ENTREVISTA CON ELENA LILIANA POPESCU
Por Lina Zerón
Nacida en 1948, en Turnu Măgurele, Rumania, Elena Liliana Popescu es licenciada y Doctora en Matemáticas, por la Universidad de Bucarest, de la que actualmente, es catedrática. Después de 1989, inicia una actividad en el periodismo rumano con ensayos de interés general, así como artículos contemporáneos sobre temas sociales y políticos. Liliana Popescu es miembro de la Unión de Escritores de Rumania, sección de Poesía. Tiene publicados más de diecisiete libros de poesía y de traducciones del inglés, francés y el español. Sus poemas han sido traducidos a numerosos idiomas y ha sido invitada a más de 10 países a leer su obra. Ha publicado entre otros: Tie (A Ti, 1944), Tărâmul dintre Gânduri (El reino de entre los pensamientos, 1997), el libro sobre su padre, el poeta y piloto George Ioana, Zborul. Vis şi Destin (Vuelo. Sueño y Destino, 1999), Cânt de Iubire - Song of Love (Canto de Amor, al ingles por Adrian G. Sahlean, 1999), Imn Existenţei (Himno a la Existencia, poemario en homenaje al poeta romántico Mihail Eminescu, de Rumania, 2000), y la versión chino del Canto de Amor, por el poeta Lee Khien-Shien, en 2006. Entre sus traducciones, se pueden citar:Una catarsis no sólo para mi, del español, de Moisés Castillo, 2002),
LZ: ¿Cómo surgió su amor por la Literatura?
ELP: Cuando era niña, contemplaba con atención las cosas que pasaban ante mis ojos en el mundo que se perfilaba a mi alrededor. Más tarde, el mundo interior también abría sus puertas invitándome a conocerlo; un mundo no menos fascinante que el exterior y que reflejaba todas las reacciones a lo que afuera parecía ser nuevo y construía, paso a paso, lo que había de ser para mí la vía del conocimiento; conocimiento cuyo objeto solo era muy vagamente percibido al principio y cuyo sujeto era “yo”, sin que, por aquel entonces, me preocupase quién ni qué significaba ese “yo”. Nuevas y nuevas preguntas seguidas de respuestas tendrían que ser sustituidas por otras respuestas y otras preguntas, algunas de las cuales parecían no tener respuesta... El misterio se presentaba siempre con otras facetas, nuevas experiencias mejoraban la calidad de su búsqueda pero ellas resultaban ser, todas las veces, insuficientes para descifrarlo.Y uno de los rostros del Misterio apareció invitándome a conocerlo: la Literatura.
L. Z.: ¿Cuándo empezó a escribir?
E.L.P.: Paulatinamente, comencé a expresar por escrito reacciones, emociones e impresiones provocadas por mis encuentros con aspectos insospechados de lo desconocido, cuando estos parecían tocar mi ser en cierto sentido y con intensidad... Sentía la necesidad de compartirlas por medios distintos a la palabra ya que mi ser interior no encontraba, al menos al principio, otra vía de comunicación más adecuada. La mayor parte de las veces, no me dirigía a nadie en concreto, quizá a todos, quizá a mí misma, sin que por entonces ello me preocupara porque, al contrario, la sensación de aquel rebosadero se habría vuelto una carga demasiado pesada para lo que estaba empezando a intuir que era mi alma. La forma de expresar mis sentimientos en tales situaciones se acercaba a lo que podríamos llamar poesía, en una acepción quizá generosa y, en cualquier caso, al estimulo, y, en este sentido, podría afirmar que los primeros intentos literarios que revestían la forma de poesía se perfilaron ya a la edad de diecisiete años. Este parece haber sido el principio, suponiendo que exista realmente un principio...
L. Z.: ¿Por qué escribe?
E.L.P. Los versos que he escrito son directos y sencillos. Nacieron en mi corazón y el intelecto los modeló luego, para expresar las sensaciones, los sentimientos y también la fuerza de la emoción auténtica, que no puede expresarse del todo a través de la palabra. Las poesías vinieron solas, podría decir que una detrás de otra, como una necesidad, sin buscarlas ni construirlas, sin perseguir una finalidad determinada, sin la intención de impresionar ni de provocar nada ni a nadie, aunque el intento del lector de descifrar el mensaje auténtico de los poemas podría constituir, en cierto sentido, una provocación, así como con la recepción de ese mensaje el lector podría tener una sensación parecida a una conmoción. No me he propuesto escribir, o escribir para alcanzar un fin. Pero, en mi opinión toda la gente, conscientemente o no, por todo lo que hace, concurre al mismo fin: el conocimiento de sí mismo.
L. Z.: ¿Acerca de cuáles temas escribe?
E.L.P.: Puedo decir que no yo elijo unos temas especiales, si no ellos, los temas, me eligen a mí para intentar acercarme a ellos, para entender sus significaciones, para escribir sobre ellos, a mi manera, quizás imperfecta para entenderlos en totalidad. La poesía que escribo se refiere a la experiencia espiritual del hombre, una poesía del alma, en la cual se ponen en evidencia las etapas progresivas de su interiorización para descubrirse su verdadera identidad.
L. Z.: ¿Inspiración o transpiración? ¿Por qué?
E.L.P.: En mi opinión, la inspiración es esencial. La sensibilidad del autor, su poder de entender la vida y de expresar en una forma original su experiencia espiritual, su conocimiento, su talento, todo eso contribuye para construirse una obra literaria. Pero la inspiración es la que les da la fuerza de la autenticidad, que les da la posibilidad a los autores de recibir unas gotas de la fuente universal que representa la esencia de la vida misma. La transpiración viene después, y continúa toda la vida.
