Eugenio Montejo y Rafael Cadenas
Lina Zerón
Eugenio Montejo, Caracas (1938). Poeta y ensayista. En 1999 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país. Ha residido en Argentina, Francia, Inglaterra y Portugal. Estuvo en Tampico, Tamaulipas, en la segunda semana de noviembre para dar lectura de su poesía en el marco del Primer Encuentro Internacional de Literatura de esa ciudad, después de haber cubierto una apretada agenda de lecturas y entrevistas en Francia y España durante el mes de octubre y asistirá a la FIL de Guadalajara para presentar su poemario “Papiros amorosos”.
En la poesía de Montejo se filtran nostalgia y ternura. Se ha caracterizado por la recreación naturalista y mítica, además de la pasión constructiva y el casi perfecto control del desarrollo del poema. Dice que: “el mundo existe sólo para ser expresado por el libro. El poeta iguala el trabajo del escritor con el de la araña porque teje y desteje; el poeta escribe, borra, corrige, vuelve a escribir.” Montejo, además de ser un exquisito poeta, es un crítico, que hace de la autocrítica una disciplina constante. Se podría asegurar que el gesta y revisa constantemente cada palabra. Apasionado de Pessoa, Eugenio usa heterónimos, que no son tales, pues todo el mundo sabe que es el mismo Montejo. Su obra está regida por la humildad de esta condición contemplativa del poeta en su relación con el mundo
Antes de llegar a Francia, Eugenio Montejo estuvo en España donde dio lectura a su poemario Papiros amorosos, recientemente publicado por la editorial Pre-Textos. En él la grandeza del amor ocupa el mundo, es el espejo donde se retrata el ser amado, presente o lejano, pero siempre objeto y fin del sentimiento. En “Papiros amorosos” la emotividad se constituye en eje, signo y escenario del entendimiento, de la lucidez, la serenidad que llega cuando se conoce profundamente a aquel que amamos, cuando el amor se torna forma, color, cuerpo y tierra. Escribe el poeta: “Y ser hasta el fin el que he nacido/ éste que por tu amor vino a al tierra”.
Este libro es un conjunto de poemas que incluye unos cuantos poemas publicados anteriormente y el resto inédito y comentó: “Se trata de un viejo proyecto que ahora por fin se concreta y que probablemente crezca más. Por ejemplo, me pidieron para una revista española dos poemas y les envié dos papiros amorosos inéditos. ¿Por qué no los incluí aquí? Porque no tenían el tiempo suficiente de reposo para cuando me pidieron este poemario. Un milenio despunta y en un milenio varía todo, varían las costumbres amorosas y, con ellas, las palabras amorosas y los tonos amorosos. De joven escribí pocos poemas de amor, y publiqué menos por ende. A ver, escribí pocos poemas de amor y publiqué menos porque, entre otras cosas, mi generación, la del 58, estaba tomada por otros temas. Era una generación más política y tenía muy presente el tema de la muerte. Amén de que siempre estuve muy consciente de que el poema de amor, así como el poema infantil, son experiencias difíciles, requieren sabiduría verbal. No hay que precipitarse, se puede rozar la nadería o el lugar común con mucha facilidad. En el texto amoroso hay que tener presente que cuanto interesa a una pareja no siempre interesa al lector. Generalmente, el amor tiende a las afirmaciones absolutas, es una de las características del lenguaje amoroso. Se dice con frecuencia “tú eres la única”, ¿no? Decía Jorge Luis Borges que en una conversación normal entre dos personas el superlativo tiende a ser descortés. Después de que tú dices algo superlativo, el otro no puede agregar nada: o asiente o se calla. En cambio, en el amor todos los superlativos son válidos. A eso aspira el amante, a ser superlativizado. Por lo demás, deseaba que en este poemario no se sacrificara la entonación más o menos común a mi poesía, que conservara su impronta. Algunos poemas escritos hace más de treinta años y aún no publicados, no obstante considerarlos válidos todavía, no los incluí en esta colección porque sentí que se abrían a un diálogo distinto, se apartaban de la unidad tonal del libro, o tal me parecía. En fin, en este poemario es visible, tal vez, la tendencia a recuperar la emoción desde un estado más sereno, “la emoción recordada en reposo. Hace poco me preguntaron acerca de la impresión que me había dejado la escritura de este libro, y respondí que, contrariamente a lo que antes suponía, he terminado por aceptar que el amor es tan misterioso, si no más, que la muerte. Es misterioso y así mismo subversivo, tan subversivo que atenta contra el yo, la piedra angular de la personalidad social. No en vano las sociedades se han cuidado en todo tiempo de afirmar instituciones para controlarlo. Venimos saliendo de un siglo terrible, de grandes ambiciones totalitarias, no es raro que el amor se diga poco en nuestro tiempo.” A la pregunta de cuál era uno de sus poemas favoritos de este libro respondió: “Qué difícil, cada poema tiene su aliento pero si me acorralas, te diría que quizás los últimos versos del poema “Mi amor” puedan servir para algo: “Mi amor que seguirá cuando me vaya,/ con otra risa y otros ojos,/ como una llama que dio un salto entre dos velas/ y se quedó alumbrando el azul de la tierra”.
