EL DEMONIO EN LAS URNAS
Por Lina Zerón
Hace no mucho, Francia se jugó su futuro en las urnas, como nunca en los más de doscientos años de su democracia. Salido de las sombras más oscuras de la OAS y casi se diría que del régimen colaboracionista de Vichi, Jean Marie Le Pen, al frente de su neofascista FRENTE NACIONAL se colocó como la segunda fuerza más votada, relegó al completo ostracismo a los socialdemócratas de Jospin y disputaba la presidencia de la nación francesa con el gastadísimo Jacques Chirac, líder de la democracia cristiana. Este cuenta con una población que si bien harta y aburrida de escándalos financieros y corrupción se sintió atemorizada, ante la llegada de este demagogo que prometía poner a Francia patas arriba, empezando por la expulsión de más de los tres millones de personas que considera no franceses y la salida de la Europa comunitaria.
Cómo es que en el país de la libertad por antonomasia, crisol de culturas, cuya resistencia al fascismo durante la segunda guerra mundial se ha hecho legendaria, pudo respaldar con un tercio de los votos a un energúmeno violento antisemita, despreciador de toda cultura, que con la simplona estrategia del vino y promesas de seguridad y empleo con soluciones pueriles se echó a la bolsa a una nación de tan honda cultura. Es un misterio. Quizás el descontento de una clase política envejecida en sus sillones, el anquilosamiento de programas y políticas y sobre todo la desconfianza de la población con la superposición de casos de corrupción abiertos en grandes macro procesos que no parecen acabar nunca, hizo que el llamado “voto de castigo” haya subido a este charlatán a una posición que logró perder la respiración a una Europa que últimamente se veía acosada por el auge de este tipo de ideologías. Cabe recordar que la ultraderecha gobierna en coalición en Austria, que desde hace unos meses obtuvieren la alcaldía de Rótterdam y hasta la ultraliberal Holanda no se ha librado de este verdadero cáncer de Europa.
Por suerte un millón de personas inundaron las calles de París ese primero de mayo, gritando consignas contra este embaucador, y una intención de voto que otorga una gran victoria no merecida a Chirac, presagiaron un final feliz para esta pesadilla. Y lo peor es que el mal que ha afectado a la democracia francesa puede igualmente infectar a otras naciones. No se debe dar la espalda a la barbarie que se ajusta con acero sonrisas de cordero a sus fauces criminales de lobo. Debe haber un voto de responsabilidad desde el mas humilde de los votantes al más alto de los políticos. Se debe mantener viva la democracia, apartar de ella aquellos que se amparan en ella para llenarse los bolsillos y expulsarlos. Hay que conservar Fresca la libertad y las ideas de este sistema que es un sistema de todos, que es el único que proporciona un marco de legalidad y justicia que si bien no es perfecto, si es el mejor posible, porque es el único blando, el único del cual los grandes tienen que responder ante los pequeños y no caer en el canto de vivara de aquellos que quieran comprar la libertad con promesas, que después no se podrá reclamar si no se cumplen y si hay algo que no pueda hacerse en el marco de la democracia no merece la pena hacerse. También hay que tener cuidado con los vastos aduladores que intentan ponerse por encima de razas y culturas, no hay que ser ingenuos, que el color de un coche nunca lo hará más veloz, ni el color de la piel de una persona más inteligente y recordar en las horas de pérdida de fe y de flaqueza aquello que decía Victor Hugo, y que este año paradójicamente se celebra el doscientos aniversario de su nacimiento: “La libertad no hace felices a los hombres, simplemente los hace hombres”
Toda sociedad tiene sus Jean Marie Le Pen, sus Adolf Hitler, sus Musolini y sus Stalin, permanecen en estado larvario, invisibles, alimentándose de cada caso de corrupción política, de cada crispación del pueblo para crecer. No es algo sólo de Francia, el deber de los ciudadanos es mantenerlos a rayas no dejarnos influenciar por oratorias demagógicas. Afortunadamente el cinco de mayo salieron en avalancha a votar por una Francia libre y democrática, gracias a que hubo poco abstencionismo, que todas esas marchas que tantos jóvenes durante meses sirvieron de algo y que tengan bien presente que la ultima vez que se sucumbió al hechizo, el mundo lo pagó con sesenta millones de muertos, y aquellos países que se les habían prometido grandeza acabaron siendo únicamente ruinas. |