto de 50,000 dólares.

Claribel Alegría.- Nací aquí en Nicaragua en el año de 1924, mi padre era nicaragüense, mi madre salvadoreña, en ese tiempo, cuando yo nací en 1924, Nicaragua estaba invadida, ocupada por los marinos yanquis y mi padre, que era un gran patriota estaba en contra de eso, denunciaba mucho y lo amenazaron de muerte. Mi madre se asustó tanto que nos fuimos a vivir al Salvador cuando apenas tenia 9 meses de nacida. Crecí en El Salvador, hasta los 18 años, que me fui a estudiar a los Estados Unidos; mi infancia fue muy linda ya que mi abuelo leía muchísimo, se había educado en Francia, tenía una biblioteca muy bella, yo leía en francés también, porque me enseñaron el francés para leer en esa biblioteca, mi padre siempre con su Rubén Darío y mi madre con los del siglo de oro, con San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, así me crié en ese ambiente tan lindo y antes de saber leer y escribir, como a los cinco años, empecé a leer ya, yo le dictaba poemas a mi madre, era muy petulante, yo, le decía: “mamá, escriba eso que es una maravilla”.

Cuando tenía como seis o siete años pasó José Vasconcelos, por El Salvador, y mi padre, junto con otras personas le organizaron conferencias; él venía, cuando fue postulado a la presidencia y perdió. Mi padre me decía que llegaba un gigante a almorzar a casa y yo estaba feliz, cuando lo conocí le dije: “pero usted no es gigante, mi padre es mucho más alto que usted”, entonces nos hicimos muy amigos con Vasconcelos. El fue el que me cambió de nombre, porque mi nombre era Clara Isabel Alegría y entonces él me dijo: “yo veo en tus ojos que vas a ser poeta”, así me dijo Vasconcelos, y te voy a decir una cosa, “Clara Isabel es un nombre muy lindo, pero es más un nombre de abadesa, ¿por qué no te conviertes en Claribel?”, ni corta ni perezosa les anuncié a mis padres que yo desde ese día me llamaba Claribel, que no me llamaba más Clara Isabel; Vasconcelos y yo tuvimos una amistad muy linda, muy linda

Lina Zerón.- ¿Cómo te descubres poeta, cómo empiezas como poeta?

CA.- Mira, a mí siempre me encantó leer y sobre todo poesía, pero cayó en mis manos, cuando yo tenía como 14 años un libro de Rilke que se llama "Cartas a un joven poeta", me hizo una impresión enorme, lo leí de un tirón; me lo leí dos veces. Yo me paseaba por los corredores de la casa en las noches y decía: “pero es que eso quiero ser yo, no importa las dificultades que hayan, eso quiero ser yo, yo quiero ser poeta”, una cosa como más fuerte que yo y, desde entonces no he parado de escribir. Tuve la gran suerte de tener como mentor a Juan Ramón Jiménez, porque cuando me mandaron a estudiar, yo me bachilleree en El Salvador y luego me mandaron a mí a estudiar a los Estados Unidos, cuando estaba allá, en Luisiana, me enteré que Juan Ramón Jiménez vivía en Estados Unidos, yo todavía era tan tonta que creía que todo quedaba cerca en los Estados Unidos, yo vivía en Luisiana y él vivía en Washington, D.C., entonces se me ocurre escribirle una carta diciéndole cómo lo admiraba y cómo "Platero y yo" estaba siempre en mi mesita de noche, sin pensar que me iba a contestar fíjate, sin pensarlo, pero me respondió, ahí todavía conservo su tarjeta linda, escrita a lápiz, él escribía siempre a lápiz, tenía unos caracteres como árabe, parecían letras raras de árabe. Me respondió que él ya me conocía a mí por repertorio americano, pero no te creas que él me conocía porque le habían gustado mis poemas, sino que le gustó mi nombre, Claribel Alegría, le gustó mi nombre y se le quedó; José Vasconcelos hizo muy bien en cambiarlo. Me decía que le encantaría conocerme; mi hermano y yo tomamos un autobús para las navidades y nos fuimos a Washington D.C., él me mandó un retrato que conservo, que decía: “A Claribel, para que me conozca, me reconozca al verme”. Llegamos al departamento de ellos, muy lindo, pequeño pero muy lindo, nos quedamos conversando con Juan Ramón mucho, mucho rato y entonces él me dijo: “bueno, pues me gustaría guiarte, porque tienes pasta, me gustaría guiarte”; Le dije que si pero que vivía muy lejos y respondió: “tú te tienes que venir a vivir aquí”; rebatí que no podía, que mis padres no eran ricos, mi padre era médico, todavía me escucho: “no puedo porque me acabo de ganar una beca para cuatro años en la Universidad del Orión para estudiar filosofía y letras, qué hago”; “no importa” me dice, Zenobia, su mujer, “Juan Ramón y yo tenemos grandes contactos aquí, tú vas a trabajar medio día en la Unión Panamericana y vamos a ver si puedes conseguir un cuarto, una habitación que no es cara en la casa de estudiantes”; Mi papá se puso furioso porque me decía: “has tirado a la basura una beca de cuatro años, eso es terrible”; no me importó, mi poesía era lo primero y “yo quiero ser es poeta”; y eso fui. Durante tres años estuve yendo a casa de Juan Ramón, dos veces por semana; “ya veo que eres muy buena lectora, pero todas tus lecturas son caóticas, ahora conmigo vamos a empezar con los maestros de juglería, con los de clerecía, toda la poesía española hasta donde yo estoy ahora”, me preguntó qué deseaba escribir, “pues a mí lo que más me gusta es el verso libre”, “verso blanco”, me decía él; “verso blanco” le decía; “¿has escrito sonetos, has escrito décimas?” preguntó; “no, no me interesa”; respondí, “estúpida, eres una buena de estúpida para aprender el verso blanco debes escribir primero clásico, así que cada vez que vengas aquí a mi casa, deberás traer escrito un soneto, una décima, un romance, eso quiero yo”; nunca me dijo: “qué bueno es esto”, nunca, siempre me decía: “esto es cursi, esto está mal logrado, esto es esto”, vieras qué tristeza, yo me iba a mi cuartito de la casa internacional de estudiantes a llorar y me decía: “a lo mejor yo no tengo pasta de poeta” y lloraba.

