Entrevista inédita con José Watanabe, Lima 2006

Por Lina Zerón

Hijo de padre japonés y madre peruana, nace José Watanabe Vargas en Laredo, Trujillo, Perú, el 17 de marzo de 1945 y muere el 25 de abril de 2007. Hijo de una familia numerosa (10 hermanos). Watanabe aprendió de su padre el arte del Haiku. Su segundo libro: “El huso de la palabra”,  no apareció  sino hasta 1989 y fue considerado por la crítica nacional como el poemario más importante de la década de los ochenta. En 1994 publicó Historia natural.  Su obra se editó en Londres en 1997, con el título “Path through the canefields”. En 1999 apareció “Cosas del cuerpo”. En el 2000 Editorial Norma publicó la antología:  “El guardián del hielo”. Como cineasta, es autor de varios guiones, destacando entre ellos los que escribiera para las películas “Maruja en el infierno”, “La ciudad y los perros y Alias La Gringa”. Su último libro: “Banderas detrás de la niebla” (Pre-Textos, Valencia, 2006-Peisa, Lima, 2006)

José Watanabe era un curioso empedernido, charlaba por horas de tecnología, arquitectura, arqueología o de películas mexicanas de los años 50, si descubría que eran muchos los que le prestaban atención, enmudecía nuevamente por largos espacios. Escribió en la vigilia ocho intensos libros de poesía. La poeta colombiana Piedad Bonnet lo recomendó a editorial Norma para que le publicaran su antología “El Guardián del Hielo”, ese libro se convirtió en uno de los más leídos en España, porque,  Watanabe era uno de los grandes.

El poeta recuerda su infancia llena de carencias, una vida pobre de campo en un ingenio azucarero pero feliz y el cambio que dio su vida al ganar su padre la Lotería de Lima y Callao mudándose así a la capital de la provincia, Trujillo, donde pudo estudiar. Años después se  muda a Lima para concluir sus estudios de arquitectura pero el afirma: “Nunca olvidaré Laredo”. Y así fue, ya que muchos de sus poemas se sitúan, sin tiempo. Aceptó la entrevista por amor a México, a la poesía, por cariño a mí.

“Tú sabes que no me gusta dar entrevistas porque me he dado cuenta que la gente es bien chismosa, terminan preguntándome: y a qué horas escribe y cuántas veces, y ¿se enamoró?  me dijo, y continuó:  “es mas tuve un problema ya que varios años gané el premio de Poeta Joven del Perú y cuando aceptaba la entrevista, comenzaban el encabezado con: “El poeta Joven del Perú…” y yo ya no tenía nada que ver con ese premio a esta edad, ¿te  imaginas?”

