Entrevista con el poeta granadino Antonio Carvajal
Por Lina Zerón
En 1968 pareció en la colección de poesía el primer libro de un poeta granadino de 23 años que sorprendió a los lectores por la belleza y la maestría de su escritura, así como por la originalidad del camino elegido, arte diferente de los que por aquel entonces primaban en la poesía española o esperaban a surgir con aires novísimos; en 1975 y en la colección Silene se publica "Casi una fantasía", libro escrito en 1963 y primero, por tanto en la trayectoria de su autor que por entonces ya había dado al público "Serenata en navaja" 1973, otra de sus obras iniciales; Antonio Carvajal poeta español nacido en Albolote, Granada en 1943. Es doctor en Filología Romántica por la Universidad de Granada y titular de Métrica. Dotado de una gran facilidad para la versificación, está considerado como uno de los poetas mayores de la actual poesía española y excelente representante de la Generación del 68. Nunca elude el cultivo de estrofas exquisitas y complejas, manteniendo un fecundo diálogo entre la tradición y la modernidad. Desde su juventud ha venido escribiendo y publicando una amplia obra poética, que consta ya de una treintena de títulos. Ha obtenido distinciones importantes destacándose principalmente el «Premio Nacional de la Crítica» en 1990 entre otros. La Editorial Hiperión creó un premio con su nombre, para poesía joven, misma que en este mes de Abril promueve su libro “Los pasos evocados”.
LZ.- ¿Ser un poeta granadino se dificulta?, quiero decir ¿qué peso tiene la figura de Federico García Lorca en los poetas granadinos?
AC.- Yo no puedo hablar más que de mi caso, y desgraciadamente yo conocí a Lorca bastante tarde porque en Granada durante mucho tiempo, mi infancia y mi adolescencia, era un hombre prácticamente prohibido, lo conocí ya con 16 años, me hubiera sido necesario recibirlo un poquito antes, para enterarme bien de cómo mi mismo paisaje era el suyo, la gente que me rodeaba, la ciudad maravillosa que tengo enfrente; nací a siete kilómetros de Granada y la he visto siempre desde niño, colocada frente a mí, con el fondo maravilloso de la Sierra Nevada en invierno, un horizonte de 50 kilómetros de nieve y debajo de la ciudad, era todo verbalizable y todo convertible en poesía.
LZ.- El que tú vivas en Granada, seas de Granada y no de Madrid o de Barcelona, te hace ser un poeta digamos fuera de la urbe de las grandes poetas, sí me explico; o sea, pesa algo el ser un poeta en Granada o da lo mismo
AC.- No, no pesa nada porque en España funcionan mucho las relaciones personales y un poeta que viva en una ciudad de provincia si está bien relacionado con los centros editoriales de Madrid o de Barcelona, o las conexiones importantes, no necesita para nada vivir en esas dos ciudades e incluso he comprobado que para el desarrollo normal de una vida de trabajo, de trabajo académico en mi caso y el desarrollo de una obra poética, vivir en una ciudad pequeña y cómoda tiene muchas ventajas, da mucho tiempo de reflexión, de comodidad, de posibilidad. El nivel de vida exige más dinero y en la ciudad pequeña uno puede llevar una vida muy decorosa y muy digna con un sueldo de profesor universitario y no es el agobio tampoco de tener que estar siempre en primera línea a la hora del acontecimiento; a mí me ha ido muy bien con relación al mundo editorial, tuve la suerte de que mis primeros libros salieron en una colección que ya hoy se ha convertido en mítica, “Nervardo” y cuando la colección cambió y yo me encontraba sin editor, hubo gente que me pidió libros hasta el año 80 en que Hiperión me pide publicar la obra reunida, desde el año 68 hasta el año 80 y a partir de ese momento soy un poeta francamente muy divulgado, para lo que me muevo en relaciones literarias, sorprendentemente bien difundido, y no he hecho el menor esfuerzo.
LZ.- ¿cuándo o cómo nace Antonio Carvajal como poeta?
AC.- Entre los 16 y los 18 años como que no sé qué me contagió, ya que a mi me gustaba la prosa, posiblemente fue la antología de una poesía que se llamaba "Veinte poetas españoles de hoy", en donde estaban los poetas más significados del momento, Blazio Otero, Celaya, José Hierro, Pablo García Varela, y que era gente que hablaba de los problemas inmediatos que yo tenía y del mundo que a mí me interesaba y fueron las citas de estos poetas los que me llevaron a leerme a los clásicos; y de pronto me encontré con que ellos decían el mundo del hombre y la ansiedad de expresar aquello mismo de lo que yo sentía de los otros poetas que me llevó a escribir tanto.
