Entrevista con Gaspar Aguilera
Por Lina Zerón
Haber coincidido con el maestro Gaspar Aguilera, poeta mexicano en el VII Festival Internacional de poesía de la Habana, Cuba fue gratificante para el corazón y toda una lección de vida. En el avión de regreso tuvimos oportunidad de charlar sobre varios temas y esto es lo que me comentó:
Viene al Festival de poesía al que convocaron el Proyecto Sur, la UNESCO y la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y otras instituciones cubanas.
Platícame sobre ti.
Empecé a interesarme desde muy pequeño, no precisamente en la poesía sino en el lenguaje mismo, lo que tenía que ver con el español, con el idioma y a partir de ahí, todo lo que estaba relacionado con la forma o la manera de expresarse. Recuerdo, de chico, que mi padre llevaba libros a casa, cuando vivíamos cerca de Chihuahua, en un pequeño poblado donde ni luz eléctrica había, El Quijote de la mancha, La noche que va atrás, una impresionante y conmovedora novela sobre la segunda Guerra Mundial y biografías de personajes como Julio Cesar, Bethoveen, Napoleón pero realmente la otra parte en la que fui avivando esa necesidad de lectura fue a través de las publicaciones que uno podía conseguir de manera más sencilla y que no eran a lo mejor la gran literatura pero de alguna forma implicaba seguir con ese hábito y ese gusto por la lectura, posteriormente conversando con amigos, gente cercana, se sugería leer poetas necesarísimos como Neruda, Vallejo, Sabines, Machado, entre muchos otros que venían a hacer la parte donde podríamos no solamente conocer la obra de estos autores sino también sumergirse en esa gran enseñanza de una poesía tan extraordinariamente viva y aleccionadora.
De manera más conciente y seria, podría decir que cuando estaba terminando la preparatoria y casi por terminar mi carrera fue cuando me di cuenta que no era una opción más la poesía en el ámbito cultura sino una pasión de la que ya no podía deshacerme. De los poetas contemporáneos, a mí me gusta mucho José Emilio Pacheco, quien tiene una poesía que se involucra en todos los sentidos, una obra escrita de manera tan sencilla, sobre tareas cotidianas pero al mismo tiempo con un sentido expresivo y de sugerencia muy trascendente, leo y me ha gustado estar en contacto permanente con cada libro de los que ha publicado.
Me gusta mucho también lo que escribe Eduardo Lizalde y de la generación anterior a poetas como Alí Chumacero o como Rubén Bonifaz Nuño, entre muchos otros, sin olvidarme desde luego de autores como Jaime Sabines, Efraín Huerta, o bien José Carlos Becerra, entre los más jóvenes cuya obra sigue estando muy vigente, de mujeres puedo decirte que admiro la obra de Enriqueta Ochoa, a la maestra Dolores Castro, de las latinoamericanas a Alfonsina Storni o Gabriela Mistral y entre las jóvenes, me gusta mucho la poesía de Coral Bracho quien es una de las sólidas poetas de esta generación, Elsa Cross, entre otras.
De tus deseos o sueños de adolescente ¿se ha realizado alguno de tus sueños respecto a tu obra, cubriste tus expectativas?
No, no creo que ni lo será, ni es preocupante porque uno escribe no por fijarse metas o alcances ni ningún tipo, de fama o reconocimiento, de ventas o premios sino porque es una necesidad sin la cuál no se puede respirar y porque en este oficio, por otro lado, nunca se acaba de aprender, cada vez se da uno cuenta que es más ignorante en cuanto a lo que se esta generando en el ámbito de la cultura y de la literatura y por otra parte como lo ha dicho José Emilio Pacheco muy bien, el escritor siempre está habitando la obra y el lenguaje de autores que nos han antecedido entonces uno no puede aspirar tampoco a la originalidad sino más bien a ser cada vez más genuino en su expresión y en que piense en tono personal que pueda decirle uno algo a los lectores que desconoce.
¿Algún consejo para los escritores noveles?
Yo creo que la principal necesidad que tiene un escritor es leer, leer y leer, como decía Borges, el se enorgullecía más por los libros que había leído que por los que había escrito y ahí hay una opinión muy sabia, la lectura es la clave, no solamente para lograr una expresión. El acto mismo de la lectura, es la primera parte de ese trabajo tan arduo y tortuoso que es escribir que de pronto no se vuelve fácil pero si nos permite entender muchas cosas más sobre lo que escribimos cuando ha estado uno leyendo sin hacer pausas a escritores trascendentes.
¿Qué te dejan los festivales de poesía, qué opinas de ellos?
Hay dos aspectos que ya habíamos comentado, uno es que son importantes sobre todo por el intercambio que logra darse con autores latinoamericanos y de otros ámbitos internacionales y en el sentido estricto, uno no puede aspirar a sacar una ventaja o provecho que vaya más allá de estos festivales, lo atractivo, repito es que de pronto uno oye otras voces y otros tonos que difícilmente podrías conocer, salvo que sean autores muy conocidos, que se pueda conseguir la obra, de otra manera es muy difícil entrar en contacto y de manera directa con la obra de estos autores que al mismo tiempo están conviviendo y participando en los encuentros. Por otra parte, las revistas y publicaciones que se hacen a partir de estos, son no solamente atractivas sino necesarias.
¿Cuál es tu opinión sobre la poesía mexicana contemporánea?
Esta en un momento muy saludable en el sentido de que hay muchas voces y muy heterogéneas y eso la enriquece y lo digo no sólo por lo que uno ve de pronto publicado en los suplementos o revistas literarias o en encuentros que se dan en el propio país sino al dar talleres, cursos o diplomados, en distintos lugares o estados de la república de pronto te das cuenta que es un fenómeno muy alentador, que surge y se da desde Juárez hasta Quintana Roo. Viene a ser algo muy similar a los setentas, que se dio como una explosión, este término para reconocer el fenómeno de que un número tan grande de escritores que están actualmente sobre un trabajo muy serio, muy profesional, tanto hombres como mujeres y creo que en todos los géneros, no solamente en la poesía sino en narrativa, ensayo, crónica, en el periodismo cultural.
¿De tus libros, cuál es el consentido?
Te iba a decir que ninguno pero me gusta mucho porque tiene mucho trabajo de lectura y escritura, casi cuatro años, que se llama: Tu piel vuelve a mi boca, y es un libro en su mayoría de poesía erótica con epígrafes, otros textos dedicados a la ciudad y al encuentro y que creo que es de los que han sido un poco más organizados.
El erotismo es nuestra verdadera máscara, como decía Octavio Paz y en el lenguaje de la piel y el cuerpo nuestro más contundente lenguaje, a partir de ahí si se puede mentir en otros espacios de la realidad en cuanto a la convivencia o el intercambio habitual, personal de las parejas, en la cuestión, erótico-amorosa ahí hay un vaso comunicante muy directo, intenso que no se puede falsear ni sustituir y por otro lado me gusta ese género o modalidad porque es también como una manera de indagar o intentar explicarte muchas cosas con respecto al trato del uno con la otra, explicar cómo es que de pronto en la sensualidad o en la imaginación y en el contacto personal, esta todo el origen desde que uno nace, piensa, sueña.
De mis libros, el último que salió, Los ritos del obseso, es una antología que abarca casi quince años de escribir poesía, del 85 al 98, lo publicó siglo XXI con la UAM y se puede encontrar en librerías como El Sótano, Gandhi, El Parnaso.
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