De su padre no sólo aprendió el control de las manifestaciones emocionales, que llama: refrenamiento; sino también y sobre todo la forma poética del haiku y aclara sobre éste género: “el Haiku no es metáfora; eso fue en Japón hace un tiempo, en esa época era todavía difícil entender el espíritu del haiku, hoy se comprende más fácilmente”. Watanabe sabía muy poco japonés, su padre le traducía los haikus; “mi padre era un gran lector, en mi casa eran los únicos libros que había, mi pueblo era de obreros azucareros, muy modesto, sin embargo en mi casa había muchos libros, pero en japonés, así que dependía de mi padre para que me tradujera estos haikus que compraba cuando iba a Lima, yo tendría 8, 9, 10 años, pero el que tuvo una influencia directa en mi formación literaria fue: Vázquez Alvites, profesor de lenguaje y después de literatura, se dio cuenta que me gustaba leer y escribir pequeñas historias y que me había leído todo el texto escolar de literatura de Jorge Puchineli, y a partir de entonces me hizo ir todos los sábados a su casa a leer en su biblioteca, me hizo leer todo Shakespeare, yo tenía 16 años, La tempestad, Enrique VIII, me gustaba, no creo haber entendido, tuve que leerlos después, pero me sentí bien, me sentí distinto frente a mis amigos de secundaria y vanidoso porque me hacía exámenes especiales, orales, sobre Hamlet, por ejemplo”. Un evento que definió a José Watanabe como escritor fue la muerte de su padre y el de su primera enamorada, escribiendo sus dos primeros poemas que le publicaron en la revista del colegio donde había egresado: San Juan de Trujillo, un colegio histórico donde estudió Silva Alegría, enseñó César Vallejo. “para ser catedrático en la Universidad de Trujillo, había que ser primero profesor en San Juan, era casi obligado”, comenta con orgullo. Watanabe estudió arquitectura en la Universidad de Lima, pero la abandonó a los tres años porque prefería leer y hacer un poco de periodismo, para ese entonces él no tenía mucho dinero para libros pero dice: “vivía en la Biblioteca Nacional”. José Watanabe pertenecía  al grupo de los 70, aunque él no se siente de ella; “en esa época los grupos no eran tan fuertes ni eran excluyentes, yo me llevaba con todos pero nunca quise entrar al grupo literario, Hora Cero, ya que tenía una discrepancia con ellos que no era a nivel de ideal poético, de escritura, sino a nivel de hasta qué punto la poesía tenía poder, ya que el lema de ellos era: “El poder joven de la poesía”, yo nunca he pensado que la poesía tenga un poder sobre el cambio social, sobre la estructura no, no lo tiene, creo que la poesía funciona a otros niveles”.

A José Watanabe nunca se le veía mucho en público o dando lecturas, no le gustaban los grupos, no comprendía mucho porqué tantas personas, poetas lo conocíamos: “yo me encierro en mi casa, leo y no me gusta salir, tú nunca me verás en la presentación de un libro, yo sé que comienzan a rajar, todos me dicen: “oye, has publicado en México, cómo has hecho, te administran”. Mira, yo abro mi correo electrónico y el director de Renacimiento me dice: “quiero tener diversos autores y yo le digo”: y cómo llegó a mi nombre; “es que lo leí en una antología y  me encantó su poema y quiero su obra”; está bien, cómo no; yo abro mi e-mail, me invitan a publicar y bueno por qué no”. 

Watanabe afirma que su infancia influyó totalmente en su poética: “he llegado a pensar que si no hubiera nacido en Laredo, no escribiría como escribo, tal vez sí sería poeta pero no escribiría como lo hago; el Laredo que yo viví no pasaba de cinco, seis calles y con dos campamentos obreros; uno en el norte y otro en el sur, yo tenía que caminar kilómetro y medio para llegar a mi colegio, con los zapatos al hombro para no enterrarlos, era un lugar polvoso, seco”.

