“No existe una masculinidad universal ni una forma única de ser hombre”

DANZA Y GENERO 

Por Lina Zerón

El concepto de género no es una moda impuesta por el feminismo, sino una realidad que no puede soslayarse: es un concepto que nos permite señalar que la diferencia entre sexos existe pero no debe implicar inequidad y marginación. Con esas palabras Margarita Tortajada expresa su postura sobre el trabajo que viene desarrollando desde años atrás y que ha sido pionero dentro del medio académico mexicano: la danza y el género.

 

Tortajada, nacida en Guadalajara, Jalisco, 1959. Es investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza (CENIDI Danza) “José Limón” del INBA desde hace más de quince años. Conjunta los saberes de la danza y las ciencias sociales y en su trabajo los sintetiza. Por un lado, gracias a su experiencia como bailarina, tiene los conocimientos que le dejó la práctica, y por otro, sus estudios académicos (Licenciatura en Ciencia Política UNAM, Maestría en Educación e Investigación Artísticas INBA y Doctorado en Ciencias Sociales UAM) le han dado las herramientas para reflexionar sobre la danza, su historia, su teoría y sus especificidades. Autora de más de cincuenta artículos sobre la danza y sus artistas y seis libros. Se ha centrado en el estudio de la danza escénica, “aquella que tiene vocación artística”, nos dice.

 

Su primer libro, Danza y poder (INBA, 1995, originalmente su tesis para obtener el grado de maestría). En este libro se reconstruye la historia de la danza escénica mexicana durante el proceso de surgimiento y consolidación del campo dancístico. El periodo que abarca es de 1931 a 1963, cuando las políticas culturales del INBA tuvieron un drástico viraje, dirigiendo sus apoyos hacia una danza “cosmopolita”, luego del agotamiento del nacionalismo.

 

En 1999, Margarita Tortajada recibió una mención especial del Premio Salvador Azuela del Instituto Mexicano de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, gracias al cual su trabajo La danza escénica de la Revolución Mexicana, nacionalista y vigorosa fue publicado (INHERM, 2000). En él sostiene que “lo mexicano” y el mito implicado dentro de la Revolución tuvieron en la danza un gran exponente al buscar las características del México original y propio para construir la “identidad nacional” y sus “esencias”, la danza escénica (y de manera fundamental la moderna nacionalista) se construyó a partir del reciclaje y la reinterpretación de imágenes, formas, espacios y discursos de la cultura popular.

 

En 1998 salió el libro Mujeres de danza combativa (CONACULTA), primera exploración de la danza mexicana y sus artistas a partir de los estudios de género. Ahí Margarita retoma el testimonio de diez bailarinas pertenecientes a las primeras generaciones de danza moderna del país: Magda Montoya, Rosa Reyna, Josefina Lavalle, Evelia Beristáin, Lin Durán, Roseyra Marenco, Valentina Castro, Bodil Genkel, Rocío Sagaón y Martha Bracho. “Estas mujeres forman parte de las generaciones de aguerridas bailarinas que descubrieron la danza moderna y la hicieron suya, tomando conciencia de la danza como una profesión y luchando por obtener reconocimiento social”, declara.

 

En su tesis doctoral, Frutos de mujer. Las mujeres en la danza escénica (CONACULTA, 2001), Margarita pretende que, al conocer la historia de bailarinas y coreógrafas (fundamentalmente mexicanas), otras mujeres puedan reconocerse en ellas y sus luchas para alejarlas de su condición silenciosa o enmudecida al margen de la cultura dominante. Realiza un estudio de caso sobre las bailarinas y coreógrafas más representantivas del siglo XX en México: Nellie y Gloria Campobello, Anna Sokolow, Waldeen, Guillermina Bravo, Ana Mérida y Amalia Hernández. “Estas mujeres escaparon de la marginalidad, elaboraron sus propios discursos del cuerpo y el arte, se negaron a seguir las imposiciones de los patrones patriarcales: tuvieron una fertilidad demente, un coraje y un  espíritu sin límite”, nos dice.

           

“Para que no me acusen de sexista”, bromea Margarita, también ha incursionado en el tema de la masculinidad y la danza. Para ello, estudió a uno de los grandes bailarines mexicanos: Luis Fandiño, danza generosa y perfecta (INBA, 2000). La autora no reduce este texto a la biografía de Fandiño, sino que profundiza en los significados que él mismo y otros le han dado a su trabajo como ejecutante, maestro, coreógrafo, director y mantenedor de una tradición técnica de construcción del cuerpo alternativa a la impuesta por varias décadas.

 

Danza y género (COBAES-DIFOCUR, 2001), su libro más reciente, es la reflexión teórica del significado de ser hombre o ser mujer en la danza. A partir de la división de “lo femenino” y “lo masculino”, se ha dado la identificación danza-mujer, referida a la adjudicación de valores y circunstancias comunes a la danza escénica y a las mujeres. Este libro incluye dos ensayos: “Cuerpo, danza y mujer: consideraciones teóricas” y “De la masculinidad y la danza. Del cuerpo y la mirada”. Señala la identificación de la danza con las mujeres, propia de la cultura occidental, que la considera una actividad afín a ellas por su cercanía con el cuerpo y el silencio, por ser una manifestación subjetiva, artística, improductiva, y "propia" para "débiles".  La danza escénica ha significado para las mujeres un espacio de realización fuera del ámbito privado, y tanto ellas como los varones, se valen de ese espacio para desarrollarse integralmente. “Tanto hombres como mujeres deben luchar contra su cuerpo y en pos de su construcción y perfección; contra los prejuicios culturales y sociales; contra el desprecio y desprestigio”, enfatiza.

           

En el ensayo “De la masculinidad y la danza. Del cuerpo y la mirada” se tocan estos puntos en relación con los varones. Éstos se ven obligados a seguir patrones oficiales que les garantizan ser un “hombre verdadero”: el que se ajusta a las masculinidades hegemónicas y establece los “usos legítimos” del cuerpo masculino. Ello constituye parte fundamental de la construcción de la identidad de los varones, quienes, al igual que las mujeres, desarrollan una conciencia del cuerpo, sus fronteras y operaciones. No existe una masculinidad universal ni una forma única de ser hombre, sino numerosas alternativas que corresponden a la realidad concreta de los sujetos y sus transformaciones, y que encuentran en la danza un espacio más de elaboración por ser un espacio libertario y expresivo para ambos sexos.

 

LIBRO: DANZA Y GÉNERO, COBAES-DIFOCUR, CULIACÁN, 2001.

 

FECHA DE PRESENTACIÓN EN MÉXICO, DF: 28 de mayo 2002, Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, 7 pm

COMENTARISTAS: Pilar Urreta, Marco Antonio Silva y Alicia Montaño.

MODERADORA: Patricia Cardona