Entrevista con Ciprián Cabrera Jasso

Por Lina Zerón

El próximo 27 de abril se presentan dos nuevos libros del escritor tabasqueño Ciprián Cabrera Jasso. “Obra Poética I”, Editado por la Universidad Juárez de Tabasco, la cual forma parte de la Colección Carlos Pellicer, Poesía y prosa tabasqueña, en la Casa de Cultura de esa institución a las 20:00 y su novela “Ciliace y el borde de la oscuridad”, en la Galería de Arte el Jaguar Despertado el día 28 a las 19:00. Ciprián Cabrera Jasso nació en Emiliano Zapata, antes Montecristo, Tabasco en 1950.

En éste tomo: Obra Poética I, el primero de dos, se compila de manera cronológica buena parte de la poesía que el escritor ha publicado desde la década de los 80, así como el contenido de otros tres libros inéditos.  Este libro es un reconocimiento al quehacer poético de Ciprián Cabrera Jasso para los nuevos lectores y para regocijo de quienes ya lo conocemos y reconocemos como uno de los más grandes y queridos exponentes de la poesía tabasqueña actual.

La poesía de Pano, como le dicen los amigos, es profunda, con intensas metáforas y muy bien logradas imágenes, es una poesía de búsqueda que te eriza la piel al leerla donde el poeta nombra las cosas pero también dice sobre la vida, es un intenso camino hacia el interior, “Ya no escribo para el dolor, ya no soy ese ser; escribo en el gozo y es maravilloso”, comenta. Al preguntarle cómo se inicia como poeta, responde: “Aprendí a leer y empecé a leer como las aves que cantan porque esa es su naturaleza, lo primero que leí fueron vidas de santos y desde entonces ese fue mi gran deseo tirado al universo, ser monje. Poquito después Oscar Wilde y su golonfrina y su ruiseñor y su rosa y su cohete que vuela y sus retrato y todo su mundo. De aquí mi amor a la literatura, mi amor a esta creación de la palabra que me sacó lágrimas y que me llevó a pensar, que me condujo a sentir que existía alguien vivo entre las hojas. Y así ha sido desde entonces. Por esos mismos años, 7 u 8 de edad, la poesía de boca de Pellicer a quien me llevó a escuchar mi padre y otro deseo tirado al universo de llegar a ser poeta. Deseos, los dos, el de monje y el de poeta, que vivieron juntos en mi corazón por muchos años y que ahora viven en mi SER entero”.

Pero Ciprián Cabrera no tuvo prisa de escribir ni editar, su caminar por éste mundo literario con sus recovecos y trasmundo ha sido pausado y bien meditado, a lo cual agrega: “Fui tardío para escribir por lo que he escuchado de otros escritores. Escribí mi primer novelita a los 16 años y también mi primer poema. Ya en serio a los 22. Después de haber llevado una vida muy agitada, muy intensa (como ha sido hasta ahora). Siempre he querido beberme a bocanadas la vida. Ahora todo el universo completo que está en mí, todo Dios que es Todo. También fui tardío para publicar. Nunca he tenido prisa para esto. Mi primer libro de poemas lo publiqué a los 35 años y por insistencia de mi amigo Andrés González Pagés. Y casi todos los más de 20 libros que he publicado ha sido porque me los han pedido, con excepción de dos o tres. Al poco tiempo publiqué otro de poesía y después uno de cuentos junto con una obra de teatro y después uno de ensayos y después una novela. Y así se fueron dando uno a uno mis entrañables hijos.  Hasta ahora tengo publicados más de diez de poesía, dos de cuentos, tres novelas, la obra de teatro, uno de ensayos, dos guías turísticas (una sobre el Estado de Tabasco y otro sobre la Ruta Maya), uno sobre las áreas protegidas en el sureste mexicano y una antología de poetas llamada "El flamenco y otros poemas". Está por salir otro libro de ensayos este año, me dicen que para junio.

LZ.- En tu libro Obra poética I, hay diferentes etapas en tu poesía ¿con cuál te identificas más?
  
CCJ.- Realmente me fui identificando con cada uno de ellas. Todas fueron mi propio reflejo en su momento, todas mi sombra y mi luz. Sin embargo, creo que en la que más estoy de cuerpo y alma es en "En busca de la luz".
  