José Watanabe es toda una celebridad en Laredo: “Tanto que la biblioteca de mi pueblo lleva mi nombre”, me dice con orgullo. En el 71 le otorgan el premio “Poeta Joven”, cosa que le valió que durante muchísimos años lo llamaran así, “yo me sigo sintiendo de esa edad, aunque tenga 3 hijas y haya tenido 3 matrimonios”. Cree fervientemente que hay que permanecer joven para ser poeta. Publicaba poco, de 50 poemas que escribía, publicaba 30 y los otros los destruía; “escribo a mano, totalmente a mano y después los paso a la computadora para verlo ya en tipo y no me gusta que digan que soy poeta de los 70’s, soy igual que mis amigos, tienes un lenguaje común, ideales, se forma una generación, las mismas perspectivas políticas y se dio, en los 70 sí se dio, eso del título de generación, aunque esa palabra no me gusta porque se abusa mucho de ella, tanto que en el Perú cada cinco años nace una generación” y agregó: “cuando yo llego a Lima y esto lo digo por primera vez, me acomplejé mucho frente a mis compañeros de generación y (ahora me cambié de camisa para recibirte en mi casa), mi costumbre es tener un lapicero y un papel en blanco siempre junto a mi libreta de identificación DMI, desde ahí tengo esa costumbre, porque cuando ellos hablaban de poetas yo no conocía a casi ninguno, pero muy discretamente apuntaba el nombre, por ejemplo: don Fernando Pesoa, anotaba con una "s" nomás porque no lo sabía, y luego al siguiente día me iba a la Biblioteca Nacional, buscaba Fernando Pesoa, me corregían: no, es con dos "s", pero aquí hay un libro, una antología,  yo terminaba sabiendo más de ese autor que ellos habían mencionado, porque además yo agregaba a eso mi disciplina. Tuve un complejo de inferioridad muy fuerte con respecto a los compañeros que estudiaban en Lima y se reunían en grupos para debatir. Yo permanecía callado, tomando nota, ahora soy distinto en cuando que superé ese complejo pero sigo siendo tímido y sumamente disciplinado, cuando comienzo un poema, lo puedo terminar en un mes, pero todos los días lo estoy mirando, nunca dejo de leer poesía un solo día, por lo menos leo tres, cuatro, cinco poemas, leo varios libros al mismo tiempo, incluyendo a Engels, obras escogidas de Marx, que es muy difícil de leer; no leí nunca El Capital, a Lenin sí, mucho, y disculpa la vanidad, ellos mismos fueron los que me dieron una conciencia, especialmente Lenin que yo no debería escribir, que no debería ser un poeta que escriba cosas políticas. Yo nunca he escrito una sola línea panfletaria, ni de apoyo a una línea política ni nada y eso lo aprendí con el propio Lenin, a pesar de que parece contradictorio, aunque, mira, acabo de escribir un poema que si alguien quiere darle una lectura política se podría, lo que sí no hago es si alguien me dice: mira, anda, haz un poema sobre el holocausto judío, porque estuve en Alemania y ví los campos crematorios que no quería verlos realmente, y si eso no pasara por mí, por mi dolor, no tengo por qué escribir eso, tengo bastante dolor personal, (de eso no hablaré).

El libro, "Elogio de refrenamiento", que salió en el 2003, en España es un homenaje a su padre; “en realidad es una frase de un dramaturgo japonés del siglo XVIII, que dijo: “la voz preñada de lágrimas”, no es mi estilo, prefiero el refrenamiento, es más cómodo; ese libro lo escribí porque mi padre me enseñó eso, esa actitud de refrenamiento, de tener una postura ética ante la vida, pero esa postura ética debe reflejarse en la postura física, no te olvides que Japón fue dominado durante siete siglos, hasta 1866 por los samurai, por estas castas militares, hasta que ellos mismos decidieron dejar el poder y entregárselo al emperador, porque ya habían saturado, eran siete siglos; ellos se mantuvieron estos siete siglos en base de un código: “el primer punto del famoso código bushido, dice que debes tener una actitud digna ante la muerte, - yo lo practico diario-, estar dispuesto a morir en el minuto siguiente por fidelidad a tu jefe de clan, , otro de los puntos es la fidelidad, si tú y yo somos amigos, somos amigos verdaderos; no me puedes traicionar, si me traicionas yo te mato y no te mato porque a mí me haya dolido tu traición, sino porque yo debo defender el valor de la fidelidad, eso quiere decir que debes aguantar esta entrevista hasta que yo me convierta en tierra, aunque de esto hay un sí y un no, el código bushido tenía razón porque quería rescatar esos valores, por eso escribí "Elogio de refrenamiento", por la actitud frente al dolor, la tristeza; mi padre murió de cáncer, lo sabía y mantuvo una actitud muy digna fíjate, nunca se quejó y los médicos nos decían: “debe estar sufriendo mucho, debe estar con mucho dolor, déjenme ponerle morfina”, mi padre nunca hizo un gesto de dolor y para mí eso es admirable, es una lección enorme que nos daba, eso me enseñó; en japonés se llama enrio, mantener la dignidad física, si tú lees la palabra en un diccionario dice: “dignidad”, pero a veces el lenguaje no tiene subjetividad y es: mantener la dignidad, una postura digna; y yo lo aprendí muy bien. Una anécdota que me contaba mi padre, decía: dos samurai amigos estaban combatiendo y se cuidaban juntos, en medio del combate, uno de ellos es flechado en un ojo y cae herido de muerte, el amigo va y le dice: yo jalo la flecha; pero para jalar la flecha tienes que poner la zapatilla, usaban zapatillas tejidas, en el otro lado del rostro para poder hacer palanca y jalar, y el amigo con la flecha en el ojo, tendido en el piso le dice: no, ni tú mi honorable amigo puedes poner tu zapatilla en mi cara, así que llévame hasta ese árbol y siéntame para morir dignamente, el amigo lo arrastra hasta el árbol, se sienta y él muere con la flecha en el ojo, pero mirando con el otro dignamente,  eso es. Ahora bien, refrenamiento no significa represión, hay que diferenciar; refrenamiento es contención por pudor exactamente, a mostrar las vísceras, la carne viva, a mostrar el drama íntimo; trata de que se filtre pero con dignidad.

