CALÍGULA Y EL PODER

 Por Lina Zerón

 “Si me hubieras traído la luna, todo esto no  hubiera pasado.”

 De esta manera recrimina Calígula  a su criado Heliacón, por no haberle traído el astro que le había reclamado.   Camus  en su magnifica obra de finales de los cincuenta,   recrea en la figura de este Cesar que se volvió loco, nombró senador a su propio caballo y fue asesinado por su propia guardia. Es un ser tremendamente trágico que se encuentra con el desencanto del hombre moderno frente a la angustia de la pérdida de la espiritualidad.  Calígula en la obra reclama el astro como prueba de su divinidad, de una divinidad puesta en  entredicho por el fallecimiento de su hermana y amante y la impotencia de él mismo frente al acto total de la muerte. La muerte como limitador de nuestra propia espiritualidad. La impotencia frente al hecho irrefutable que demuestra nuestra auténtica naturaleza.  Calígula entra en una espiral de búsqueda de su propia naturaleza entre una sociedad que hipócritamente lo idolatra como a un Dios, sabiendo perfectamente que no lo es y la propia esperanza que en él dura, pugna con la agobiante realidad, intenta obtener la luna, es decir, su espiritualidad. Durante las primera escena de la obra es él mismo el que la busca, luego rendido por su propia impotencia, manda a su criado, su fiel  Heliacón, ese hombre capaz de acometer un trabajo absurdo de manera dedicada y rigurosa , paradigma del hombre moderno que tan bien definirá Camus en el Mito de Sísifo, su ensayo más logrado.  Calígula es la historia del hombre que se sabe de pronto hombre, que se tambalea como un funambulista en medio de un hílo tendido a través de su propio vacío existencial, que después de que lo han educado como un ser tocado por el destino, descubre que nadie cree en esta providencia, que la gente se interpreta a sí misma como seres espirituales. Este mandato que sólo encuentra en el amor incondicional de su concubina y su criado. El amado siempre es un ser con aura delante del amante y es el amor el último refugio de espiritualidad que le queda al hombre moderno delante de una religión que adquiere rango de protocolaria, que es practicada sin llegar a creer en sus preceptos igual que él es adorado y obedecido, sin ser amado. Simplemente por el hecho accidental de haber nacido en la familia de Césares. Calígula descubre horrorizado que es un ser adorado burocráticamente simplemente por el hecho de que el sistema social está montado de esa manera. Pero siendo esta adoración indiferente a su persona, estando ligada solamente al cargo que este ocupa.  Calígula intentará que la corte  lo reconozca como ser humano.  Lo hará a través de un despotismo  salvaje. Sufrirá el mal que sufren los enfermos graves en los hospitales, cuando a una acción antisocial, mal educada y grosera de su parte, recibe a cambio por parte de enfermeros y familiares, sonrisas adulaciones, que lo hunden más, si cabe, en su propio vacío existencial. Negándoles la condición de humanos, que en muchos casos hace que se vuelvan seres intratables. Este suceso que en la actualidad se cura, justo con lo que busca Calígula en la obra señala, que si es humano se le trate de humano.  Si el nombra senador a su caballo, que el resto de senadores se lo impida.  Que esa moral que supuestamente les rige a ellos, le rija a él también como parte natural de la raza humana. Sin embargo Calígula encontrará en su corte un rebaño de generales Della Rovere, que se dejarán matar inútilmente antes de admitir que están interpretando un falso papel. 

 Podemos decir que El Calígula funambulista se mueve precariamente entre una divinidad a la que no pertenece y una humanidad que le niega reiteradamente su pertenecía, llegándo a dejarse matar antes que doblegarse. Quedándole solamente, como una sombra de ilusión a la cual se agarra casi en secreto, que en el fondo de alguna manera, aunque sea a través de su esclavo,  El César recupera la luna, su espiritualidad perdida.

Al final de la obra encuentra un tránsito hacia la espiritualidad perdida, al morir el hombre que hay en él, sólo ha de quedar lo divino o nada. De esta manera y casi voluntariamente, Calígula  abandona lo terreno por lo supraterreno. En la eterna lucha del hombre por ser mas que un hombre.

 Calígula, es un homo versus mundi, es la representación en la salvaje libertad del ser de cada hombre. Desde la genialidad a la locura. El hombre que se busca a si mismo encuentra siempre un precipicio, vencer el vértigo y no caer en el propio abismo es una proeza que no siempre se consigue. Calígula no es un héroe es un hombre lo suficientemente inteligente como para descubrirse  pero no lo suficientemente inteligente como para entenderse. Él es sin más, un ser común enfrentado al problema de entrar en contacto con nuestra conciencia ontológica, es decir cómo se puede ser Cesar y no ser nadie. Con esta obra de Camus podemos subrayar como reza el refán “cualquier semejanza o parecido con los que ostentan el poder actualmente es mera coincidencia”