LZ.- ¿Cuáles crees tú que fueron los grandes maestros, ya fuera vivos o muertos, o que hayas conocido, que marcaron tu destino, tu poesía?
AC.- Pues yo tuve un maestro que no era poeta, al que conocí justo al día siguiente de cumplir 18 años, se llamaba, Carlos Villarreal, que fue el que me contagió del entusiasmo por la poesía de Alexaindre, fundamentalmente, de Guillén y de Lorca, leía maravillosamente, y oír los poemas de la vanguardia española de ese gran momento de la generación del 27, escucharlos dichos con aquella pasión y aquel timbre de voz maravilloso, además me enseñó a corregir los poemas, hasta el punto de que, le dábamos un poema, lo empezaba a leer en voz alta, primera lectura y si se atrancaba lo más mínimo, ya sabíamos que aquello había que corregirlo, y luego ya dentro del mundo poético tuve la suerte de una amistad muy intensa y muy larga con Vicente Alexaindre, que no solamente como ejemplo de poesía, sino también de conducta humana, me ha marcado mucho.
LZ.- ¿Con respecto a la estética de tu poesía, cuál es, cómo la consideras; en dónde la enmarcas?
AC.- Yo empecé como un poeta muy preocupado por las cuestiones históricas, sociales, políticas, incluso con un fuerte debate religioso y de pronto me di cuenta de que daba lo mismo el camino por el que yo no escogiera, para llegar a unas ideas positivas o negativas con respecto a los mismos hechos, que me daba lo mismo la poesía religiosa de los católicos españoles del momento, que la poesía de los colaboradores del partido comunista, porque en ambos estaba la idea de pecado asociada a la idea de poesía, y yo no he entendido nunca que una necesidad humana tan intensa como es la de la poesía, o la de compañía o la necesidad de amor, pueda ser vista desde el principio como un mal o como un pecado; ésa fue la primera idea contra la que me rebelé, por una parte, quizá por la influencia de los existencialistas, sobre todo. Yo leí mucho a Sartre; no me gustó nunca considerar a los prójimos como cosas, como objetos; me ha parecido siempre muy denigrante para el ser humano y quizá de ahí la búsqueda de lo afirmativo del ser humano, de lo positivo de afirmar los valores en los que auténticamente creo, como la lealtad, como la transparencia en las relaciones, el respeto a la libertad de las otras y de los otros. Por otra parte, yo hablaría de un sacramento de intimidad; es decir, lo que se convive con otra persona, puede ser cantado pero no puede ser contado, uno no tiene derecho a manifestar la intimidad de otra persona; se canta pero no se cuenta.
Lina.- Háblanos de tus libros, sobre todo del que se está promoviendo: “Los pasos evocados”
AC.- El tema de éste libro es fundamentalmente la idea del viaje. Gran parte de "Los pasos evocados" es una manera de transitar, de andar por el mundo y es siempre la sorpresa del viaje, bien de uno como viajero o bien de uno como receptor; al cogedor de viajeros, un hecho de contacto con otras sociedades, con otros grupos, con otra gente, es el proceso de enriquecimiento que hay, porque uno se entrega al mundo, pero el mundo siempre es muy generoso y le devuelve a uno mucho más de lo que uno entrega
LZ.- ¿"Alma región luciente" lo escribiste para poder escribir “Los pasos Evocados”?
AC.- Bueno, yo escribo todo lo que me apetece, luego los poemas se atraen y se rechazan y entonces con poemas que se atraen me hice un libro, pero en medio he escrito los libros de ensayo, fundamentalmente uno que se llama "Metáfora de las huellas" sobre estudios del ritmo en la poesía, del ritmo en el poema, cuestiones propias de darle el proceso de métrica.
LZ.- La escritura latinoamericana con respecto a la escritura española, ¿Encuentras mucha diferencia?