Cuando Watanabe hablaba de estas historias, le preocupaba que la gente comenzara a verlo como hijo de japonés; “sí, técnicamente, biológicamente soy hijo de japonés, pero yo soy muy peruano, básicamente me siento peruano, me identidad es peruana y a veces me molesta, incluso cuando me atribuyen un exceso de influencia de los haikus, yo lo acepto por pereza, para no contradecir, pero hay un exceso de análisis que han hecho sobre mí. Sí tengo influencia del haiku pero de modo general, yo no puedo escribir un poema si no lo he vivido, he sido un poeta muy naturalista, todo lo que narro ahí te puedo decir en qué momento fue cuando lo vi, por ejemplo y ahí vamos otra vez a regresar, cuando me preguntaste si mi infancia había tenido influencia en mi poesía; sí, mi infancia en Laredo es como una especie de gran depósito ahora, de donde yo saco las imágenes, se me pueden ocurrir cosas en Lima, pero cuando hay que ambientar y un poema requiere una ambientación, una dramaturgia también, tiene que ver mucho con el cine, las ambiento en Laredo, sin decir Laredo, las ambiento en el campo que yo conozco”.

Watanabe no soportaba a los poetas descarnados, los podía leer: “detesto el melodrama. Yo creo, como Camacho, y como lo creía mi padre, aunque nunca lo dijo, que conmueve más el hecho que el lector sepa que eso que tú estás escribiendo te afecta mucho y sin embargo lo dices con mucha dignidad; pero fíjate para lograr eso, lo controlo, entonces hay una tensión muy dura cuando uno escribe pero es también contradictorio como todo, esa tensión, esa dureza me duele porque entras adentro en tu alma pero por otro lado me divierte; no puedo negar que escribir poesía me divierte y me divierte más por ejemplo a veces, fluctúo tanto anímicamente, que tengo que tomar un sedante e irme a dormir porque me quedo medio tembleque, muy nervioso. Lo rico de un poema es que puedes ir tejiendo otros sentidos, aunque el poema sea breve, eso es lo que me gusta de la poesía”
 
Watanabe, no creía en corregir poemas cambiando palabras o frases: “quitar, siempre quitar para buscar darle vuelta a algunas frases, hacerlas más sorpresivas o eliminar el hecho de ser demasiado sorpresivas, porque yo quiero que el tiempo de mis poemas sea lento, pausado”, por esto  mismo decía que escribir guiones para el cine es alto puramente técnico, que no estaba conectado, no mueve cosas de uno: “más aún en el cine peruano”, afirmó.