LZ.- Siento en tu poesía influencia de algunos autores como César Vallejo o los románticos, ¿quienes fueron tus maestros? partiendo que eres autodidacta.

 CCJ.- Sí, efectivamente, leí mucho a Vallejo en mi adolescencia junto con Miguel Hernández, Sabines, Cernuda, Jorge Guillén y a todas la generación española del 27. Pero mis maestros más profundos fueron Virgilio, Propercio, Dante, John Donne, Hölderlin, Novalis, Lepoardi, Nerval, Baudelaire, Mandelshtam, Eliot, Montale y otros más. La literatura inglesa me formó mucho, la estudié en la Universidad de Michigan. Pero realmente he ahondado en casi todas.    

LZ.- ¿Influye mucho que hayas estudiado psicología y luego seas monje en tu escritura? ¿cuál es tu leitmotiv y en cuál poema podríamos encontrar tu alter ego?

CCJ.- La psicología no afectó en nada a mi obra. Es una carrera que no tiene que ver mucho con el ser humano en su verdadera esencia. Me enseñaron más Tolstoi, Dostoievski, Kafka, Kavo Abe, Buzati, Rilke y otros grandes novelistas que Skinner u otros técnicos de la psicología. Sí, ser monje si ha tenido que ver mucho con mi escritura, pero más que monje la meditación que me ha llevado  experiencias muy profundas, expansivas y plenas de mi Ser. Y no sólo la meditación sino el hecho de practicar yoga ya por muchos años. Es una disciplina que practico a diario en las madrugadas. La meditación en permanente ya que la puedo hacer con los ojos cerrados y con los ojos abiertos todo el tiempo. Es lo que se ha dado en llamar el orar sin cesar, sin llegar a ser en sí una oración o una plegaria. Es como se dice en el Zen: la oración sin oración.
Mi leitmotive es todo, no me ciño a algo en especial, no me limito, no me pongo barreras, no dibujo fronteras en mi poesía. Y en cuanto al poema donde me pueden encontrar, creo que en cada uno de ellos. Sin embargo, los más esenciales son los que estoy escribiendo en este momento. En ellos sí está mi Ser más hondo, mi Ser que sólo Es y que fluye en mí desde el mismo silencio, desde la misma quietud, desde la Fuente de todo lo que Es y ha sido.   

LZ.- Sobre tu novela ”Ciliace y el borde de la oscuridad” cuál es el tema principal, cómo se desprende de tu interior ?

CCJ.- Es una novela de amor que tiene que ver con la vida y con la ficción. En ella te vas a encontrar con la leyenda de la Ixtabay, con fenómenos mágicos y con actos de brujería blanca de parte de un curandero maya.
  
LZ.- ¿Cuál es tu opinión sobre la salud de la poesía mexicana o latinoamericana?

CCJ.-  Desconozco la situación actual de la poesía latinoamericana en general. Lo que he escuchado actualmente o leído me deja un poco frío. Creo que hacen falta verdaderas propuestas para una nueva poesía, para una nueva concepción de ella en la que más que el dolor, más que la confesión, más que los actos de intima sexualidad se hable desde una perspectiva de totalidad del mundo, del tejido que unifica el todo con las partes y las partes con el todo, que son lo mismo. Una poseía que tenga que ver con lo sagrado, con lo verdaderamente trascendente. Tal parece que todos están encerrados en su casa y sólo ven las paredes de ésta. O en su ciudad y sólo ven sus calles en su piel y sólo ven los poros. Falta una visión que vaya más allá, que toque las fibras más profundas del ser humano, del ser divino que somos. Tengo la impresión de que tenemos miedo a que se te etiquete de "distinto", de "raro", de "espirituoso" si lo haces y por esto todos tratan de parecerse, de escribir casi  igual o igual para ser aplaudidos y aceptados. Si hay un poeta que ha sido aceptado muchos tratan de imitarlo para que su obra también sea aceptada y elogiada. Muchos escritores sólo son sombras de sombras, reflejos de reflejos. Pocos crean sus propios universos y éstos son los Poetas.