Entrevista en París con el escritor colombiano Eduardo García Aguilar 

Por Lina Zerón

El escritor colombiano Eduardo García Aguilar (1953) acaba de publicar en Estados Unidos su libro de relatos Urbes luminosas (Luminous Cities), en traducción de Jay Miskowiec e ilustraciones de Santiago Rebolledo, en la editorial Aliform (Aliformgroup.com). Este es el tercer libro publicado por García Aguilar en Estados Unidos después de Boulevard of Heroes (1994) y México Madness (2001). Luego de vivir por más de tres lustros en México, donde publicó varios de sus libros y colaboró en diversos medios, regresó a París hace cuatro años. En la actualidad se desempeña en la sede de la Agence France Presse, de la cual fue corresponsal extranjero en México durante una década. Esta entrevista se desarrolló en el café Le Nemours, junto al Palais Royal y la Comédie francaise, no lejos de la oficina donde trabaja el autor.

   

--- ¿Por qué regresaste a París y dejas México?

--- La Ciudad de México es muy difícil de dejar cuando uno ha vivido a fondo en sus calles. Pero toda experiencia llega a su término. Aprendí mucho, colaboré en muchos medios, publiqué libros. Era necesario tomar distancia para aprender aún más de un país tan complejo y rico. París es mi ciudad preferida, pues viví en los años 70 años muy importantes de mi vida, años de educación literaria y sentimental y por eso le soy siempre fiel. Además París es una placa tectónica cultural de gente de todos los continentes. Hay cultura magrebí, africana, centroeuropea, medioriental y asiática, lo que es muy estimulante desde el punto de vista cultural. París vive de su clásicos y de la gran literatura del siglo XX, pero ahora, como en todas partes, la comercialización  ha falseado  todo y ya se ve con nostalgia el último esplendor de los años 70 cuando reinaban Sartre, Foucault, Oulipo, los situacionistas, y toda una pléyade de autores, incluso latinoamericanos como Cortázar, que murieron después. Ahora reina el marketing, pero hay espacios de catacumba marginales muy estimulantes. A eso se agregan las artes plásticas, el teatro, la música y los fenómenos sociales étnicos surgidos de las periferias.     

---¿Qué te dejó México a nivel vital y literario?

---En materia literaria mi estadía en México fue clave y creo que lo es y lo ha sido para todos los latinoamericanos. Es ir a la fuente de una cultura muy compleja, con lo prehispánico y lo colonial vivos, al lado de Estados Unidos, y  en tensión permananente con el imperio, que es el generador mundial de los imaginarios dominantes. En México uno se suelta, aprende a escribir; descubre el castellano vivo y está en contacto con todos los movimientos literarios. Todo pasa por México, que es y ha sido desde siempre el centro de la literatura, la música y el cine latinoamericanos. Eso es innegable. Una potencia cultural de primer orden. Las librerías de viejo, los suplementos culturales, las presentaciones y las editoriales hacen de la ciudad un paraíso para los escritores. Ahí todos los aspirantes a escritor son publicados y hasta mantenidos por el gobierno. Culquiera puede publicar todos los libros que quiera. Y a todo el mundo le hacen homenajes y le dan premios. Lo que también es muy peligroso, por supuesto.

---¿Qué autores mexicanos fueron importantes durante tu vida en México?

---Por mi curiosidad, todo el tiempo que viví en México estudié su cultura y traté de entender sus secretos. Tanto que antes de irme publiqué un libro que se llama Delirio de San Cristobal (Praxis, 1998), que es un balance de mi experiencia mexicana y de ese proceso de aprendizaje. Estudié su historia prehispánica que me fascinaba, me interesé mucho en la arqueología y las culturas indígenas, exploré la colonia y el siglo XIX y en especial fui muy atento con todos los escritores mexicanos desde el modernismo hasta Paz y sus discípulos. Leí atentamente a Gutiérrez Nájera, Díaz Mirón, González Martínez, López Velarde, Villaurrutia y Los contemporáneos y en especial a Octavio Paz, de quien aprendíamos algo cada día, ya fuera por sus artículos, sus intervenciones en televisión o sus rabietas. Un personaje complejo, muy mexicano, muy interesante y un gran ensayista. Además su poesía me encanta: Salamandra, Blanco, Arbol adentro,  Estación violenta, toda su poesía es muy actual. Durante los  años que viví en México, Paz fue el centro de todo para bien o para mal y tuve la suerte de asistir a su entierro unos días antes de irme. Al salir de ver el ataúd de Paz en Bellas Artes ese año de 1998, me encontré con Adolfo Castañón, quien salía con el poeta Gonzalo Rojas y me lo presentó. Muy simbólica despedida de Paz y de México. A Paz lo odiábamos y lo queríamos, pero era uno de los pocos intelectuales que se atrevía a decir lo que pensaba y eso es un ejemplo a seguir. Era también algo mafioso, pero bueno, no se le pueden pedir peras al olmo.