Respecto a esto tiene una anécdota con el escritor chileno, Antonio Skármeta, premio Planeta 2004, (él enseñaba dramaturgia en la Universidad Libre de Berlín): “Yo fui amigo de Antonio, lo conocí en Berlín y fue gracioso porque me invitó a comer para mostrarme su película "El Cartero", de Neruda, la que él dirigió, (después le compraron los derechos para "Il Postino"). Él ya sabía que tenía yo un guión y me dice: “en tu país hay una novela que me encantaría guionizar, pero creo que es de un peruano” a lo que respondí: “no me digas, no me digas, yo te digo cuál es”; “a ver dime”; La Crónica de San Gabriel; “esa misma me dijo, esa misma, de Julio Ramón Riveiro.  Yo la he leído dos veces, la primera la leí muy joven, porque hablan del paso por Trujillo  y después la he leído pensando en cine y creo que sería bastante cinematográfica y muy esclarecedora, muy expresiva de lo que es el Perú; de lo que fue en realidad, de lo que fue, de esa burguesía agraria, feudal, pero de buenas maneras, llena de intrigas en el interior, esta mirada del niño hacia este mundo, esta casona, casa-hacienda, después subir a la mina, el conocimiento de esta chica tan silvestre, me gustaría dirigirla a mi” y soltó una carcajada.

Como periodista siempre le costó mucho trabajo la edición, le angustiaba que el autor divagara, brincara de temas y tomara otra charla: “cuando yo entrevistaba y la entrevista se iba por todos lados y yo decía ansioso: “por favor puede volver a esto, por favor puede volver a aquello”, porque yo pensaba en la edición, en que tenía que escribir y es bien difícil editar, extraer lo que crees le interesa a los lectores, así que Yo, a ti, Lina Zerón te autorizo a que armes como a ti se te antoje y que me agregues frases más inteligentes de las mías, de las que estoy diciendo obviamente”. (muchas risas).

Sobre la situación de la literatura en Perú, afirmaba que actualmente existe una desorientación: “porque hasta los años 70 y 80 había una dirección; tú sientes, lees a los poetas que publicaron en esos años, hay una orientación, un ideal, no homogéneo pero que está más o menos ahí, estamos en algo, no en lo mismo no, pero cuando vienen los poetas posteriores y te lo digo porque he sido jurado de muchos concursos para poesía joven, siento que hay mucha desorientación; hay poetas que son inmanentes por ejemplo ahora, yo escribo una poesía, disculpa que me mencione, que de alguna manera es atemporal, pero no creo ser inmanente; por qué, porque yo creo que lo que podemos aportar como poetas latinoamericanos, hablo en general, es algo que los europeos no tienen, ellos han olvidado exhibir sabores, colores, perfumes, etc., nosotros tenemos lo físico, creo que si tú lees mi poema con esa óptica, está lleno de sabores, como el perejil que usaba mi padre. Quiero que el poema esté en una realidad, transformarla, como dices,  pero es toda una realidad, y eso creo que se ha perdido, ya comienza a haber poetas inmanentes; o sea, atemporales, desrealizados y creo que es producto de esta desorientación política y social que hemos vivido 20 años, que sí se ha filtrado en la poesía y que los jóvenes no han tenido el empuje suficiente para vencer eso, porque tampoco tuvieron el apoyo político para vencerlo; en mi época posiblemente haya habido desorientación también frente a un gobierno populista como el de Velasco, que en esa época no apoyábamos, pero teníamos el soporte de los grupos de izquierda, que era importante, teníamos una fe política, una fe ideológica, una aspiración de cambio de un país, pudo haber sido ingenua si quieres, viéndolo con esta perspectiva, pero creímos y eso nos salvó y creo que los 80 reciben algo de eso, un poco ya menguado, pero después eso ha desaparecido, la crisis misma de la izquierda, que no existe; la gente de izquierda de mi generación ya se murieron, o son congresista o escribieron poesía; ya no tengo una participación política real ahora, ya no creo en un cambio inmediato, ya no, habría que construir mucho y estos jóvenes no han tenido ese apoyo, ese asidero, esa roca a la cual asirse, no tuvieron; o sea, frente a una desorientación social, corrupción, fueron afectados pero no tuvieron una alternativa y eso creo que hizo que aspiraran pues al cielo, a lo inmanente algunos; otros a ser demasiado amalditados, a amalditarse, y eso sucede mucho si te das cuenta, los poetas finalmente se ubican en una clase media y los radicales de clase media, los que no aceptan su propia clase, o aspiran a la izquierda o aspiran a la lumbre; estos valores no digo que los poetas sean lumbre, pero empiezan a admirar lo maldito, a amalditarse y comienzan a elevar, de modo excesivo. El hombre que está perfectamente ubicado para mí, no está en la tierra ni está en el cielo, no está en el pensamiento puro, ni está atacado por la vulgaridad terrestre, yo empiezo un poema diciendo: "La sabiduría es encontrar el lugar del cual hablar", así que no quiero ser modesto, fingir modestia, ni ser soberbio tampoco, pero yo soy consciente, y es más, en el prólogo de: "Elogio de refrenamiento", Chirilo, un poeta del año 80 lo dice, que los jóvenes me leen y algunos me siguen. Sólo jóvenes; por qué vienen cuatro o cinco a la semana, están aquí, tomamos café y me gusta.  Pero aquí viene el  por qué me leen, yo les pregunto y creo que me leen por desorientación, porque de alguna manera mi poesía les dice algo.  Tiene que haber algo de qué agarrarse, tal vez la edad, la experiencia, no sé, a mí me conmueve mucho cuando voy con estos conversadores, con jóvenes que me preguntan inocentemente: “¿cómo eran los años 70, cómo era ser de izquierda en los años 70, qué valores tenían ustedes?”; así con una nostalgia de nada, porque nunca han vivido eso, pero han escuchado algo y quieren que uno le diga y no lo tienen.

