EL AJEDREZ ES MAS QUE UN JUEGO
Lina Zerón
Jugar ajedrez es más que eso; es todo un reto. Es la capacidad de análisis en su máxima expresión. Los ajedrecistas natos son como los artistas líricos, es un don que se desarrolla ya que no sólo las personas muy inteligentes son los mejores jugadores, sino los analíticos que gocen de un alto grado de concentración y además de paciencia y yo, no he podido incrementar mi nivel en el tablero porque soy intolerante ya que odio al rey. Me desespera su posición de “mantenido”. Tal vez sea mi postura feminista pero no soporto que todo gire en torno a él, quien se la pasa escondiéndose tras todas las piezas, las cuales se dedican a protegerlo para evitar que le den jaque mate. Evidentemente es un juego machista donde el protagonista es un inútil que ni siquiera puede moverse a su antojo porque tiene la limitación de que sólo puede avanzar de un escaque en uno. Realmente la pieza más importante para el desarrollo del juego es la reina, quien se faja los pantalones para pelear contra todos con tal de mantenerlo vivo.
El ajedrez es el “juego ciencia” que vive muy cerca de la poesía. Por ejemplo, el escritor y poeta argentino, Jorge Luis Borges nos dejó un soneto que comienza así: “Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada, reina, torre directa y peón ladino, sobre lo negro y blanco del camino, buscan y libran su batalla armada”.
Esa batalla sutil comenzó en la India antigua, pasó a Persia (el actual Irán), los árabes la llevaron a España en el siglo X, y de allí se extendió a Europa y después al resto del mundo.
¿Y su nombre? ¿Por qué se llama ajedrez? Por dos antiguas palabras del sánscrito (un idioma de la india): shatur anga. Ellas significan “cuatro cuerpos” pues el ejército indio se componía de infantería, caballería, elefantes y carros. De aquí derivan, respectivamente, las piezas de los peones, los caballos, los alfiles y las torres.
Los árabes convirtieron shatur anga en as shitrany, y estas dos palabras terminaron, con el tiempo, en ajedrez. Sin embargo, el nombre que el juego recibe en otros idiomas siguió un camino diferente pues deriva de la palabra persa sha (rey); en este caso, el rey del ajedrez.
Sha llegó también con los árabes, y así, en Europa, se crearon estas palabras: Schach (alemán) sccachi (italiano), escacs (catalán) échecs (francés) y chess (inglés). En castellano antiguo también se usó la palabra escaque para denominar el juego, pero más tarde sólo significó las 64 casillas o una de ellas.
Nuestro jaque mate proviene de dos términos persas: sha mat: “el rey está asombrado o muerto”. Cheque tiene el mismo origen. Una antigua palabra inglesa, chek, equivalía a jaque y a detención abrupta. Check se llamó después la parte del talonario que se queda con uno (que se detiene).
¿Y las piezas? Se llaman trebejos, sustantivo derivado, al parecer, del latino trabécula (maderitas). Peón nace de una palabra latina que designaba al soldado que iba a pie. También del latín nos llegaron torre (turris), caballo (caballus), rey (rex) y reina (regina). En cambio, alfil deriva del árabe: al fil (el elefante); esta pieza lleva la trompa puesta hacia arriba, y la boca como un tajo. (Marfil viene del árabe: azm alfil, “hueso de elefante”). En árabe, torre se dice ruji (carro). De rujj derivan nuestro roque como sinónimo de “torre del ajedrez”, y también enroque, jugada que cambia la ubicación del rey por la de una torre. En ajedrez, la pieza que se toca debe jugarse o sea que: tocar una pieza es tocar la historia.
Pero el ajedrez es más que un juego de palabras, más que leyendas sobre su origen. El rey es la parte fundamental, puedes regalar el resto de las piezas y engañar al adversario haciéndolo creer que su posición es mejor pero como en la vida misma, también, la mujer, la reina, es la más poderosa. Tiene todas las cualidades y atributos del resto; sin ella, el juego perdería su recurso más importante para ganar. El rey es una pieza que rara vez influye en el resultado del mismo, que escasa vez contribuye y cuando lo hace, regularmente es hasta el final. Toda la estrategia del juego gira en torno de la protección de este y la captura del otro. La reina es tan importante que sin ella, el rey prácticamente se encontraría perdido, lo que no está muy lejano de la realidad. Nosotras somos el pilar que sostiene todo un sistema, llámese hogar, oficina, negocio.
Las clases sociales también se muestran claramente en el juego de ajedrez; los alfiles representan el poder religioso; los caballos y torres, la aristocracia; los peones al pueblo, quienes son los primeros que entran en juego, pero también tienen su recompensa (no siempre en la realidad) ya que pueden transformarse en cualquier pieza, es como superarte para transformar tu realidad actual en algo mejor. Nos enseña que la ficha más humilde se puede volver la más importante, incluso darle jaque mate al rey. Es formativo, ya que refleja mucho la vida en si, las metas y los recursos para conseguir éstas.
El ajedrez te centra en los objetivos y para lograrlos puedes usar todo lo que tengas a tu alrededor e inclusive perderlo, como en la cotidianidad, puedes perder en el camino para ganar en el final. No es un juego por puntos, puedes tener uno desastroso pero si logras matar al rey, ganas, de ahí viene el engaño que se denomina gambito, son regalos o sacrificios aparentes donde buscas que las personas actúen de primera intención sin pensar en las consecuencias, son acciones asociadas con las actitudes diarias y la vida está llena de gambitos.
Otro punto importante es la salida, al escoger las piezas blancas adquieres el compromiso de ganar, esto también define la actitud de las personas, hay quienes se resisten a comenzar con las blancas porque saben que su obligación es vencer y esto se compensa alternando el juego.
Para mí el ajedrez considera como principio que todos tenemos los mismos recursos para lograr un objetivo, parte de la igualdad, del equilibrio de fuerzas, no considera ventajas. Nosotros somos el Rey, aunque lo odie, uno a uno en igualdad de circunstancias y recursos. Establece y define prioridades. Aprendes a analizar tu entorno y a buscar soluciones alternas a los problemas cotidianos. A través del ajedrez hay que estar conciente de que puedes tener un juego perfecto pero si te confías o distraes, con un solo error, pierdes todo, es como saber llegar a la meta, no basta ser un excelente corredor, hay que saber atravesar la línea en primer lugar. Te enseña a ser consistente. Desarrolla carácter, disciplina, tolerancia, análisis, astucia y a través de el te ejercitas para encontrar soluciones y lograr objetivos, por lo tanto, se antoja que todas las personas cuyo quehacer implica toma de decisiones, mucho les ayudaría el saber jugar ajedrez. |