 ---¿Qué otros aspectos de la cultura mexicana te marcaron?

--- Bueno, como trabajaba en la Torre latinoamericana y siempre estuve en el centro histórico, fui testigo de muchas cosas. Hablé con Cantinflas y presencié su entierro impresionante, asistí al entierro de Pérez Prado, vi subir y caer presidentes, fui atracado muchas veces por los policías, asistí al ascenso del cardenismo y al surgimiento del zapatismo y de Marcos, vi la crisis provocada por el asesinato de Colosio, en fin, al final de cuentas era más mexicano que muchos mexicanos y por suerte me fui antes de que tuviera más problemas, porque bien es sabido por el artículo 33 que los extranjeros no tenemos derecho a meternos en cosas mexicanas y yo ya me creía con derecho a opinar. Pero lo importante es que durante todos esos años revisé el cine de oro mexicano y sentí la música y la cultura del país a fondo, en la realidad, en los viajes, en las cantinas o leyendo al gran Monsiváis. Mexico para mí será inolvidable. Creo que conozco más a México que a mi propio país.

---¿Y qué has escrito referente a México, además de Delirio de San Cristóbal?

---Tengo una novela mexicana que cargo desde hace más de cinco años y que he terminado varias veces para volverla a deshacer. Ahora se llama Sacrificios aztecas. La empecé mucho antes de que salieran las novelas mexicanas de Bolaño y Fresán, de modo que ahora van a decir que los quiero imitar. Es una novela que ha tenido distintos títulos y que tal vez pronto decida publicar. Se que es muy difícil para un extranjero escribir una novela que se desarrolle en el DF y por eso he tenido muchas dificultades y muchas dudas. En estos momentos sigo haciéndole cambios, y por eso tal vez lo mejor es publicarla ya y dejarla así. Pero sentía una necesidad enorme de escribir algo sobre mis tiempos en el Distrito Federal. Es como un arreglo de cuentas necesario, psicoanalítico. Tal vez después escriba otras dos novelas mexicanas, para que sea una trilogía.

----Ya van tres libros publicados en inglés, ¿que sientes con eso?

--- Nunca pensé que en Estados Unidos iban a estar a disposición mis libros. La verdad es que gracias a Jay Miskowiec, quien por demás es un  amante de la cultura mexicana,  esos libros han salido a la luz en Estados Unidos. Y lo maravilloso es que el mundo académico y cultural estadounidense es tan amplio, que esos libros circulan y suscitan atención de la crítica. En América Latina la cosa es diferente, es más difícil para un escritor independiente, que no anda medrando en las esferas de poder político y cultural. En nuestros países casi todo esta mediado por las grandes multinacionales editoriales y sus criterios caprichosos y un poco mafiosos en materia de edición. Y la crítica reseña por interés o incluso por dinero y amiguismo.

---Qué quieres decir con eso...

---  Que en América Latina el escritor tiene que ejercer poder y entrar en las intrigas si quiere ser publicado y difundido y obtener premios y honores. No se respeta al escritor solitario y no intrigante y por eso acaparan las mejores ediciones los gerentes, los funcionarios o la gente ligada de una u otra forma al poder cultural o político. El panorama ahora está lleno de escritores funcionarios que tienen a su servicio a las editoriales y además a sus oficinas, secretarias y asesores pagados por el erario público. Y que usan sus funciones para difundirse y promocionarse. Es muy difícil para nosotros los escritores independientes enfrentarnos a ellos y a toda su impresionante logística. A esos capos ninguna editorial le va a rechazar un libro, por el contrario se los publican de inmediato, mientras a los autores independientes, a los verdaderos artistas les toca hacer antesala de años. Nosotros no ofrecemos nada a cambio a los editores multinacionales. Y además están los críticos venales que los elogian porque trabajan para ellos y gente que les da premios o los edita para congraciarse y después pedirles favores y premios. Los autores independientes no tenemos esa infraestructura y es mucho más dificil luchar. Por eso me alegra que mis libros salgan en Estados Unidos y se difundan ampliamente por amazon.com o barneandsnoble, sin necesidad de que yo sea un capo con oficina y diez secretarios a mi servicio. Ahí los capos culturales no pueden hacer nada para impedirlo.

---¿De qué trata Urbes luminosas?

---Urbes fue editada primero en México por una pequeña editora marginal que publicó tambien a Daniel Sada y a otros autores mexicanos que se han destacado con posterioridad. Es un libro con textos muy intensos que escribí de madrugada en las redacciones de los periódicos mexicanos y que han gustado mucho. Oscar Collazos publicó ese libro después en Colombia, en la colección Escritores colombianos de la diáspora. Es un libro por el que tengo debilidad porque esta compuesto por textos basados en diversas ciudades del mundo por donde he pasado o vivido. Ciudades europeas, norteamericanas y latinoamericanas. Son textos intensos, necesarios y todo eso se refleja en la excelente traducción  de Jay Miskowiec, quien es además uno de los discípulos preferidos de Gregory Rabassa, el introductor de la literatura latinoamericana en Estados Unidos.