LZ.- Pudiste haber aventado la toalla

CZ.- Pude haber aventado la toalla, pero no, me acordaba de Rilke, y de "La carta a un joven poeta" y no aventé la toalla; ah bueno, Juan Ramón me dijo una maravilla, fíjate tú que me decía que todas las artes están interconectadas, así que me llevaban él y Zenobia todos los domingos a ver una galería de arte, me enseñaron a ver; después me llevaban a conciertos o los escuchaba en casa; una vez me llevaron a un concierto maravilloso donde dirigía Toscanini. Todo eso me sirvió muchísimo. Al cabo de tres años, un día llego yo a casa de ellos y me dicen con una sonrisa muy pícara: “te tenemos una gran sorpresa”; y yo decía: qué podrá ser la sorpresa de Juan Ramón. Zenobia me dijo: “Juan ha elegido todos los poemas que en estos años le has traído y escogió los que a él le parecen los mejores y ya tienes un libro, que se llama "Anillo de silencio", ahora tienes que encontrar quién te lo publique, pero está aquí con la bendición de Juan y yo que te lo mecanografié.” Estaba feliz, le escribí a Vasconcelos: “ay Vasconcelos, usted me puede ayudar a encontrar un editor”, a lo que respondió: “hijita, te lo va a publicar mi editor”, que es la Editorial Gotas, con una sola condición, que yo haga el prólogo”, entregué mi libro "Anillo de silencio", que salió en 1948 en México con la bendición de Juan Ramón y con el prólogo de José Vasconcelos, fíjate qué alegre, así que valió la pena verdad.

LZ.- De ese primer libro, luego la basta obra que has escrito tanto en poesía como en ensayo, mas todos los premios ha que has sido merecedora, ¿cómo te sientes con El Premio Internacional de Literatura Neustadt?

CA.- Estoy muy feliz por este premio. Soy la tercera mujer que lo recibe y la primera nicaragüense. Sólo espero estar viva para recibirlo en octubre próximo. Este premio es como una coronación al final de mi vida. Cuando Daysi Zamora me llamó para decirme que había ganado no lo creía. Ella fue parte del jurado, cada uno debía tener un candidato y ella me propuso y ganamos. Cada jurado -los 11 participantes- leyeron dos obras de cada candidato y así fui quedando entre los escogidos. Habían buenos candidatos como el novelista norteamericano Philipe Ros que ha sido nominado al Nobel de Literatura. Se me dio por toda mi obra, mis libros de poemas, las traducciones, los ensayos. Ha sido como un gran sueño que me hayan elegido, debo tener un ángel de la guarda. Imagínate, a los 81 años.

Claribel Alegría, considerada como una de las grandes poetas del siglo XX, todavía tiene dos proyectos más que terminar, “si Dios me presta vida, Mágica Tribu que ya está hecho y se va a publicar en El Salvador, es un libro de semblanzas de grandes escritores con los que tuve una gran amistad y están muertos todos, y yo relato su lado humano, ese libro nació de una entrevistas que José Argüello me hizo y que salieron en la radio. Los escritores que aparecen en el libro son, Juan Rulfo, José Vasconcelos, Salarrué, Roque Dalton, José Coronel Urtecho, Julio Cortázar, Juan Ramón Jiménez, Miguel Ángel Asturias y Augusto Monterroso, y tengo otro libro que se va a llamar Mitos, quiero que sea un libro que se alargue, no tengo ninguna prisa por publicarlo, creo que saldrá ya cuando me muera. Se lo voy a dedicar a Rubén Darío porque fue el que me enseñó a amar la mitología.