ATRAPADAS POR LA MODA
Por Lina Zerón
Hay mujeres a las que la madre naturaleza les otorga de nacimiento, gracia y proporción a su cuerpo y belleza a su rostro. Cuando embarnecen, todo es del tamaño justo para propiciar el deseo y la mirada, la humedad de los labios (senos duros, piel suave, entrepierna profunda, talle de avispa, muslos de venado, nalgas de caribeña) la paz de saberse y de sentirse bella las pone en paz con todo lo que son, pero la gran mayoría, nacemos con cuerpos normales, algo (o mucho) está de más o de menos: ojos abotagados, senos inexistentes, pezones corrugados, vientre protuberante, piernas cortas o largas, nalgas de analgésico o con celulitis, várices, y/o todas las anteriores. Mi sabia abuela dijo un día que la belleza era fuerza de voluntad, por lo tanto, la mujer es bella cuando decide y aprende a serlo y por supuesto, cuando quiere estar a la moda y hay que estar dispuestas a pagar el precio.
Hace algún tiempo que viajo a Europa por cuestiones de trabajo y siempre sentí curiosidad (sobre todo en España) de saber cómo era posible que las mujeres pudieran caminar, siquiera, con esos cuerpos tan esqueléticos que la moda les había impuesto, al grado que muchas de las adolescentes eran internadas en hospitales por razones de salud, anorexia y bulimia, y todo por parecerse a las modelos de pasarela o revista, a las que se les pueden contar las costillas o colgar un gancho, sí, un gacho para ropa, pantalones o blusas, en la clavícula; si éste se sostiene entonces significa que tienen un buen cuerpo, o sea, flaquísimas.
Por supuesto, yo que soy talla 32 mexicana, entalladita (40 europea), debía ir a las tiendas de ropa de tallas extra si necesitaba comprarme algo. Era horrible entrar a cualquier almacén y ver que la talla máxima que vendían era la 28 de México, (36 España) y te veían como bicho raro si no entrabas en ella. Durante tres años no pude comprarme un pantalón, estaba demasiado gorda y a veces hasta me lo creía.
En uno de mis viajes, me robaron mi equipaje en el aeropuerto de Barcelona. Necesitaba por lo menos unos jeans y alguna blusa. Hice acopio de fortaleza y entre a una tienda X, y ¡oh, sorpresa!, ya tenían talla hasta la 42, o sea 34 mexicana. Salí contenta con un par de pantalones y dos blusas para toda la semana. No me alcanzaba el dinero para más. Esto hizo que me decidiera a preguntar qué había pasado y por qué. Fui más o menos a 15 almacenes y comprobé que todas tenían tallas “para gordas”. Pregunté a la jefa de departamento de cada tienda y me comentaron que por decreto del gobierno Español, se les había exigido a los fabricantes y almacenes que debían vender nuevamente tallas por lo menos hasta la 42 (34 México) ya que el problema de anorexia y bulimia era muy grave. Las dependientas me dijeron por su parte, que era terrible para ellas, saber que si no pesaban menos de 50 kilos, no existía ropa, de marca o no, para aquellas que rebasaran esta frontera, por lo tanto, todas estaban a dieta, no podían lucir más llenitas que las clientas o eran despedidas.
Observando a las modelos de revista y pasarela actuales y comparándolas con las de los años 70’s, 80’s, por ejemplo y preguntando por aquí y por allá, con diseñadores y buscando estadísticas, encontré lo siguiente: Hay 3,000 millones de mujeres que NO tienen cuerpo de supermodelos, y solamente 6 millones que sí lo tienen. Es decir el 0,02% de la población femenina mundial, o sea 2 de cada 100. Marilyn Monroe usaba talla 42 o sea una honrosa talla 34 mexicana, muy bien repartida y los traía locos a todos. Si los maniquíes de las tiendas fueran mujeres reales, serían demasiado delgadas para menstruar y tener hijos. Si Barbi fuera una mujer real, sus proporciones la obligarían a caminar a gatas, aunque después de tantos problemas que han tenido las niñas que jugaron con esas muñecas y al llegar a la adolescencia no poder parecerse a su heroína, haciéndose presente la anorexia, ahora con sorpresa, buscando el último modelo de la barbi gym, para regalarla a mi sobrina, descubrí que tienen menos busto, una cintura más adecuada, piernas menos largas, son más reales.