Para Watanabe, se perdió un instante histórico en Perú cuando hubo que derrotar a Fujimori: “yo nunca fui fujimorista a pesar de mi ascendencia igual que él, japonesa y no lo digo ahora porque él cayó; yo desde que me entrevistaban: “qué opina de Fujimori”: dictador; técnicamente es un demócrata porque ha sido elegido por elecciones, pero en la patria es un dictador civil; bueno, nunca me dieron trabajo por ejemplo en su gobierno, un año, el primero, cuando no era dictador, como gerente de un canal, y después me botaron, nunca más; hubo un momento, el último año de Fujimori que los jóvenes pudieron haberse organizado, auto-organizado, eso hubiera sido bonito que no haya mentores, que no haya todos los que señalan el camino, pero hubo un movimiento juvenil universitario que ante ésta ya excesiva corrupción fujimorista se comenzaron a organizar y salían a las calles y qué bueno que esto sea un movimiento ya no político, sino cívico, y que ojalá esto perdure, permanezca. Yo estaba enseñando en La Católica en esa época; y estaban ahí los jóvenes de mi clase y les ¿decía: “y qué hacen ustedes acá?; hay manifestación, váyanse”; era como dar licencia a todos, pero hubo un peso conato, se deshizo, se desinfló, me dio mucha pena, pero eso pudo haber ayudado mucho a los jóvenes”. Por eso Watanabe pensaba que hubiera sido positivo para la poesía, para que en última instancia, hubiera una orientación, un volver a su realidad, no estar: “yo detesto a los poetas librescos, cuando encuentro citas de poetas dentro de un poema, y los colombianos lo citan textual está bueno; pero la poesía no debe alimentarse de poesía; sí por un lado, pero por otro lado hay que tener un conocimiento real de la realidad, un conocimiento físico: yo cuando digo arena, pues he estado en un vendaval de arena y he mamado arena de mi madre, tengo sequedad en la boca; es que es cierto, no quiero elogiarme ahí pero; creo que a los jóvenes les falta enamorarse o adscribirse no sé, a una fe, una creencia, no me importa que esta fe sea hasta religiosa mira, pero que la asuman pues y que la elaboren poéticamente y que eso ojalá los haga volver a su realidad, al conocimiento de la realidad, de su sociedad, que tengan compañías sociales”.