AC.- Bueno, lo primero que veo es que habiéndose, teniendo ahora mismo unos medios de comunicación maravillosos y habiendo la facilidad de transporte, de viajes, de conexiones y habiendo Departamento de Literatura Hispanoamericana, o por lo menos se ha visto literatura hispanoamericana prácticamente en todas las universidades españolas; se sabe menos a principios del siglo XXI de lo que se escribe en América que se sabía a principios del siglo XX. Eso debido a que somos muchos; yo aplico a los poetas, de broma, una frase que dice: un demonio del evangelio; que esto interpela a un endemoniado y le pregunta cuál es tu nombre; entonces el demonio contesta mi nombre en legío y la verdad es que somos legíos, somos muchos, muchos los que escribimos y no damos abasto, no nos da tiempo a conocer lo que se publica ni siquiera en nuestro entorno; y por una parte tampoco hay ahora mismo un movimiento literario que establezca un horizonte, no voy a decir un cambio, sino tal vez un horizonte de calidad; hay muchos poetas muy válidos, a los que les ha costado muchísimo trabajo que se les reconozca y sin embargo hay poetas cuya valía está por demostrar que tienen una enorme fama y un enorme predicamento en los medios de comunicación, y esto no sería malo si no fuera en detrimento del auténtico hecho cultural, porque desgraciadamente el tiempo que debería aplicarse a leer a los poetas de verdad, la gente, el tipo que tiene dinero, porque los libros son caros; la gente se dedica a leer lo que los medios de comunicación o la moda le están imponiendo y es muy triste que haya habido que esperar prácticamente a que Gonzalo Rojas, el chileno tenga 80 años para que sea conocido en España, o que José Antonio Muñoz Rojas haya tenido que pasar de los 80 años para que se le reconozca en España; voy a dar solamente estos dos nombres para plantear cómo unos poetas que han estado siempre con una obra de calidad no se ha hablado de ellos sino por puro azar porque Gonzalo Rojas fue el premio Cervantes o el hecho tardío del reconocimiento real de José Hierro. Cuando uno pregunta literatura, a mí me gusta decir hispanoamericana, y pregunta uno: México; claro, las noticias que nos llegan de México son todos de poetas que pasan de 70 años; quién es el poeta menor de 70 años que hoy he leído por los mexicanos y además que es un auténtico valor literario, no lo sé, pero lo mismo me pasa con Colombia, Perú, Argentina, Chile, y son países donde a mí me gustaría encontrar esa gran poesía.
LZ.- Ahora que estuviste en México, cuál es tu sentimiento, tu visión, cómo percibiste nuestro país?
AC.- Bueno, yo estuve en México, pero en unos actos organizados, donde realmente la participación de poetas mexicanos fue muy poca, lo hizo CONACULTA en Morelia. Recuerdo los que fuimos de España; hicimos el viaje en el mismo avión, estuvimos hospedados en los mismos hoteles y luego iban presentandonos, pero hubo muy poca convivencia con mexicanos y sí, hubo mucho acto público y no me traje una impregnación como por ejemplo la que tuve en Colombia, cuando estuve en el Festival de Medellín, pude leer tranquilamente, estuve 17 días. En México fue ese vértigo de descubrir un mundo maravilloso, pero también de ir muy rápido; a mí que me interesa tantísimo el arte, pero tanto como el arte me interesa la gente que es lo que lo mantiene vivo o que lo hace; yo la verdad es que en México Distrito Federal, estuve dos días, me dio tiempo a ver poquísimo, porque es tan enorme, tan inmenso, como dice tu poema, que si me metía en el museo a ver piezas arqueológicas, me estaba perdiendo la calle que me apetecía tantísimo; y no he tenido esa vivencia profunda que da el poder hablar detenidamente con la gente; si no hablo detenidamente con la gente me da la impresión de que estoy de paso.
LZ.- ¿tienes algún deseo íntimo con respecto a tu patria y la cultura?
AC.- Yo me he pasado muchos años diciendo que si los obreros españoles, y esto sirve para todos, hicieran el esfuerzo de leer y entender a Góngora, los convenios colectivos, los contratos de trabajo, no sé si sería mejor o peor, pero la negociación sería más dura, porque los dueños de las palabras son en definitiva los que gobiernan al mundo y no hay mejor modo de hacerse dueño de las palabras, que entendiendo la gran poesía, es una auténtica herramienta de perfeccionamiento personal y de lucha social; yo espero que la gente, que los pueblos de habla española sigan con este inmenso bien que es la expresión y la recepción de la poesía, porque he notado que en sociedades europeas que pasan por muy cultas, la poesía está en asuntos en proceso, y la verdad es que esas sociedades yo las noto cada vez, yo no diría que más muertas, pero sí más inexpresivas y cuando los pueblos pierden capacidad de expresión, desde luego la sensación vital que da, es muy pobre y yo espero que en nuestros pueblos esa sensación de pobreza espiritual no la den nunca.
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