---¿Y en París qué tal estás ahora?

---Me gusta mucho esta ciudad, que es como mi casa desde los años 70. Además un autor latinoamericano aquí es totalmente independiente, solitario. No tiene interferencias ni se ve afectado por esa estúpida glorificación municipal tan común en América Latina. En nuestros países cualquiera que publica un libro se siente ya una estrella. En cambio aquí uno no corre ese riesgo y entonces ejerce la literatura de manera químicamente pura. Como debe ser. O sea que vive el goce de la lectura y se  enfrenta a la palabra a solas, como los viejos poetas malditos. Y en este exilio hay muchas cosas distintas. En París, en Europa, hay muchos más horizontes, otras literaturas, gente de todas partes, en la esquina se encuentra uno con Ismail Kadaré, Claude Simon, Philippe Sollers, Tzvetan Todorov  o Kundera comprando el pan y no pasa nada. Ellos no se sienten tan importantes. En América Latina la gente que publica una reseñita semanal en algún medio y luego las reúne en libro ya se siente George Steiner o Claudio Magris. Como nadie los critica, ellos se sienten soñados y adquieren un tono pontifical verdaderamente ridículo, digamos, cómico.   Hay que huir de eso. 

---¿Cómo ves la narrativa latinoamericana ahora?

---Estamos pasando por un momento muy difícil debido a que la narrativa ya es una parte del negocio del entretenimiento multinacional a la gringa. Las grandes multinacionales manejan a la literatura y a los escritores como estrellas pop y los obligan a jugar ese papel. Y también pueden ser ascendidos a la gloria momentáea y defenestrados de un día para otro como a cualquier Gloria Trevi. Todo está pues muy mediatizado, ligado a la imagen y a la apariencia. Hay mafias, gángsters, omertá siciliana. Es muy difícil ser hoy un escritor independiente y rebelde. Y ahora que las editoras españolas  se cansaron de las estrellitas españolas que se inventaron en los años 80, quieren crear a toda costa nuevas estrellas latinoamericanas, inventándolas al vapor. Y se han pasado por la galleta a varias generaciones anteriores más sólidas y más formadas. Es horrible, ahora un narrador tiene que ser como una cantante de baladas romáticas e ir de gira como Pérez Reverte o Jaime Bayley. Los autores son manoseados y obligados a escribir para vender. Está muy mal la situación. Y además se ha creado una competencia muy malsana por el éxito y las ventas. Promocionan a unos cuantos y mandan al ostracismo a otros. Pero ojalá los autores independientes nos rebelemos y digamos en alto lo que pensamos frente a esta siniestra corrupción literaria de estos años. Francamente la tradición latinoamericana se merece algo mejor. Carajo, antes hubo gente como Borges, Reyes, Carpentier, Cortázar, Uslar Pietri, Rómulo Gallegos, Rulfo, Paz, Germán Arciniegas, Felisberto Hernandez, Huidobro, Cesar Moro, Neruda. No es posible que ahora nos quieran vender gato por liebre.

---¿Y cómo ves la situación de la poesía latinoamericana?

---Mejor, mucho mejor. La poesía sí ha sido la varguardia de la literatura latinoamericana, allí donde la lengua explota y se revoluciona. Y eso es porque en poesía no hay posiblidad de negocio. Ahí no se gana nada. No hay ninguna esperanza de ganar nada y entonces los autores sí pueden ejercer la literatura con pasión y experimentar sin miedo. Los chilenos, peruanos y mexicanos son muy buenos poetas y ahora en otros países se está extendiendo la experiementación ampliamente. El futuro de la literatura latinoamerica, si es que tiene alguno, es sin lugar a dudas la poesía. La narrativa está corrompida y podrida. Es un negocio como cualquier otro. Una industria estéril y falsa.

---¿Qué proyectos tienes ahora?

---Revisar y poner en orden los libros inéditos que traje de México a París y los que he preparado en estos cuatro años. Tengo un libro de poesía, Animal sin tiempo, que reúne diez años de obra poetica, y que son apenas unas decenas de textos salvados de esta década. Tengo tambien la novela mexicana de la que te hablé antes y varios libros de ensayos sobre literatura colombiana y general. Cuando publique y me deshaga de todo ese material, quisiera emprender otros proyectos en otros tonos y con temáticas nuevas surgidas de la estadía en estas tierras y la felicidad de hacer nuevas lecturas y vislumbrar nuevos horizontes. Escribir cosas fragmentarias, novelas sin argumento ni trama, sin policías ni narcos. O sea escribir sin pensar en que hay que obedecer a las leyes del mercado y que ser escritor es escribir para los supermercados. Hay que escribir con pasión y con rebeldía lo que uno quiera escribir y no lo que pida el medio ambiente.