El poeta Watanabe tenía mucho orden en sus libros, un orden estricto que él le daba, por ejemplo tenia a Engels junto al Quijote: “porque es lo mismo, porque El Quijote también tiene una aspiración, una sociedad gorda; una utopía, ésa es la palabra, los jóvenes no tienen utopía, su utopía son las nubes, no hay la pasión por esa utopía, por una fe, y esto que no vaya a pasiones tipo fundamentalistas, no estoy hablando de eso, pero esos mismos padres que tú dices que sí la tuvieron y se las cuentan a sus hijos, esos mismos padres no dejan salir al hijo que vaya a un mitin y los hacen vivir una época que no es la de ellos; ah no yo, perdóname, estoy hablando muy yoísta,  parezco argentino.

José Watanabe Prefería no hablar de poemas preferidos, películas, decidía no contestar así a esas preguntas: “¿cuál de tus cinco dedos quieres más, el pulgar porque no sacó de monos?, sin embargo acotó:  “si tengo que responder esto a un crítico, tendría que ponerme en pose y hablar de Tarkovski y qué sé yo; pero fíjate qué bonito porque ahora me acordé de Tarkovski, y justo dije eso porque ahora es un linate de culto, Tarkovski en mi época en los años 70, se lavaba los dientes en comerciales; la infancia de Iván, con música de Mussorgsky; ¿te imaginas? pero volviendo al cine: las 10 mejores películas, las cinco, yo lo puedo decir: desde que me acuerdo mira, "La infancia de Iván" de Tarkovski me encantó realmente, yo no puedo olvidar nunca esto del caballo comiéndose la manzana, esa imagen tan bella; eso es poesía en cine, la poesía en cine son imágenes, no es construcción de metáforas, “La infancia de Iván” especialmente, porque es una película que puede ser vista por cualquier público; varias películas de Kurosawa pero voy a escoger cuáles, “Barba roja”Los sueños" hay algunos sueños, dos o tres que son buenos: "el del perro", "el de los cerezos", "el del perro en el túnel", "Musha" de Kurosawa; "La isla desnuda" de Canito Chindo; para no estar muy oriental a ver: italianos, "El ladrón de bicicletas", que la tengo ahí y la reveo y reveo y reveo porque además como profesor de guión me parece tremendo ; o sea, con tan poco argumento, cómo ha podido crear un guión tan bueno, "Nos habíamos amado tanto", el canto a mi generación, "Los desconocidos de siempre" Monicelli, reconocido aquí; faltan de otros cines: "Los 400 golpes" de Truffaut; ya son los 10, creo que van más de 10; ésta es genial, de Taviani, "Padre padrone" es una película que te plantea hasta el momento económico de un pueblo, del norteamericano "Esta tierra es mi tierra", ya falleció, Arashi, es genial; ah bueno obviamente de Fellini, las tengo ahí, te pruebo que las tengo; ¿ves?, comenzamos, y luego uno se desorienta.
José Watanabe confesó que le gustaba buscarse en Internet: “Ahora existe un Internet para información; yo descubrí que había que escribir José Watanabe, pero José con acento, si lo pones sin acento sale poquito, José con acento es otra cosa, me gusta ver lo que se publica sobre mi, curiosidad”, sonreía.

Por último charlamos de un libro que él amaba y del cuál estaba muy orgulloso:  "Razón de la parábola": la palabra siendo como es divina se pronuncia con lenguas de hombres, lengua efímera pero tocada por una gracia: la parábola; aquella pequeña historia que guarda una secreta ansia, sea de todos; por eso hablo así y dando la palabra en vides, en semillas de mostaza, en trigo y aún en cizañas y pedregales, cosas de la gente, de sus manos que luego suben como un destello a sus límpidas mentes; olvidé una ansia de la parábola: durar, recordadas sean por siempre todas, porque todas son una: la palabra que por ahora soy yo".  Es Cristo, es el único poema que dice Cristo.  "Por eso hablo así, mirando la palabra en vides, en semillas de mostaza, en trigo y aún en cizañas y pedregales".

Cunado nos despedimos me dijo algo que pronunció con seriedad y nostalgia: “Yo quisiera morir en el campo, donde la vida parece una gran ceremonia, un ritual lento.