Escritura
ALGUNA vez escribiré con piedras,
midiendo cada una de mis frases
por su peso, volumen, movimiento.
Estoy cansado de palabras.
No más lápiz: andamios, teodolitos,
la desnudez solar del sentimiento
tatuando en lo profundo de las rocas
su música secreta.
Dibujaré con líneas de guijarros
mi nombre, la historia de mi casa
y la memoria de aquel río
que va pasando siempre y se demora
entre mis venas como sabio arquitecto.
Con piedra viva escribiré mi canto
en arcos, puentes, dólmenes, columnas,
frente a la soledad del horizonte,
como un mapa que se abra ante los ojos
de los viajeros que no regresan nunca.
Rafael Cadenas Barquisimeto, (1930).
En Venezuela existe un solo premio nacional de Literatura que entrega el Presidente de la República en las distintas áreas artísticas y Rafael Cadenas es el máximo galardón nacional. Miembro fundador del grupo "Tabla Redonda".Se le ha calificado como "poeta de pocas palabras", quizás por la afición a visitar las librerías más escondidas o por su parquedad a la hora de establecer diálogos con los periodistas. Su obra entera, prosa y poesía, ( 1958, 1995) que él dice que no es toda, se encuentra editada por el Fondo de Cultura Económica, en su colección Tierra Firme.
Los versos de Rafael Cadenas se convierten constantemente en armas para la rebeldía. Poesía terca, que desde la caída se magnifica y cuyo trazo deja el deslumbramiento, la insistencia de vivir en ese saberse ausente inexistente. Al finalizar la lectura de su poesía en la Casa de América Latina en París el día 11 de octubre y preguntarle si en verdad se consideraba como el “poeta de la palabra rota” respondió: “si, tuve una temporada en la que la depresión era mi estado de ánimo constante, viví de la depresión, escribí con ella y esos poemas son producto de la misma pero todos los poetas pasamos por esas rachas. No sólo he escrito en esa situación, también lo hago inspirado en alguna lectura que me deja un buen ánimo para hacer poesía.” Sin confesarse víctima ni lamento, distingue su condición desde la dignidad del vencido, antigua majestad que concierne a ese linaje establecido en sus primeros poemarios y que transformada en mirada, gravita en toda su obra.
Quizá lo que más resalta (o reanima) en su escritura sea el asombro por lo habitual. Resultan extraordinarias las cosas que llaman su atención; las que solemos dar por conocidas, las rutinarias, desbordan su impresionante novedad. Y de igual modo, las mil formas en que nuestra voluntad trata de abrirse paso a través de los propios enredos añaden lo grave de su quehacer.
La mitología del hombre como ser arrojado a un lugar desconocido en el que pena y sobrevive, es el espacio donde el yo sólo se puede reconocer tachado, anulado y vacío: "Una ausencia te funda.//Una ausencia te recoge". El deseo surge en esa ausencia y el otro es la confirmación de su quebranto. Escritura y poema son una andadura por el borde de ese vacío, que llama y que duele. Ese sostenerse en el borde, sólo lo logra desde ese imposible vaciamiento que al no poderse concretar, cerca de terribilidad el abismo que se bordea.
Si Amante (1983) sorprendió a algunos, fue porque no leyeron o no se les entregaron, los signos que precedían a este momento escritural. Dolorosamente estoico, imperturbable y sereno, dice la profunda desgarradura: "Misión /del amante:/ arder/ fuera de camino". Cadenas ha propuesto su estética y poética: "Acostúmbrate /al ayuno que eres".
Comentó también que su poesía “es una propuesta estética donde el yo se mantiene sin rehuir el vacío, sabiéndome despojado, sin atributos, irrenunciable de mí mismo. El último reducto, la voz y declamó de memoria: "Las mudas de piel me tornan inexistentes(sic)./Sólo soy una voz, una voz que también cambia./Nuez de los adentros, irreconocibles para mí mismo".
Cadenas es un hombre callado, introvertido, podría decirse que tímido, no le gustan las entrevistas y responde a las preguntas con poesía. Sobre su hermoso poema "10", de Intemperie (1977), y que todo mundo le preguntó el día de su lectura, comentó: “El tema de este poema es la definición del yo y la tensión lírica va creciendo desde lo concreto de lo corporal hacia el territorio de lo terrible y la debilidad y leyó: "Soy un cuerpo", "Soy una cuerda que se abraza a la última proximidad", "Soy flaqueza máxima", para culminar con "Soy el sordo, el exabrupto, el golpe en la mejilla, el veneno de la suavidad, el manto del loco, el que hostiga el fervor, el sórdido tubo, la ciénaga sin fulgor, la horma de nuestra ignorancia, el que se hace, se deshace, se hace". Sobra decir que el público que lo escuchaba irrumpió en aplausos.
Poema de Rafael Cadenas
Ars Poetica
Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.
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