Actualmente, de acuerdo con estadísticas mundiales, la mujer promedio entre los 25 y los 50 años pesa unos 59 kg., su talla está entre la 40 y 42 (9 y 11 mexicana), una de cada cuatro mujeres en edad universitaria sufre desórdenes de alimentación. Las modelos de hace 20 años pesaban 8% menos que la mujer común; las de hoy en día pesan 20% menos. Es decir si la mujer común pesa 59 kg, antes las modelos pesaban 54.3 kg y ahora pesan 48.2 kg. Todo esto me hizo reflexionar, en cómo surgiría la moda de las flacas y no es que tenga nada contra ellas, sino contra quien la impuso, contra la enfermedad a cambio de una silueta super esbelta.
Esta curiosidad me llevó a formular la siguiente teoría, por supuesto totalmente rebatible: La moda de las mujeres flacas, sin curvas ni formas había sido inspirada en un cuerpo masculino, el cual carece de senos, caderas y tienen un talle que se diluye llegando a las flancos. ¿Y quién se fijaría en un cuerpo masculino para hacer ropa femenina? Pues solamente un hombre, diseñador, al que le gustaran los hombres y su máximo era verlos enfundados en atuendos sexis, atrevidos, modernos, cómodos o no, pero de mujer y esto los condujo a pensar, dibujar, diseñar, hasta trasladar a las pasarelas a mujeres con cuerpos semejantes a los musos.
La belleza de la mujer no está en su talla, en su ropa, su figura, en el largo de su cabello o lo delicado de sus manos. No está en un cuello largo y tobillos delgados, en un talle sin costillas o vestidas de amazonas. La belleza femenina es mucho más que eso, es intuición, inteligencia, sensibilidad, calidez que brotan a través de sus ojos, de la sonrisa, de una actitud ante la vida. Una mujer dedicada y delicada en sus sentimientos, responsable pero con coraje para afrontar cualquier reto.
Por supuesto que a los hombres les encantan las mujeres bellas, de buenos cuerpos, que puedan presumir y tener en la intimidad pero esto el tiempo se lo acaba, no es para siempre, al paso de los años surgirán las arrugas y la grasita en el vientre, sobre todo cuando se ha sido madre. Aquella cintura de libélula, esos senos de volcán, las nalgas firmes, las piernas torneadas, se transforman y diluyen para traer al mundo una nueva vida y si no tuvieran la suerte de la maternidad, igualmente el tiempo pasará por ellas y por muchas cirugías que existan hoy en día, por mucho botox y restilein que se apliquen en el rostro, el verdadero valor, la auténtica belleza proviene de su alma y su cerebro. Es el cuidado amoroso que da la pasión que ella muestra, con la que vive, ese dejarse ser y fluir. Solo hay que dejarse guiar por el olor y el sabor del cuerpo que se ama, aprender a moverlo, saber llegar a él, penetrarle y conocerle, es un arte de paciencia e impaciencia. Entre más se desea, se fantasea, se juega en la mente con el cuerpo del que se ama, más se disfruta el obtenerlo. Saber esperar, asaltar en el momento adecuado. Masticar tu presa... ya sea a dentelladas, ya a dulces pedazos sin importar qué tan a la moda estés.
Es más, la belleza de una mujer solamente se desarrolla con el paso de los años, como los buenos vinos y a cualquier edad y en cualquier talla o peso, con o sin cuervas, con o sin cuerpos de modelos. Una mujer puede ser tan sensual y bella como se lo proponga siempre y cuando lo viva, lo sienta, se apasione, y reconozca su inteligencia y su valía como persona y ser pensante. Qué importa si se es flaca o gorda, rubia, morena, pelirroja, de raza negra o amarilla, indígena o aria. La belleza de la mujer está en el valor mismo de ser mujer y saberse única, en disfrutar ser una misma y saberse rodear de gente inteligente y sensible que sepa y pueda apreciarla. La belleza, como el arte, es simple cuestión de gusto, un asunto al que se llega unas veces por el tacto, otras por la mirada, siempre instintivamente. |