L. Z.: ¿Qué está escribiendo hoy?
E.L.P.: Estoy trabajando en la preparación de un nuevo libro de poesía que reúne los poemas escritos en los últimos dos años, de una antología personal más amplia, en la publicación de una antología poética de Hugo Gutiérrez Vega y de traducir más de la obra poética de algunos poetas que conocí en las encuentros poéticos internacionales de México, Nicaragua y Cuba, donde participé recientemente.
L. Z. ¿Qué está leyendo hoy?
E.L.P.: Estoy leyendo y releyendo unas veces de la obra de Rumi, de Omar Khayam, de San Juan de la Cruz, de Victor Hugo, de Karl Kjellerup, de Hermann Hesse, de Octavio Paz y de las enseñanzas de Lao Tzu, de Ramana Maharshi, de la historia de los religiones y de las civilizaciones que vivieron en ese lugar del universo que la llamamos Tierra. Estoy leyendo de la obra literaria contemporánea, de la poesía contemporánea, por ejemplo de la de Juan Bañuelos, de Roberto Sosa, de Antonio Gracia, de Waldo Leyva, de Marco Antonio Campos, de Francisco de Asís, de Harold Alvarado Tenorio, y de muchos otros, desde diferentes países del mundo, que les traduje y publiqué en revistas literarias de Rumania y del extranjero, o que les estoy traduciendo.
L. Z.: ¿Qué movimiento literario merece su admiración? ¿Qué autor? ¿Por qué?
E.L.P.: La literatura como expresión de la experiencia acumulada por una persona sensible que, por la fuerza de su imaginación, da consistencia a un mundo no menos real que el que parece desplegarse ante nosotros, es una modalidad de conocimiento con la que podemos transformarnos, ser mejores, más conscientes del significado oculto de la vida bajo los aspectos más complejos, más sutiles y, de forma paradójica, más simples. Desde este punto de vista, la literatura sólo puede ser una sola, más allá de las clasificaciones relativas al espacio y al tiempo, a las diferencias de forma o técnicas utilizadas, a los encasillamientos, más o menos justificados, en determinadas corrientes literarias, a las opiniones a favor o en contra de sus valores, que atienden a reglas rígidas y criterios invalidados por el tiempo. Una obra literaria es, si ella puede resistir la prueba del tiempo, si permanece, con independencia de lo que pueda afirmarse en un momento u otro acerca de ella y, sobre todo, si resiste la prueba del no-tiempo, en el sentido de que, por la fascinación que provoca al leerse y la transformación producida en quien entra en contacto con el mundo creado por el genio del autor, genera un estado que se asemeja a una libertad sin límites.
L. Z.: ¿Qué género literario prefiere? (Para escribir y/o para leer)
E.L.P.: No podría decir que prefiero más un género literario al otro. Hay muchos tipos de clasificaciones, pero creo en una obra autentica, inspirada, sea que ella pertenece al genero lírico, épico, o dramático. Sea que una obra es de ficción o no, ella se refiere a la misma realidad subyacente que hay en todo lo que es. Todos los géneros literarios que aparentemente se oponen uno al otro, se armonizan entre ellos y son unos matices diferentes de la realidad que se expresa por todos autores que viven en los lugares y en tiempos diferentes. La poesía, especialmente, logra concentrar todo un mundo en un espacio muy reducido, mundo que se abre paso a paso ante el lector a medida que este va descifrando los sentidos entretejidos en los diferentes estratos de percepción, o bien, de repente, de modo milagroso, cuando la forma inspirada y el mensaje recibido consiguen provocar una sensación indescriptible con palabras. Una obra auténtica, escrita con sinceridad y talento, no importa por quién, llegará, tarde o temprano, a ser conocida, apreciada y valorada. La fortuna que tienen las obras escritas en una lengua que no rebasa sus fronteras consiste en la traducción, que se va refinando con el tiempo, para acercarse cada vez más a la forma original, en el sentido de reproducir con precisión tanto las ideas subyacentes como su arquitectura aparente.
Escribí poemas, ensayos, artículos sobre la poesía, prólogos, notas del traductor, poesías, artículos en los diarios.
L. Z. ¿Cuál es su meta literaria en la vida?
E.L.P.: Podría responder a esa pregunta de una manera implícita, por la introducción al poemario Himno a la existencia, dirigida al que espera: «A ti, que estás abriendo este libro»: «Trata de dejar de lado las preocupaciones del día para poder entrar juntos en la realidad del Sueño llamado Poesía, abriendo la puerta de tu corazón a estos versos escritos especialmente para ti. Nacieron en mi corazón cuando les tocó desprenderse del mundo de las formas-pensamientos y revestirse en el mundo de las formas-palabras, para presentarse, cuando hayan cumplido su destino, a la ceremonia del encuentro contigo, lector. La simplicidad que en su esencia significa la Verdad no puede expresarse más que por el silencio. Todas las palabras del mundo lo único que hacen es intentar describir el silencio. El conocimiento de sí mismo, el ideal más simple y el más difícil de alcanzar es la finalidad de cada hombre por separado y la del mundo entero y a ella se subsume toda nuestra búsqueda. Algunas veces la búsqueda cobra la forma de lo que podemos llamar poesía. Los poetas vienen y se van, dejando su empeño por descubrir el rostro invisible de la Poesía, la cual nos mira sin juzgarnos desde el otro lado del velo de la Ilusión». |