Entrevista con Antonio Skármeta, Premio Planeta 2003
Por Lina Zerón
Santiago de Chile, 26 de octubre 2003
Antonio Skármeta Nació en Antofagasta el 7 de noviembre de 1940. Estudió filosofía y Literatura en la Universidad de Chile. Entre otras distinciones ha recibido la Orden de las Artes y Letras de Francia, premio Adolf Grimme de Alemania, Premio Medicis, en Francia por la novela “Las bodas del poeta” en 2001. Libro de Oro en Portugués por “El Cartero de Neruda” . El Premio Planeta le asegura una primera edición de 210 mil ejemplares para “El baile de la victoria” y 601 mil euros para su cuenta personal.
LZ.- Para comenzar dime qué opina Skármeta de si mismo.
AS.- Encuentro que soy un escritor original, muy consecuente con una peculiar visión de la literatura que ha desarrollado temas y personajes que aportan una atmósfera muy personal a lo largo de toda mi vida. Me considero un escritor muy fiel a un mundo que descubrió, inventó, desarrolló y que siguió un camino independiente de cuáles fueran las modas y las tendencias desde el primer libro hasta este “El baile de la victoria”.
LZ.- ¿Crees que tu ascendencia eslavo-croata ha influido en tu literatura?
AS.- Bueno, fundamentalmente mi abuela porque era una gran contadora de historias, ella solía escuchar radio-comedias que eran muy patéticas, las escuchaba con su visión y como en Antofagasta el sistema eléctrico era muy precario en mi infancia, cada vez que había un corte de luz mi abuela desesperada porque no podía seguir la trama de lo que le pasaba a sus héroes, desde su desesperación especulaba y me pedía que la ayudara a fantasear y en estas conversaciones en que íbamos completando las historias hice mis primeras armas con el mundo de la fantasía. Una vez nos entretuvimos tanto con esto, que un día que no había corte de luz mi abuela estaba tan apasionada en la historia que nosotros estábamos inventando que me dijo “no, no, apaga la radio y sigamos la trama” eso para mi fue el origen de mi guía como escritor profesional. Te estoy hablando de los 8 años más o menos. Mi abuela era croata y esto tiene una gran importancia en mi literatura por el hecho de que haya sido inmigrante ya que viven en situaciones muy precarias, es decir abandonan un mundo que ya no pueden vivir por distintas razones y no pueden tan rápidamente conquistar un mundo nuevo, apropiarse del territorio y de un lenguaje, es una tarea titánica que les crea un sentimiento donde necesitan protegerse entre ellos, acceder lentamente a la sociedad que los recibe, necesitan muestras de confianza, a la vez se van borrando los recuerdos del pasado. Eso me impresionó de mis abuelos y creó en mi literatura un sentimiento, una sensibilidad hacia la precaridad hacia la fuga, son sentimientos que he cultivado mucho en mi literatura y que me han hecho desembocar en el tratamiento de mis héroes y sus peripecias, es ahondar en sentimientos de fraternidad, de amor y de amistad casi como una réplica a esta sensación generalizada de vulnerabilidad que hay en el ser humano.
LZ.- ¿Cómo eliges a tus personajes, cómo los sitúas y crees que los mexicanos podrían identificarse con ellos?
AS.- Los mexicanos se van a identificar con mis personajes porque son tremendamente accesibles, están sacados de las calles, reclutados directamente de la vida, son personas que ejercen oficios nobles o innobles pero que tienen un equivalente en todas las metrópolis del mundo, por ejemplo, cuando tomo al inmigrante europeo en Chile en “La boda del poeta” y en “La chica del Trombón” estoy eligiendo figuras extremadamente dramáticas, que han perdido un territorio y no han conquistado otro, por lo tanto su sensibilidad y su disponibilidad es intensamente mayor que las personas que tienen cuadriculada su existencia. Hablo de seres que tienen que hacerse en la precariedad más absoluta y estos antihéroes tienen que crear una épica de antihéroes, esto es la trilogía que estoy trabajando.
LZ.- ¿Tienes alguna técnica en especial para escribir? ¿haces diagramas, esquemas? ¿cómo surge la primera idea para escribir una novela?
AS.- Primero que nada no me acongoja la pantalla vibrando y lo hago al modo tradicional, como recomendaba Heminway, miro la hoja en blanco, tengo una colección de lápices Faber del no. 2, le voy sacando punta al lápiz y ya cuando lo tengo bien afilado, en una hoja hago rayitas, dibujitos. Tomo otro lápiz, lo afilo bien, etc, y de repente sale cualquier imagen y ahí comienzo, pero, y esto es lo más importante: cuando voy a iniciar una obra, novela, cuento, ya se ha estado escribiendo en la pasividad, en el silencio, en la contemplación, por eso mucha gente dice que los escritores nos la pasamos en la luna, porque hay una distracción, porque uno está buscando la manera a lo que tiene entre medio, ya está conviviendo con su material. De una novela, por nombrar un género, escribo normalmente dos versiones, una es una muy espontánea donde trato de no saber de qué se trata. Dejo que mis sentimientos y mis personajes aparezcan y desaparezcan a su voluntad, a su maña, se trata de no entender, de no controlar mi material, con eso creo lo que se pude llamar un magma después, habitualmente esa primera novela es de 500 páginas, ya luego dejo reposar eso pero sigo metido, gozando, gozando y ya después me dedico con disciplina, me aplico unos tres meses a terminar la novela que para mi es escribir la versión artística, es decir a darle la escritura dramática, a tratar que la novela llegue con fluidez al lector, como yo la sentí, tratar de reproducir eso y sólo se logra a través de una técnica literaria. Los personajes de mi mundo literario los recluto en una doble fuente, la experiencia de mi propia vida que es muy importante, sensual, el contacto, el tacto, la complicidad con seres que circulan en la realidad y por otro lado un impulso poético que viene de la historia de la cultura, es decir a mi me alienta mucho estar leyendo al mismo tiempo algunos de mis autores favoritos que suelen ser dramaturgos o poetas, Shakespeare por ejemplo.
LZ.- Tú conociste bien a Pablo Neruda, ¿crees que tenga la responsabilidad directa por el reconocimiento de escritores chilenos galardonados o triunfadores en el ámbito internacional?
AS.- Mira, yo creo que la presencia de Neruda en Chile es muy fuerte, los méritos de él son múltiples pero yo creo que hay uno que es fundamental y es la soberanía, la naturalidad con que introdujo una manera de escribir poesía en Chile que le hizo sentir a todos los lectores que la poesía era algo natural, que podía caer en manos no doctas y no profesionales y ser alguien. Neruda a través de metáforas muy potentes y muy complejas en algunos casos como en Residencia en la tierra, pero también en aquellos que son más conocidos por la gente, como los versos de amor, los sonetos de amor, las odas elementales. Establece una gracia en que el poeta que habla está encantado en el mundo y se siente dueño de todos los materiales, partícipe de ellos, le habla a cualquier cosa, se come una sopa y le encanta la sopa que come. Está frente al mar y en sus versos crea el rito mareador que el mar tiene. Yo creo que la épica y el mito de Neruda alienta a cualquiera a crear un caldo de cultivo de ficción y de lírica contemporánea, bueno a parte que hay otro dato que puede ser muy interesante, en Chile hay una suerte de grafomanía, aquí todos escriben pero pocos leen. Un editor me dijo hace poco que si todos los escritores leyeran un libro por año, la industria editorial chilena sería multimillonaria.
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